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30.6.13

Elogio de Nelson Mandela



Nelson Mandela, el político más admirable de estos tiempos revueltos, agoniza en un hospital de Pretoria y es probable que cuando se publique este artículo ya haya fallecido, pocas semanas antes de cumplir 95 años y reverenciado en el mundo entero. Por una vez podremos estar seguros de que todos los elogios que lluevan sobre su tumba serán justos, pues el estadista sudafricano transformó la historia de su país de una manera que nadie creía concebible y demostró, con su inteligencia, destreza, honestidad y valentía, que en el campo de la política a veces los milagros son posibles.

Todo aquello se gestó, antes que en la historia, en la soledad de una conciencia, en la desolada prisión de Robben Island, donde Mandela llegó en 1964, a cumplir una pena de trabajos forzados a perpetuidad. Las condiciones en que el régimen del apartheid tenía a sus prisioneros políticos en aquella isla rodeada de remolinos y tiburones, frente a Ciudad del Cabo, eran atroces. Una celda tan minúscula que parecía un nicho o el cubil de una fiera, una estera de paja, un potaje de maíz tres veces al día, mudez obligatoria, media hora de visitas cada seis meses y el derecho de recibir y escribir sólo dos cartas por año, en las que no debía mencionarse nunca la política ni la actualidad. En ese aislamiento, ascetismo y soledad transcurrieron los primeros nueve años de los veintisiete que pasó Mandela en Robben Island.

En vez de suicidarse o enloquecerse, como muchos compañeros de prisión, en esos nueve años Mandela meditó, revisó sus propias ideas e ideales, hizo una autocrítica radical de sus convicciones y alcanzó aquella serenidad y sabiduría que a partir de entonces guiarían todas sus iniciativas políticas. Aunque nunca había compartido las tesis de los resistentes que proponían una “África para los africanos” y querían echar al mar a todos los blancos de la Unión Sudafricana, en su partido, el African National Congress, Mandela, al igual que Sisulu y Tambo, los dirigentes más moderados, estaba convencido de que el régimen racista y totalitario sólo sería derrotado mediante acciones armadas, sabotajes y otras formas de violencia, y para ello formó un grupo de comandos activistas llamado Umkhonto we Sizwe, que enviaba a adiestrarse a jóvenes militantes a Cuba, China Popular, Corea del Norte y Alemania Oriental.



Debió de tomarle mucho tiempo —meses, años— convencerse de que toda esa concepción de la lucha contra la opresión y el racismo en África del Sur era errónea e ineficaz y que había que renunciar a la violencia y optar por métodos pacíficos, es decir, buscar una negociación con los dirigentes de la minoría blanca —un 12% del país que explotaba y discriminaba de manera inicua al 88% restante—, a la que había que persuadir de que permaneciera en el país porque la convivencia entre las dos comunidades era posible y necesaria, cuando Sudáfrica fuera una democracia gobernada por la mayoría negra.

En aquella época, fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, pensar semejante cosa era un juego mental desprovisto de toda realidad. La brutalidad irracional con que se reprimía a la mayoría negra y los esporádicos actos de terror con que los resistentes respondían a la violencia del Estado, habían creado un clima de rencor y odio que presagiaba para el país, tarde o temprano, un desenlace cataclísmico. La libertad sólo podría significar la desaparición o el exilio para la minoría blanca, en especial los afrikáners, los verdaderos dueños del poder. Maravilla pensar que Mandela, perfectamente consciente de las vertiginosas dificultades que encontraría en el camino que se había trazado, lo emprendiera, y, más todavía, que perseverara en él sin sucumbir a la desmoralización un solo momento, y veinte años más tarde, consiguiera aquel sueño imposible: una transición pacífica del apartheid a la libertad, y que el grueso de la comunidad blanca permaneciera en un país junto a los millones de negros y mulatos sudafricanos que, persuadidos por su ejemplo y sus razones, habían olvidado los agravios y crímenes del pasado y perdonado.

Habría que ir a la Biblia, a aquellas historias ejemplares del catecismo que nos contaban de niños, para tratar de entender el poder de convicción, la paciencia, la voluntad de acero y el heroísmo de que debió hacer gala Nelson Mandela todos aquellos años para ir convenciendo, primero a sus propios compañeros de Robben Island, luego a sus correligionarios del Congreso Nacional Africano y, por último, a los propios gobernantes y a la minoría blanca, de que no era imposible que la razón reemplazara al miedo y al prejuicio, que una transición sin violencia era algo realizable y que ella sentaría las bases de una convivencia humana que reemplazaría al sistema cruel y discriminatorio que por siglos había padecido Sudáfrica. Yo creo que Nelson Mandela es todavía más digno de reconocimiento por este trabajo lentísimo, hercúleo, interminable, que fue contagiando poco a poco sus ideas y convicciones al conjunto de sus compatriotas, que por los extraordinarios servicios que prestaría después, desde el Gobierno, a sus conciudadanos y a la cultura democrática.

Hay que recordar que quien se echó sobre los hombros esta soberbia empresa era un prisionero político, que, hasta el año 1973, en que se atenuaron las condiciones de carcelería en Robben Island, vivía poco menos que confinado en una minúscula celda y con apenas unos pocos minutos al día para cambiar palabras con los otros presos, casi privado de toda comunicación con el mundo exterior. Y, sin embargo, su tenacidad y su paciencia hicieron posible lo imposible. Mientras, desde la prisión ya menos inflexible de los años setenta, estudiaba y se recibía de abogado, sus ideas fueron rompiendo poco a poco las muy legítimas prevenciones que existían entre los negros y mulatos sudafricanos y siendo aceptadas sus tesis de que la lucha pacífica en pos de una negociación sería más eficaz y más pronta para alcanzar la liberación.

Pero fue todavía mucho más difícil convencer de todo aquello a la minoría que detentaba el poder y se creía con el derecho divino a ejercerlo con exclusividad y para siempre. Estos eran los supuestos de la filosofía del apartheid que había sido proclamada por su progenitor intelectual, el sociólogo Hendrik Verwoerd, en la Universidad de Stellenbosch, en 1948 y adoptada de modo casi unánime por los blancos en las elecciones de ese mismo año. ¿Cómo convencerlos de que estaban equivocados, que debían renunciar no sólo a semejantes ideas sino también al poder y resignarse a vivir en una sociedad gobernada por la mayoría negra? El esfuerzo duró muchos años pero, al final, como la gota persistente que horada la piedra, Mandela fue abriendo puertas en esa ciudadela de desconfianza y temor, y el mundo entero descubrió un día, estupefacto, que el líder del Congreso Nacional Africano salía a ratos de su prisión para ir a tomar civilizadamente el té de las cinco con quienes serían los dos últimos mandatarios del apartheid: Botha y De Klerk.

Cuando Mandela subió al poder su popularidad en Sudáfrica era indescriptible, y tan grande en la comunidad negra como en la blanca. (Yo recuerdo haber visto, en enero de 1998, en la Universidad de Stellenbosch, la cuna del apartheid, una pared llena de fotos de alumnos y profesores recibiendo la visita de Mandela con entusiasmo delirante). Ese tipo de devoción popular mitológica suele marear a sus beneficiarios y volverlos —Hitler, Stalin, Mao, Fidel Castro— demagogos y tiranos. Pero a Mandela no lo ensoberbeció; siguió siendo el hombre sencillo, austero y honesto de antaño y ante la sorpresa de todo el mundo se negó a permanecer en el poder, como sus compatriotas le pedían. Se retiró y fue a pasar sus últimos años en la aldea indígena de donde era oriunda su familia.

Mandela es el mejor ejemplo que tenemos —uno de los muy escasos en nuestros días— de que la política no es sólo ese quehacer sucio y mediocre que cree tanta gente, que sirve a los pillos para enriquecerse y a los vagos para sobrevivir sin hacer nada, sino una actividad que puede también mejorar la vida, reemplazar el fanatismo por la tolerancia, el odio por la solidaridad, la injusticia por la justicia, el egoísmo por el bien común, y que hay políticos, como el estadista sudafricano, que dejan su país, el mundo, mucho mejor de como lo encontraron.

18.5.13

El muerto

Me entero en tiempo real —abro el diario en la web y brota el título, subido en ese minuto: “Murió Jorge Rafael Videla, símbolo de la dictadura militar”— y lo primero que siento es una lejana taquicardia. Después, una procesión de recuerdos que, comparados con los que recuerdan otros —hijos de desaparecidos, sobrevivientes, exiliados, militantes profundos— son de una inocuidad y una inocencia vergonzosas. Nada demasiado puntual, más bien un perfume de época: Videla como el rostro que tiñó de horror gris la infancia y la primera adolescencia de los que por 1976, cuando empezó la dictadura militar que él encabezaba, teníamos nueve años. Nuestros padres enterrando libros en el patio de la casa; los nombres de ciertos amigos de la familia circulando con una cautela de cristal; los adultos viajando a Uruguay para ver las películas que el régimen prohibía. La cara sin pintar en el colegio, el pelo recogido, la obligatoria falda: una pubertad acorralada, un cotillón del mal, si se lo compara con la bestialidad de los recuerdos que guardan otros. Pero lo primero es eso: una lejana taquicardia, una gris procesión.

Después pienso que, ahora que Videla ha muerto, muchos van a decir lo que debe decirse: que la muerte, ni siquiera esta, alivia. Que la muerte nunca puede ser una buena noticia. Y yo —yo— creo que la muy mala noticia de esta muerte es, en realidad, la información que retacea: todo lo que Videla —que nunca se arrepintió de nada, que siempre reivindicó la metodología de esa maquinaria de estado que tragaba gente y escupía sus huesos— se lleva con él. Datos, nombres, fechas, sitios. Todo lo que no dijo que ya no dirá. (Porque, condenado primero, indultado después, vuelto a condenar más tarde, nadie hizo, con él, lo que él hizo que se hiciera con otros: obligar a decir).

Después pienso lo que he pensado siempre: que Jorge Rafael Videla, cabeza de la dictadura militar que empezó en la Argentina en 1976 y que estableció el secuestro y la desaparición de mujeres y hombres, y la tortura de la carne como método y política de estado, era argentino: hijo de argentinos, vecino de argentinos, educado en colegios argentinos, amigo (amigo) de argentinos, colega de militares argentinos, cliente de comercios y bancos y kioscos argentinos, usuario de medios de transporte público argentinos. Jorge Rafael Videla no llegó a este país con convicciones, ideas o comentarios escuchados o aprendidos en el Polo Norte o en los anillos de Saturno. Nació en un pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires, tercero de cinco hijos, fruto de la unión entre un coronel y su mujer. Quiero decir que Videla se hizo acá: que acá fue donde, en algún momento, todo lo que vino después —el golpe de estado, el secuestro, la desaparición, la tortura, la aniquilación de cuerpos y de pensamientos, el robo de niños— empezó a parecer —a parecerle— lógico y posible: un plan coherente. Un plan.

Y pienso, finalmente, esto: a la hora en que escribo esta columna, el viernes 17 de mayo de 2013, los más contundentes diarios de la Argentina tienen la noticia central, que anuncia la muerte de Jorge Rafael Videla, cerrada a los comentarios de los lectores. Y yo me pregunto qué es lo que, todavía, no podemos decir. Qué es lo que, todavía, no somos capaces de escuchar. Cómo es que, aún, no hemos encontrado la manera.

Leila Guerriero (Junín, 1967) es periodista argentina, autora de Frutos Extraños (Alfaguara) y Plano Americano (Universidad Diego Portales)

3.4.13

El Facebook de Cortázar

¿Y Julio Cortázar? Ninguno como él para aprovechar al máximo las redes sociales. No solo tendría una cuenta de Facebook o Twitter, sino de cualquier plataforma que apareciese, aunque solo fuera por curiosidad. Incluso, se me ocurre, tendría varias cuentas de Facebook, y aprovecharía la cuentas falsas para crear conversaciones y situaciones absurdas, cómicas o complejas en su cuenta real. ¿Quién escribe esto y contesta lo otro? Intervendría en todas las conversaciones (incluso en el consejo sobre el mejor método para sacar manchas de grasa), pondría centenares de "Me Gusta", colgaría videos de YouTube de jazz, situaciones extrañas, bromas y gatos. Compartiría memes divertidos. Hablaría de todo, incluso de deporte. Sus estatus políticos serían serios pero también escribiría textos divertidos, con el humor del libro de cronopios, o mostrando el lado ridículo de la seriedad como en Último round. Obviamente, lo suyo sería el juego de palabras. Sería adicto al Instagram. Subiría fotos de objetos, carteles, personas, paisajes, animales, todos fotografiados con su iPhone mientras pasea y acompañados por textos breves o titulados con ingenio. Su cuenta de Pinterest sería, simplemente, espléndida, de visita obligatoria, como un museo maravilloso donde cada foto es un hallazgo. Sus enlaces seguirían la misma lógica del asombro ante el absurdo del mundo. "Juegos de la imaginación, dice el señor cuerdo que nunca falta entre los locos" dijo alguna vez Cortázar, arrastrando las erres. Juegos de la imaginación también los míos, sin duda. El Facebook de Cortázar. ¿A quién se le ocurre?


Ivan Thays en Vano oficio, el resto acá.

14.12.12

Sexta feira

1. El lider del principal partido de oposicion, Renamo, se atrinchero en las montañas de Gorongosa junto a más de 1000 hombres y amenaza con acciones comando sino se respetan los acuerdos de paz firmados en Roma en 1992, basicamente esta pidiendo que entre los generales del ejercito mozambicano se respete la cuota pautada entre el Renamo y Frelimo. Por su parte Zimbabwe movilizo tropas a la frontera para proteger los oleductos que sacan la produccion por los puertos mozambicanos del Indico.

2. El lunes paran los 2000 medicos mozambicanos que trabajan en el pais por mejoras salariales. Mozambique tiene 21.7 millones de habitantes.

3. 67% de los mozambicanos pago alguna vez para tener un mejor trato en la justicia, la escuela o la administración pública.

4. Los "Manbas", la selección local juegan un partido clave con las Islas Sheycheles.

5. Emilio vió hoy en la escolhina al "Pai Natal con barba branquinia". No lloro.

6. Ulises hizo su primer control con su pediatra aqui en Mozambique, todo va muy bien.




10.12.12

La pérdida de un libro

Desde la última purga, sigo preguntándome si hice bien o no en desprenderme de la última novela, inconclusa, de Saer. La ausencia en mi biblioteca de un libro que no me gustó nada de un autor que en una época me gustó bastante pesa en mi alma. El desprendimiento fue efecto de la irritación, y creo que esa irritación se repetiría si por algún motivo volviera a comprar el libro e intentara releerlo, pero la ausencia de La casa no deja de emitir su equívoco sentido. Por qué uno deja de querer lo que alguna vez quiso. Vender un libro es como dejar a una mujer. El dolor de dejarla subsiste aun cuando uno haya aquilatado serenamente los motivos del abandono, aun cuando uno admita que la vuelta es imposible. Toda purga es una masacre sentimental.

Daniel Guebel en Perfil, el resto acá

6.12.12

Ni 7-D o 8-N, la fecha es el 6-D



Un numerónimo es una palabra que contiene números.

Desde hace un tiempo, y a una velocidad asombrosa,  la vida de todos los argentinos fueron invadidas por numerónimos, tenemos el 7-D, el 13-S o el 8-N. El 7-D parece que es la madre de todas las batallas para el Kichnerismo, el 13-S fue el día del primer "panelaço" dos insatisfeitos con las políticas del gobierno mientras que el 8-N fue el día del "mega panelaço" contra el kircherismo. Tambien tenemos la huelga general del 20-N y hasta los muertos de Velez festejan que salieron campeones el 2-D.

 Desde la tropical noche mozambicana, acosados por los numerónimos con el 7-D a la cabeza, de pronto comenzamos a realizar cuentas y percibimos que el dia clave es el 6-D, es el día que Emilio se puso sus primeros calzoncillos y dejo los pañales de lado. 

Tarde, casi a última hora, una medida cautelar impuesta por no se quien cae en nuestro domicilio situado en la Rua Kamkomba 1035 -2º andar- determinando que para la noche es mejor que use los pañales a pesar de numerosas teorias de dudoso rigor cientifico que aconsajan lo contrario, al menos por unos días más, es que el trópico, tener una nueva jefa, la falta de ropa y el maratón al que nos somete Ulises todas las noches todavía no conforman el mejor escenario para quien no controla esfinteres.

(13S + 8N) – 7D + (6D + medida cautelar) : Emilio usa calzoncillos y deja los pañales este verano

15.11.12

Autoretrato a los 35

Desde hace unos días tengo un pequeño dolor en el pie izquierdo, más precisamente en la zona de los metatarsos, por lo que E. me recordó que los altos nivels de acido urico, un integrante más de la familia, finalmente me estan pasando factura. Además de un metabolismo anómalo de las purinas tambien me creció la panza, no tanto pero lo suficiente para marcar algunos plieges cuando me siento. En Maputo hago natación y los fines de semana me gusta andar en bicicleta por la costanera, especialmente los días de marea baja donde la playa se ve amplia y limpia.

Soy padre de dos varones. Ulises cumplio dos meses, tiene ojos claros y sonrie, casi con seguridad puede decir que una de las cosas que más le gusta son las hamacas.  Emilio ya sabe lavarse los dientes, que los motociclistas tienen que usar cascos, sabe cuando hay que decir gracias y lucha por avisar a tiempo cuando quiere hacer cacá o xixi. Los elefantes, los cocodrilos y el Leopa son algunos de sus animales favoritos. Por estos días aprendió su primeras rimas


                                                      Allá está la luna,
                                                  Comiendo aceitunas.
                                                        Yo le pedí una,
                                                      No me quiso dar.
                                                     Saqué el pañuelito,
                                                       Me puse a llorar.

En unos días volvemos a Maputo.

21.9.12

La vida con Ulises

El miércoles 5 de septiembre fue un día extraño en Maputo, fue un día frío, gris y lluvioso, tanta lluvia que la gente en la oficina discutía la posibilidad de que la temporada de lluvias llegara antes este año. De repente, esa llamada telefónica de mis viejos en la Argentina, una llamada telefónica en un tiempo y el espacio inusual. Los que vivimos lejos de los seres queridos sabemos que llamadas como ésta sólo te dicen una sola cosa, dicen que algo pasó en casa y que lo tenés que saber cuanto antes.

Me las arreglo para llamar a E., me cuenta que ya estaba en el hospital con contracciones y que el plan consistía en retrasar por lo menos durante 48 hs el parto con el objetivo de ganar tiempo para ayudar a madurar un poco más los pulmones del bebé, a pesar de sus ganas Ulises no estaba listo para salir. Miles de preguntas pasaban como rafagas  ¿Qué carajo hago ahora? ¿Cómo organizo todos mis pendientes? ¿Por donde empiezo a organizar el laburto? Gracias a la ayuda y el apoyo de los compañeros de trabajo logramos tener un pasaje de avión para el día siguiente y establecer un plan de trabajo que incluiría skype, emials y llamados telefónicos entre Maputo y Buenos Aires.

A veces, solo a veces, soy un hombre afortunado y en el aeropuerto tuve la suerte de tener un up-grade a la clase ejecutiva ya que el vuelo Maputo-Johannesburgo estaba sobrevendido, un par de gin tonic, las canciones de David Bowie y ese tipo de peliculas malas que todo el mundo sólo ve en un avión me ayudaron a pasar el tiempo. En Brasil,  10 horas más tarde  volví a hablar con E. y todo estaba más o menos bajo control, las contracciones estaban inhibidas y el tiempo estaba todavía de mi lado.

Ulises u Odiseo, como mi amigo Dimitris me ensenó a pronunciar en griego, finalmente se decidió a  esperarme, por supuesto, cómo no iba a esperar a su padre? Si el Ulises original tardó más de 20 años para volver a Itaca para ver Penélope después de la guerra de Troya como nuestro Ulises no iba a esperar un par de horas a su padre para que vuelva a casa desde Moçambique?

Ulises, nuestro segundo hijo, finalmente nació a las 4:46 de la mañana del sábado 8 de septiembre,  bien de madrugada, el parto fue fantástico y el bebé era pequeño, muy pequeño y finalmente nuestro momento, los tres juntos después de todo este caos ... ahora Ulises pasará un par de días largos en neonatología para ganar un poco de peso y como el legendario héroe griego, tendrá que empezar a luchar duro desde muy temprano en este mundo, un lugar hermoso, pero a veces, sólo a veces, lleno de tristeza.

12.9.12

Buenos Aires, ciudad mítica.

De vueltas en Buenos Aires por algunas semanas.

UNO
Lo primero que escuche en la radio fue una discusión entre miembros de no se que programa deportivo hablando de ciertas declaraciones de Blatter, el presidente de la FIFA, donde se quejaba de que Maradona lo critica a viva voz pero después en privado le dice "...Hola presidente, yo quiero trabajar con ustedes, cuando me van a tomar en cuenta...".

El gordismo a full.

DOS
En una librería de usados encontré la biografía de Orwell escrita por por Hitchens llamada "La Victoria de Orwell" a 20 pesos. Hace unos días leí "Homenaje a Cataluña", un libro genial de un tiempo increíble.

TRES
Vi dos chicas besandose en una esquina, algunas personas miraban, la gran mayoría seguía con su vida.

26.8.12

Domingo

Hoy Leonard Cohen fue la persona mas importante del mundo.

Over.

22.8.12

Quarta feira

UNO. 
El asunto es que hoy Emilio, E. y su panza de 32 semanas se fueron a Buenos Aires y desde que volví del trabajo a las 6 de la tarde no pude hacer absolutamente nada porque todavía no me creo que se hayan ido. 

DOS.
Otro de los asuntos es que desde hace unos días estoy leyendo "El limonero real" de Saer, una narración casi perfecta, un intento de extraer la belleza que tienen cada uno de los movimientos, de los actos cotidianos de Wenceslao, su mujer, su hijo muerto, de la vida cotidiana de las islas del Paraná un 31 de diciembre.

TRES.
Seguramente la lectura avanzará por un carril paralelo a ciertos cuestionamientos existenciales que  me surgiran; cuestionamientos referidos -ni más ni menos-  a como vivimos y tal vez a como moriremos y en esos momentos el libro seguramente pasará a ser un denso fragmento de la realidad mientras el tiempo pasa para volver a verlos cuanto antes.



1.8.12

I'm unhappy, hope you're unhappy too



Here we have the first letter sent by 21-year-old Morrissey to his Scottish pen-pal, Robert Mackie in 1980, in response to a personal ad in Sounds magazine. His note was written on the back of a James Dean photo (James Dean was of course the subject of a book written by Morrissey around that time), and as a result of the letter Morrissey and Mackie became pen-pals for 18 months. The Smiths formed in 1983.

  
Transcript

Steven Morrissey
384- Kings Rd
STRETFORD
Manchester- M32 8GW

Dear Person,

So nice to know there's another soul out there, even if it is in Glasgow.

Does being Scottish bother you? Manchester is a lovely little place, if you happen to be a bedridden deaf mute.

I'm unhappy, hope you're unhappy too.

In poverty,

Steven

Estas y otras geniales cartas en este nuevo blog que acabo de conocer, Letters of Note

Me gustaba mucho esta tambien, Dear Einstein, Do Scientists Pray?

27.7.12

Sexta feira




7.20 hs
Esa es  la hora en que habitualmente llego a trabajar, es la hora ideal, todavia no llego casi nadie, la luz del sol entra de manera perfecta por la ventana, riego las plantas y Jaime o Gania ya me conocen y saben que el agua para el mate no tiene que hervir y gentilmente apagan la pava electrica justo antes de empezar a hervir, cha para ellos y el resto del agua para mi para comenzar a tomar mates bien amargos. Los viernes son especiales ya que a estas pequenas delicias de la vida cotidiana se suma prender el ordenador y rapidamente buscar la contratapa de Pagina 12 escrita por Juan Forn, si ese viernes la escribio Paenza o Gelman no es lo mismo, a mi me gustan las de Forn y sigo esperando el dia que se deje de joder y las compile en un libro.

La contratapa de hoy fue especial, Forn conecto dos libros que fueron mis libros de cabecera mucho tiempo. Uno es  "Un hombre afortunado" de Berger que me acompano durante mucho tiempo en mis ultimos anos de residencia y mis primeras trabajos en africa, creo que tengo dos o tres libros, uno siempre viajaba conmigo y los otros quedaban en Rafaela o Buenos Aires mientras que el otro es "El africano" de Le Clezio, un librito magnifico.

Les dejo la contrapata completita, vale la pena

Cuando cae el rayo

Por Juan Forn

Borges dijo una vez que todo libro que no encierra su contralibro es un libro incompleto. John Berger escribió de joven un libro en el que contaba cómo era la vida de un médico rural en la Inglaterra de posguerra, que de día atendía a pacientes y de noche se quemaba las pestañas leyendo, no sólo para mantenerse al día con los avances de la medicina, sino para poder contestar las preguntas existenciales que le hacían sus humildes pacientes (por qué morimos, qué es la enfermedad). Berger admiraba de tal manera la vida de ese médico que tituló su libro Un hombre afortunado. Pero en la página final, en un breve epílogo, informaba que aquel médico rural se había suicidado quince años después. “Un suicidio no constituye necesariamente una crítica de la vida a la que pone fin, aun cuando nos haga mirar desde ahí la historia de esa vida”, decía Berger. Había algo en esa fabulosa frase que abría una cuña de aire en su libro, un puente hacia la nada. A veces un libro nos deja así; a veces pasa la vida entera sin que encontremos su contralibro.

Déjenme contar hoy la historia de otro libro sobre otro médico rural, otro médico de frontera. En el mundo colonial africano podían pasar cosas como ésta: nacías francés en las Islas Mauricio, que habían sido francesas después de ser árabes, holandesas y portuguesas, pero que eran británicas cuando los colonos europeos fueron invitados a abandonar la isla, después de la Primera Guerra. Tu familia se queda sin nada, debe volver como pueda a Europa, pero no es Francia sino Inglaterra la única que les tira un hueso, y ese hueso es una beca del gobierno para estudiar. Nuestro aspirante a médico sabe que sólo cuenta con eso, no puede permitirse fracasar, y no se lo permite. Pero el llamado de la selva reverbera en su sangre. Cuando lo mandan a hacer la residencia en el departamento de enfermedades tropicales del Hospital de Southampton, se anota en cuanto puede de voluntario para ir a la Guyana. Pasa dos años allá. Vuelve de licencia a Francia, conoce a su prima hermana, se enamora de ella, parte a su nuevo destino: Nigeria, la sabana africana. Espera pacientemente la primera licencia para volver y poder casarse con ella y llevársela a Africa con él (el tema de las licencias es decisivo en esta historia: son quince días cada dos años, en el mejor de los casos, y ya hablaremos del peor). Dije que nuestro médico conoce y se enamora de su futura esposa en quince días, y que en otros quince, dos años después, vuelve a casarse y llevársela con él a Africa. Pasan juntos ocho años felices. Déjenme dar una sola imagen de esos años: nuestro médico está operando, en una precaria sala de auxilios, cuando se levanta una de esas fabulosas tormentas tropicales, el cielo se pone color de tinta, los relámpagos rajan el cielo, uno puede contar los segundos que separan el rayo del trueno, nuestro médico está interviniendo a un paciente cuando un rayo entra por la puerta abierta, corre sin ruido por el piso de cemento, funde las patas metálicas de la mesa de operaciones, quema las suelas de los borceguíes del médico y huye por donde había entrado. El paciente se salva por el hule en donde está acostado, el médico por sus suelas de goma. La que ve entrar y salir el rayo, y se estremece con el trueno unos segundos después, es la esposa. Así se lo cuenta a sus dos hijos pequeños, en Francia, en una buhardilla prestada donde deben apretarse cinco (ella y los niños y los ancianos padres de ella) en la Francia de Pétain durante la guerra. Ella es esposa de un médico militar británico, por ausente que esté él: pueden deportarla, y a los niños también, así que deben mantenerse ocultos, sobrevivir de la caridad ajena y de los recuerdos africanos. El mayor de esos dos niños es Jean-Marie Le Clezio, él es el que cuenta la historia.


Le Clezio conocerá a su padre al llegar a Africa, a los ocho años. Cuando su madre quedó embarazada, ella y el padre decidieron que el niño naciera en Francia. Ella viajó primero. En una licencia de quince días, él viajó a conocer al hijo, que ya tenía meses, dejó nuevamente embarazada a su esposa y partió, con el propósito de volver a llevárselos a los tres en su siguiente licencia. Pero estalló la guerra. El trató de cruzar el desierto y llegar hasta Argel para reunirse con ellos, pero fracasó. No le quedó otro remedio que refugiarse en su oficio en la sabana africana, sin medicamentos, sin material, sin contacto con su mujer y sus hijos, mientras en el mundo la gente se mataba entre sí. Ese es el padre que Le Clezio conoce en Africa: un hombre que fue muy feliz, y luego muy infeliz, y ya nadie sabe lo que siente ahora. Siete años vive con ese extraño Le Clezio, hasta que le llega el momento de viajar a Francia a empezar el Liceo. Su padre ya no pide licencias para ir a verlos. Cuando llega, por fin, es porque ha sido dado de baja de su puesto. Es la tercera vez que pisa Francia en treinta años, pero en este caso no por quince días; ha vuelto porque lo mandaron de vuelta, porque no tiene adónde ir.

Le Clezio va un día a visitarlo. Lo describe así: cocinándose y comiendo en los mismos cacharros de metal esmaltado azul y blanco que usaba en Africa, con el mismo blusón azul que se ponía en cuanto volvía a su casa en Africa, pero usando su instrumental quirúrgico africano para cocinar, el escalpelo para cortar el pollo, la pinza clamp para servirlo. Ese hombre que había sido entrenado ambidiestro como cirujano, para ser capaz de operarse a sí mismo con un espejo si hacía falta, en el territorio que le tocara en suerte, usa ahora su instrumental para trozar y servir el pollo que comerá solitariamente en su departamento de jubilado. Ese hombre que estuvo treinta años atendiendo desde el parto hasta la autopsia a tres generaciones de africanos, ahora, cuando lo internan para hacerle unos análisis, no sólo no dice a nadie en el hospital que es médico, sino que tampoco pide conocer los resultados: ya no se identifica con los facultativos de delantal blanco, sino con los pasivos yacentes en las camas. Ha dejado de ser el que enfrenta la enfermedad, ahora la padece.

Para Le Clezio, Africa era los cuentos de su madre y, después, fue la libertad que tenían él y su hermano corriendo descalzos por la sabana africana mientras su padre estaba fuera de casa, curando gente, la mayor parte del día (la llegada del padre era la llegada de la autoridad, de las prohibiciones, de los castigos, del silencio). Le Clezio sintió que le debía Africa a su madre hasta que vio a su padre vivir como en un campamento africano, en un anónimo monoambiente parisino. Tituló así su libro, El africano, y es un gran título y un hermoso libro: uno oye el clamor de Africa y el de la orfandad en sus páginas. Pero lo que yo vi en ese libro, lo que agradezco haber por fin vislumbrado, como un rayo que baja súbito del cielo, electrifica lo que encuentra a su paso y se esfuma tal como había llegado, es lo que necesitaba saber desde hacía años sobre aquel médico rural inglés que se suicidó en la página final del libro de Berger.

22.7.12

Três meninos na baía de Maputo

Três meninos na baía de Maputo, Tomás Molfino, Junio 2012


Este fin de semana finalmente mi hermano termino su viaje por áfrica, recorrió varios países, incluyendo trabajos varios, personas diversas. Esta tarde viendo algunas de las fotos que nos dejo en el computador ví esta que particularmente me llamo la atención ya que instantaneamente me recordó la famosa foto de Martin Munkácsi de finales de los años 20, Three Boys at Lake Tanganika. Bueno, hasta acá nada mas que eso, una convergencia mas para este blog pero vale la pena recordar que fue esta fotografía la que inspiró a Henri Cartier-Bresson, quien dijo que esta fotografía capturó la libertad, la gracia y la espontaneidad de sus movimientos junto con la alegría de estar vivos, a lanzarse definitivamente a la fotografía.

                      Three Boys at Lake Tanganyika is a photograph taken by Martin Munkácsi in 1929 or 1930.


"The only thing which completely was an amazement to me and brought me to photography was the work of Munkacsi. When I saw the photograph of Munkacsi of the black kids running in a wave I couldn't believe such a thing could be caught with the camera. I said damn it, I took my camera and went out into the street".
   H. Cartier-Bresson

Con los años, Cartier-Bresson se transfomó en el padre del fotoperiodismo moderno.

Africa como una epifanía.



16.7.12

Domingo de manhã


Emilio Molfino
Sin titulo, Julio 2012.
Barra de cera verde "crayon" sobre muro, medidas desconocidas.
Casa Flora, Cuidade de Maputo.
Coleccion Privada ( Padres del autor)

6.7.12

Tristelme

Juan Roman Riquelme le dijo adios a Boca.


A Boca entonces le llegó la hora de enfrentar a un mundo que apesta, los males, los empates, las pequeñas muertes peloteras sin la esperanza de que Roman cambie las cosas. No va a ser fácil –habrá más penas, habrá más olvidos– pero puede ser mucho mejor. Quizás, entonces, alguna vez tengamos un equipo como el de la época de Roman. O quizás no.

13.6.12

¿Mi libreta de viajes?


UNO.
Las vacaciones estuvieron muy bien, recorrimos el Kruger durante casi 4 días, vimos muchisimos animales y luego entramos nuevamenete en Moçambique a cruzando las montañas del Limpopo para terminar en las playas de Inhambane y el archipielago de Bazaruto,, un lugar paradisiaco. Antes de partir de vacaciones había comprado en el aeropuerto de Johannesburg una linda libreta Moleskine para para hacer una especie de diario de viaje pero la verdad es que la libreta volvío como se fue, completamente en blanco. Tratandome de justificar puedo argumentar que la idea no era hacer un viaje muy audaz, sino un viaje para descansar complaciente y perezozamente donde mi unico gran desafío fue la lectura de la monumental obra de Tolstoi "Guerra y Paz". La idea de hacer una libreta de viajes estaba ahí pero este viaje no fue  una peregrinación religiosa o secular, ni la búsqueda de uno mismo ni de la paz interior sino que más bien todo lo contrario, la idea fue ver muchos elefantes con Emilio y tirarse luego en una playa a dormir luego de comer y beber bien ¿Qué tal esto para una libreta de viajes? Ni lo intentes diría Paul Theroux, la verdad es que no da mucho mas allá de algunas notas autobiograficas para este blog y subir alguna que otra foto de las islas en Bazaruto, además en el viaje todo salió de maravilla y no tuvimos ni un solo "mal momento" que me de una ayuda para escribir algo particular del sur de africa.

DOS.
La libreta de viajes era o es para un viaje difícil, y más aún por uno de prueba. Esos libros, escritos con la habilidad y los detalles apropiados, siempre encontrarán en mi un lector, ya que combinan los viajes con la resolución de problemas y la resistencia, que supongo es la condición humana. Esas personas sufren por nosotros. Theroux cuenta la anecdota  de un nigeriano que fue interceptado cuando huía a Libia, donde había sido empleado como mecánico en la industria petrolera. Su pueblo estaba bajo sitio, las bombas caían, las balas volaban. Impedido de ir a Italia, era repatriado a Nigeria. Él protestó, diciendo: “Envíame a Libia. Prefiero ir ahí que a mi hogar en Nigeria”. Eso hace que nos preguntemos por la realidad de Nigeria y me provoque viajar allí. Casi al mismo tiempo, mil personas murieron en una aldea rural en Costa de Marfil, lo que fue una noticia pequeña en la prensa occidental; sin embargo, cuando una persona se lesiona en Jerusalén está en la portada como un ultraje. Me gustaría saber por qué esto es así. El hecho de que hay mucho menos corresponsales extranjeros hace al viajero más necesario como testigo y reportero.

TRES.
Un safari por el kruger y las playas de Bazaruto son lugares increibles, pero no son los más interesantes para escribr. No soy mucho de vacaciones en la playa ni hoteles de lujo, pero el hotelito en Vilankulos fue genial para leer a Tosltoi y tomar vino blanco.

 El cuaderno de viaje tendrá que esperar.




6.5.12

Dear Photograph


Si hay algo que me gusta hacer los domingos a la tardecita es pasar un buen rato en el blog  Dear Photograph viendo las fotos y su historia. Aparecen tantos buenos recuerdos en mi memoria y me hace sentir tan bien que hasta creo que se esta volvendo algo terapeutico para combatir la melancolia de los domingos. Les dejo la que mas me gusto hoy y por favor pegar una vuelta y agendar el blog en favoritos.







Dear Photograph,
Eight years ago our world rejoiced when we said “I do”. This year, my first without you here, I know the heavens rejoiced too. I’m so glad I had those seven years with you because those seven years will define who I am for the rest of my life.
Miss and Love You Always,
Brandi

1.5.12

Algunas lecturas

Humbert Humbert, Lolita, Vladimir Nabokov

Gloomy good looks…Clean-cut jaw, muscular hand, deep sonorous voice…broad shoulder…I was, and still am, despite mes malheurs, an exceptionally handsome male; slow-moving, tall, with soft dark hair and a gloomy but all the more seductive cast of demeanor. Exceptional virility often reflects in the subject’s displayable features a sullen and congested something that pertains to what he has to conceal. And this was my case…But instead I am lanky, big-boned, wooly-chested Humbert Humbert, with thick black eyebrows…A cesspoolful of rotting monsters behind his slow boyish smile…aging ape eyes…Humbert’s face might twitch with neuralgia.

"The composites", un gran blog en donde a través de softwares y las descripciones literarias logran crear los rostros de personajes inolvidables. Vale la pena ver el de Ignatius J. Reilly, el del Juez Holden de Meridiano de Sangre y el rostro de Emma Bovary (que se parece mucho a Catte Blanchet con hambre)


Libros leídos en los últimos meses:
1. Suite Francesa” de Irene Nemirovsky.
2. "El alma de Gardel" de Mario Levrero
3. "Operación Masacre" de Rodolfo Walsh
4. "El informe de Brodie" de Jorge Luis Borges
5. "Los otros" de Josefina Licitra
6. "Blood River" A Journey to Africa's Broken Heart, de Tim Butcher


Me gustaron mucho: 4 y 6. 
Re-lectura: 3
Quiero leer otras cosas de: 1 y 2.
Vale la pena escribr una breve reseña en el blog: 6


Libros que estoy leyendo/tratando/por partes/según estados de animo:
1. "El ultimo vuelo del Flamengo", de Mia Couto.
2. "Hitch-22", las memorias de Christopher Hitchens.
3. "El infinito viajar", de Claudio Magris

Me gusta por momentos: 2
1 es un escritor moçambicano que parece que vale la pena y en 3 algunas descripciones de sus viajes son fantasticas.


Libros que me gustaría leer durante las próximas vacaciones:
1. "La vida Breve", de JC Onetti
2. La trilogía de Levrero
3 "Literatura nazi en America Latina" de Bolaño.
4. Alguna de las dos novelas de Saer que me acompañan desde hace tiempo, "Glosa" y "El limonero real"


Seguramente pondré en la mochila: 1 y 3