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3.9.07

Una victoria contra la vida


Cioran en Paris

Recomienda el autor que no leamos su libro de aforismos de un tirón, sino poco a poco, de noche preferiblemente, y sobre todo en momentos de pena o hastío. Porque es en esa situación cuando necesitamos que un simple pensamiento nos libere. Al fin y al cabo, un aforismo es algo discontinuo, un pensamiento instantáneo, que si bien no encierra mucho de verdad, si puede contener algo de futuro. Podemos encontrar un aforismo que afirme un acontecimiento y en la página siguiente otro que niegue eso mismo; y en realidad ninguno vale más que otro, sino que pertenecen a momentos distintos. Cioran no pretende ofrecer verdades absolutas, sino que nos lanza sus aforismos como si fuesen golpes lanzados al vacio.
A Cioran le gustaban las largas caminatas a lo largo de los senderos del Jardín de Luxemburgo. Cioran se extasiaba con los árboles, la sonrisa de los niños y aquellos peculiares habitantes del Jardín que eran los “lectores”. Entre todos los parques públicos de París, el de Luxemburgo ofrece una suerte de escena romántica, como una celebración religiosa compuesta por decenas de lectores que, sentados en las pesadas sillas de hierro, desafiando el frío, se consagran a la lectura bajo los árboles. Cioran veía en aquella secuencia una isla milagrosa, seres aún dispuestos a abstraerse de la realidad material para refugiarse en esa otra doble realidad de un parque y un libro abierto entre las manos. A veces exclamaba, mirando los árboles a lo largo de los senderos, su silencio potente: “Ah, es una victoria contra la vida”. Después de la caminata su tiempo transcurria en su modesto departamento. Cioran tenía allí otros motivos de éxtasis: el diálogo, siempre vivo, inteligente, Mozart, a quien consideraba el “hombre más completo, el más frívolo, el más profundo, que permaneció tan puro en la alegría como en la desolación extrema”, Borges, que para él era “el último de los delicados”, y el tango. La música de Buenos Aires había entrado en su vida de forma tardía. La conocía, desde luego, pero no el contenido de las letras. Una de esas tardes alguien le tradujo “Naranjo en flor” y se quedó pasmado. Leyendo la letra, Cioran había concluido que el tango aportaba la prueba irrefutable de que el espíritu humano, sea cual fuere su cultura, se interroga sobre las mismas cosas y llega a conclusiones similares. Para Cioran, la frase de “Naranjo en flor” que dice “primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamientos” podría haber sido escrita por un budista. No sin cierta incredulidad pero con mucha emoción Cioran decía que si no le hubiesen dicho que era un tango habría situado su origen en algún gran maestro budista de siglos pasados.
(Nunca olvide lector que estamos hablando de una persona a la cual la madre le comento cierto día al pasar "...Si sabía que ibas a sufrir tanto, hubiera abortado..." )


2.9.07

Observar el abismo

"...Nos echan a este mundo, y nadie nos ha preguntado si queríamos nacer, nadie nos previene de lo que nos espera, ingenuo pensamiento el que dice que la vida es un don, algo que deberíamos agradecer cada día que nos despertamos y cada día que pasamos y seguimos aquí... Yo pienso (y empiezo a pensar que pienso demasiado) que también puede ser una carga, una pesada carga, que día a día algunos de nosotros llevamos encima sin poder quitárnosla, pero deseando hacerlo. No estoy loco, nadie debe juzgar que mi lucidez significa locura, ¿o quizás sí?, y por eso los cuerdos están en el manicomio. Lo he intentado, claro que lo he intentado, pero la ¿gracia? del asunto es que he fracasado... Así que aquí sigo, sin saber muy bien qué hacer. Una de las cosas que tengo más claras, es que la sociedad tal como es ahora, no me gusta, vivo en ella porque no me queda otro remedio, y porque al mismo tiempo que la aborrezco, la necesito para subsistir. Pero no me gusta, quizás en lugar de ¿avanzar? tanto en el campo de la tecnología, de la ciencia, del consumismo,... Deberíamos pararnos en seco y mirar atrás, mirar lo que vamos dejando a nuestra espalda, recapacitar y meditar en si realmente estamos siguiendo el camino correcto, o por el contrario, estamos destruyéndolo todo a nuestro paso como Atilas de pacotilla. Mi pesimismo, como le llaman los demás, o lucidez, como le llamo yo, es una pesada carga que tampoco pedí llevar. Es difícil vivir así, y casi merezco una medalla por, a pesar de todo esto, seguir levantándome cada día, ir al trabajo y colaborar en algo que no deseo que siga así, sino aniquilarlo. La aniquilación es renovación, porque al final de ella, la vida (esa eterna inmortal) vuelve a resurgir... Si tuviese el poder, destruiría al hombre, limpiaría de la tierra su huella y la dejaría libre para que la naturaleza recupere lo que siempre ha sido suyo. Y quizá, en un futuro lejano, la evolución haría que un nuevo ser inteligente poblara este planeta. Porque no considero que el hombre sea un ser superior, ni inteligente, creo que es un ser peligroso por su gran (casi ilimitada) capacidad de contaminación. Y su carente capacidad de creación, allí donde toca, la caga. Dejando un montón de mierda a su paso..."

Émile Cioran (1911-1995)

N de la R: Por favor estimados lectores...no crean que mi bitácora se esta transformando en cierto reducto nihilista, este blog seguirá tendrá siempre un espíritu divertido, irónico y sobretodo optimista pero al ver esta foto no pude sino que pensar en cierto aforismo de Cioran, al que no pude recordar con exactitud pero era muy pesimista, si bien es cierto que el supuesto pesimismo de Cioran es algo mucho más complejo. Es ese tipo de sentimiento presente en aquellos que observan el abismo y tienen que seguir existiendo con el trágico conocimiento que han descubierto. Por ello no es fácilmente explicable a través de hechos simples. No leí muchas cosas de este escritor rumano, pero lo que más recuerdo con exactitud es un gran sentimiento contradictorio. Una contradicción que se fundamenta en un pesimismo muy complejo que le hace odiar y amar cosas al mismo tiempo. Pero esto no debe llevarnos a pensar que estamos ante los escritos de un loco que desvaría, sino más bien de un genio que nunca pretendió dar respuestas a nada, sino precisamente hacer cuestiones de todo. Para él lo importante no está en dar soluciones (nadie puede darlas realmente) sino en hacer que sus dudas sean interrogantes para nosotros también.Según se mire, la obra de Cioran no tiene porque ser pesimista, lo que verdaderamente es, es violenta. Las hojas que escribe están llenas de fuerza, de pasión, para activar a sus lectores, para en definitiva “hacer despertar”. Sus libros son como látigos que no evocan imágenes de pesimismo, sino que es la violencia de su fuerza la que nos hace darnos cuenta de que realmente estamos vivos.

24.6.07

Todos los domingos



"Un domingo por la tarde es una catástrofe, te encuentres donde te encuentres".

Me reí después de leer esta frase en un blog, y me dije a mi mismo que me encanta leer este tipo de cosas, y justo un día como hoy, un domingo en el que me siento en standby o menos que eso, sin imaginación para nada, ni para escribir algo es este blog.

El texto continua así:

¿qué quisieras estar haciendo ahora?

-Estar sentado ante una mesa, como aquí, pero en un bar de mi barrio, sin otra ocupación que soplar a la espuma de la cerveza y contemplar a la gente.

-¿Cuál fue la última vez que te sentiste perdida?

Sonreí. -Ayer. Entré en mi habitación y me senté durante horas en la cama, como en un cuadro de Hopper, pero sin ventana.


"Si la melancolía no existiese, los ruiseñores, en vez de cantar, eructarían"
M. Cioran.