Una pequeña crónica de mi viaje a Chokwe por las inundaciones en clave española (el "Como ya habréis leído" me mata) que se publicó en el Blog Solidario y en algunos otros lugares.
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19.2.13
13.2.13
Notas
En fin, luego de algunos días en una ciudad completamente inundada tengo varias notas empezadas, algunas que podría decir que
están terminadas, o no, pero también podría decir que ninguna termina aún de dar con lo que quiero o para subir a este blog. Qué hacer
entonces, eliminar todo y empezar a escribir todo de vuelta. Lo que tenga que
permanecer en este blog, lo que sirva y algunas fotos, seguramente quede; y lo otro volverá a la
nada.
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4.2.13
Lo que nos dejo enero
A la fin du mois de janvier, de fortes pluies se
sont abattues sur l’est de l’Afrique australe et ont provoqué de graves
inondations dans la région du fleuve Limpopo. À ce stade, la situation
semble la plus critique au Mozambique, où de vastes zones de la province
de Gaza restent inondées par le fleuve Limpopo et ses affluents. Les
autorités ont donné l’alerte le 22 janvier. Selon les chiffres
officiels, environ 240 000 personnes ont été touchées, 146 000 d’entre
elles ont trouvé refuge dans presque 30 camps temporaires et 48
personnes sont décédées depuis le 28 janvier.
Le 29 janvier, MSF, qui est présente dans la
capitale Maputo avec des programmes contre le VIH/sida, a commencé une
mission de reconnaissance dans le sud du Mozambique, à Chokwe, Guija et
Xai Xai, quelques-uns des endroits où la situation est la plus grave. A
Chokwe, bien que l’eau commence à se retirer, environ 114 000 habitants
résident toujours dans dix camps provisoires. Le 29 janvier, une équipe
de MSF a évalué la situation à Chaquelane, le plus grand de ces camps
qui accueille environ 50 000 déplacés. La plus grave préoccupation
concerne l’assainissement, car il n’y a actuellement que 60 latrines.
«Un paysage d’après-guerre»
«La ville de Chokwe donne l’impression d’un paysage
d’après-guerre. Dans le centre-ville, il y a des problèmes évidents liés
à l’assainissement et à l’hygiène à cause de l’eau stagnante sale et la
présence d’animaux morts dans les rues», explique Lucas Molfino,
coordinateur médical pour MSF au Mozambique.
Dans les districts de Chokwe, seuls six des 23
centres de santé fonctionnent encore. La plupart des médicaments et le
petit matériel médical tel que les pansements ou les seringues ont été
détruits. Le ravitaillement est rendu difficile par le fait que de
nombreuses rues sont toujours coupées. Même si l’approvisionnement en
médicaments antirétroviraux semble assuré, les inondations pourraient
affecter les soins pour les personnes vivant avec le VIH/sida. En effet,
plus aucune consultation n’est dispensée à Gaza, alors que la province
présente la plus forte prévalence du VIH/sida du Mozambique. Jusqu’à ce
que le ministère de la Santé puisse reprendre pleinement ses services,
une équipe MSF a commencé à dispenser des consultations à l’hôpital pour
les habitants qui sont de retour chez eux.
Aussi au Malawi, en Afrique du Sud et au Zimbabwe
Dans le sud du Malawi, des milliers de familles ont
été déplacées et vivent maintenant dans des camps, souvent mis en place
dans des écoles primaires. Dans le district de Nsanje, MSF a contribué à
améliorer l’hygiène et l’accès à l’eau dans les camps en construisant
des toilettes et des douches temporaires, en réparant des points d’eau
hors d’usage et en menant des actions de sensibilisation sur les mesures
d’hygiène. En outre, des produits non-alimentaires, comme du savon, des
seaux, des couvertures et des moustiquaires, ont été distribués aux
populations déplacées. Les équipes de MSF ont fait don de stocks de
médicaments aux agents de santé communautaires locaux. Ces derniers ont
vu le nombre de leurs consultations plus que tripler. L’immense majorité
des patients sont des enfants de moins de cinq ans qui se plaignent de
diarrhées ou de fièvre.
En raison du débordement du fleuve Limpopo, environ
800 personnes ont aussi été évacuées à Musina, en Afrique du Sud. MSF a
mis en place une clinique mobile durant les premiers jours de la crise.
Au Zimbabwe, pour le moment, les autorités et d’autres acteurs couvrent
correctement les besoins de la population touchée par les fortes pluies
et MSF a seulement organisé une distribution de couvertures et de seaux
dans les villages de Pumula et de Tsholotsho. L’organisation a aussi
approvisionné en eau l’hôpital de Beitbridge et une autre clinique
pendant deux jours.
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14.12.12
Tienes un email
Hola Lucas!
Cómo va todo por Mozambique? Espero que bien.
Te comentó que para el día del médico publicaron tu testimonio en la web de RIMA, te paso el link
Cómo va todo por Mozambique? Espero que bien.
Te comentó que para el día del médico publicaron tu testimonio en la web de RIMA, te paso el link
M. B. A. Terceros
Press Officer Médicos Sin Fronteras en Argentina
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6.8.12
Segunda feira
Hace un par de semanas largas que nos visito un equipo de periodistas del canal Univision de Estados Unidos, aparentemente presentaron su trabajo hace unos dias en la tele. A nosotros nos llego esto.
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5.5.12
“Purificação das viúvas” contestada.
Judite Mario enviudó a finales de 2009, cuando su marido murió de tuberculosis y como acontece en muchas regiones de Moçambique, Judite fue obligada por la familia de su marido a la "Pitakufa", la ceremonia de purificación de las viudas que generalmente incluye relaciones sexuales con sus cuñados durante varios días.
La "Pitakufa", o como se la conoce aqui en Maputo y el sur del país "kulhambela", todavía es una costumbre bastante arraigada en zonas rurales de Moçambique y esta semana se ha comenzado una campaña nacional en donde mujeres, activictas de la lucha contra el HIV y hasta la asociación moçambicana de médicos tradicionales, que son los que llevan adelante esta práctica generalmente, luchan y denuncian casos para tratar de detener este tipo de practicas, concientizar a las mujeres y tratar de cambiar conductas dada la alta prevalencia del HIV y la degradación que esto representa para las mujeres.
“Tinha
que manter relações sexuais com o meu cunhado mais novo para voltar a
ter uma vida sexual normal. Caso contrário, perderia o lar e os filhos.
Não tive opção. Hoje vivo com os meus filhos, porque, depois me recusei a
casar com ele (cunhado)”, disse à “Lusa” Judite Mário, residente na
província de Manica, centro de Moçambique.
Generalmente el ritual comandado por el curandeiro elegido por la familia obliga a la viuda a tener relaciones sexuales en distintos lugares de la casa familiar durante varios días y varias veces por día sin preservativo con el hermano o hermanos del fallecido, o alguien designado por su familia política con el fin de purificar a la viuda y asegurarse que pueda volver a tener una vida normal.
La Associaçao Nacional para o desenvolvimiento Humanitario (ANADHU) conjuntamente con la asociasion de medicos tradicionales han introducido algunos cambios con el que esperan lograr la sustitución de la "Pitakufa" por la "Pitakufa-Tchinda" que consiste basicamente en que los curanderos seleccionaran unas hierbas especiales y se las darán a los cuñados de las viudas con el objetivos de que estos tengan relaciones con sus mujeres al frente de las hierbas y después la viuda pueda utilizar estas hierbas en ceremonias privadas.
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6.12.11
5.12.11
Segunda feira
Desafiando la tradicion y no distinguiendo fronteras... No es mucho?
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30.9.11
Sexta feira, noite.
Estoy a punto de irme a dormir.
Estoy acercándome a ese momento que uno solo hace estupideces, tratando de adelantar algo de trabajo, esperar que suene el teléfono, cambiar miles de veces los 4 canales de television que tengo desde hace hora y media. Podría estar haciendo muchas cosas pero definitivamente estoy haciendo otras.
Hoy en la reunión de equipo decidimos que el año que viene vamos a focalizarnos mas en tuberculosis multiresistente, HIV y pediatría y mujeres embarazadas infectadas con HIV con la idea de envolver mas a la comunidad y fortalecer la sociedad civil. Faltan hacer el Plan de acción y el presupuesto, con suerte lo validen para noviembre. Tal vez el año que viene se recorten los subsidios y créditos de organismos multilaterales y fondos globales. Estamos fritos.
Acabo de escribir algunos emails, especialmente uno a E. que viene en unos días.
Le pedí algunos libros: La novela luminosa o la trilogía de Levrero, Vidas ajenas de Emmanuel Carrère, el último libro de Casas y una guía de viajes de África del sur.
Me voy a la cama a ver una película o a leer, tal vez debería dormir o tal vez debería estar haciendo esas cosas que no estoy haciendo porque estoy haciendo otras, como escribir este texto pedorro.
Mañana me voy a Swazilandia.
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27.9.11
Sharing Burdens of Living With AIDS
NKONDEDZI, Mozambique — Rogerio Bernardo slung a black satchel over his shoulder and waited by the roadside in the morning mist for a bush taxi. In dusty wingtips, frayed pants and a gray pinstripe suit coat so big it swallowed his slender frame, he looked like any peasant farmer dressed up for a trip to town.
In fact, Mr. Bernardo, who has AIDS, is in the vanguard of a promising new effort to reverse one of the most worrisome trends in treating the disease: the growing number of patients across Africa who fail to collect their lifesaving antiretroviral medicines.
The simple solution devised by Dr. Tom Decroo, a Belgian physician working here in Tete Province for the aid group Doctors Without Borders, was to organize patients into groups of six. They would then take turns making the monthly trip to pick up refills, cutting the number of times each had to go to town — to just two a year, from 12.
A two-year test of his brainstorm here in Tete, comparing about 300 of these groups with patients who continued going alone, found that almost none of those in the groups stopped taking their medicines and only 2 percent died, according to results published in The Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes. By contrast, 20 percent of the other patients quit treatment or died.
“No one abandons treatment in the group,” said Inocencio Alface, a talkative, slightly built farmer who has become Nkondedzi’s champion for people with AIDS and leads one of the village’s four patient groups. “We give each other courage.”
On a recent morning, it was Mr. Bernardo’s turn to go to town. Before he joined the group, if he was short of cash for taxi fare he needed to hike four hours through the bush to the district hospital in Zobue.
But as his group huddled against the chill, each member contributed 15 meticais, or about 50 cents, for taxi fare. They also counted out their leftover pills and noted the tally on their medical cards, so a clinician could tell whether they had taken the previous month’s pills. Mr. Bernardo tucked the cards into his satchel.
As he watched the express taxi go by, waiting for a slower one to save 35 cents on the fare, village life floated past him through the mist — women balancing buckets on their heads, men on bicycles with jangling bells, schoolchildren carrying stalks of sugar cane as long as fishing poles.
When the bush taxi finally arrived at 7:50 — it was just a pickup truck loaded with people and bags of charcoal — Mr. Bernardo clambered in for the 18-mile ride.
The study of this new approach also found that it profoundly lightened the load on the health professionals who are one of this poor country’s scarcest resources, sharply reducing their caseloads at public hospitals and clinics — and, health economists say, trimming the cost of treatment.
“We went up there and were blown away,” Dr. Kebba Jobarteh, who heads the H.I.V. care and treatment program in Mozambique for the United States Centers for Disease Control and Prevention, said after his visit to Tete. “We met five groups. They were amazing. This is a potential game changer for H.I.V.”
Dr. Decroo acknowledged in an interview that the study design for his approach did not produce as high a quality of evidence as a randomized trial would. And Dr. Tim Farley, an AIDS expert with the World Health Organization who was not involved in the research, cautioned in an e-mail that because the program was limited to clinically stable patients, the comparison with other patients might be skewed.
But Dr. Farley added, “Reducing the health-system burden from these patients is fantastic and allows the scarce clinical resources to be used for more complicated patients.”
The shifting of responsibilities for AIDS treatment from doctors to nurses to community health workers and even patients has been necessitated by Africa’s extreme shortage of medical professionals. Mozambique has only 2.7 doctors per 100,000 people, according to World Health Organization estimates; the United States has 100 times that.
When Doctors Without Borders began providing antiretroviral drug treatment to AIDS patients here in 2003, there were fears that illiterate rural Africans would not take their medicines properly. Before the expatriate doctors would even prescribe the complicated combination therapy, patients were required to show up on time for eight appointments. For the sickest, poorest patients, the bar was impossibly high. “Before the eight consultations were done they would die,” Dr. Decroo recalled.
The rules for AIDS care have eased greatly since then, but Dr. Decroo became convinced that they needed to change even more. Though more than six million people are on antiretrovirals in developing countries, the United Nations estimates that nine million patients who need them are not getting them.
“If you wait to have enough doctors and nurses to treat everyone, how many generations have to die?” he asked.
Dr. Decroo had his “aha” moment in 2006 while reading a paper co-written by Wim Van Damme, a professor at the Institute of Tropical Medicine in Belgium, who argued for a radical rethinking of how to deliver AIDS treatment in poor countries, shifting some tasks to patients. The professor described how people in rich nations with asthma, diabetes and other chronic diseases had become involved in managing their illnesses, and AIDS patients, too, were a potential resource in Africa, he wrote. “It was like a thunderbolt from the sky,” Dr. Decroo said. The idea of patient groups leapt into his mind.
The government of Mozambique has been so encouraged by Dr. Decroo’s approach that it has decided to test it in every province this year. “When patients are organized in these small groups, they’re not ashamed anymore,” said Rosa Marlene, a senior official in the medical assistance department that oversees AIDS programs. “People start respecting them because they’re stronger.”
In Nkondedzi, some groups, including Mr. Bernardo’s, do not hide the fact that they are H.I.V.-positive, but neither do they flaunt it. They join for practical reasons: to save money and time.
But the groups have also brought leaders like Mr. Alface and his wife, Margarida Isaque, to the fore. At a village meeting, Mr. Alface rose to speak. “I broke the silence,” he said. “I told them: ‘I’m taking antiretrovirals. If you see I’m healthy, it’s because of that. All those who feel in the same situation, come close to me and we will try to help each other.’ ”
Many villagers have privately approached him, and about a dozen have joined groups as a result. But Azesta Vasco came too late. She suspected that her daughter, Cesaltina Pedro, a 27-year-old with two young daughters, was sick. Ms. Pedro confided to Mr. Alface that she had AIDS and had quit collecting her medicines because she was too ashamed to tell her mother she was infected or to ask for money for taxi fare.
He got Ms. Pedro to the hospital, but she died a week later. Her two sad-eyed little girls sat with their grandmother recently in front of their hut. “She lacked money and encouragement,” Mr. Alface said.
He and his wife are now trying to fight the stigma that drives people with AIDS to hide their disease. Ms. Isaque’s nostrils flared angrily as she described a recent incident when a drunken man, in front of other villagers, said she had AIDS. Such accusations are against the law in Mozambique, and she and her husband went to the village court, demanding justice. The offender was ordered to pay her about $20 and to apologize.
The village chief, Aviso Supinho, said that Mr. Alface and Ms. Isaque had raised awareness about AIDS in Nkondedzi and that the groups had improved villagers’ lives. “If I’m sick and isolated, kept at home, I’m considered a dead body, though still breathing,” Mr. Supinho said. “But when a person is in a group, he feels, ‘I’m sick, but I count.’ ”
El articulo original mencionando el trabajo de MSF en Mozambique, en el "New York Times"
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12.9.11
Semana 4 en Moçambique
Uno. El sol desde temprano dispara sus rayos y todo es luz y brillo. Todavia sigo buscando a E. a mi lado y tratando de escuchar a Emilio. Afuera ladran perros. Me levanto.
A primera vista en mi habitacion veo algunos lapices de colores, una libreta Moleskine y algunos papeles desordenados. Mas atras en la misma mesa de luz descansan “2666” de Roberto Bolano y “Austerlitz” de W.G. Sebald. El Boarding pass del vuelo 807 Zurich-Maputo marca la pagina 601 de “2666” en donde se puede leer que un aleman radicado en Mexico, llamado Haas, niega las acusaciones de los policias judiciales con respecto a la violacion y posterior asesinato pero reconoce haber tenido trato Estrella Ruiz Sandoval durante sus dias en Santa teresa. El tamano y peso de “2666” por momentos abruma y una de las unicas marcas que hice sobre el libro, un pequeno doblez sobre al borde superior de derecho de la pagina, es el momento que tras una conversacion con un farmaceutico aficionado a la lectura, Amalfitano, uno de los protagonistas de la novela, reflexiona com indisimulada decepcion sobre el prestigio de las novelas breves, perfectitas (mencionan a Bartleby, el escribiento, de Melville, o la metamorfosis, de Kafka) en perjucio de los novelones, extensos, ambiciosos (Moby Dick, El proceso). “…Que triste paradoja, penso Amalfitano. Ya ni los farmaceuticos ilustrados se atreven com las grandes obras, imperfectas, torrenciales, las que abren camino en lo desconocido. Escogen los ejercicios perfectos de los grandes maestros. O lo que es lo mismo: quieren ver a los maestros en sesiones de esgrima de entrenamiento, pero no quieren saber nada de los combates de verdad, en donde los grandes maestros luchan contra aquello, ese aquello que acoquina y encacha, y hay sangre y heridas mortales y fetidez…” (pag 289-290)
Dos. Tengo, creo, algunos kilos menos, el cabello mas largo y una barba com algunas canas. En las cuatro semanas en las que llevo aqui luego de mencionar Argentina lo de siempre en africa, asia o la luna.
- Sos de Argentina?; Maradona!
Definitivamente Maradona es lo único que se conoce de la Argentina. Maradona es la Argentina y el resto es el limbo o la nada misma. Lo real, lo tangible es Maradona y Messi todavia sigue siendo un conato, una explosion que los obsecuentes del gordismo lo quieren acabar cuanto antes. Esta semana vi una noticia de Carlos tevez en el periodico donde manifiesta su deseo de terminar su carrera en Boca Juniors. Tambien vi Bom O Bom en el supermercado y anoche cuando fui un rato al estadio de la Universidad donde se estan desarrollando los X jogos africanos, disfrute de un apasionante macht de Hand ball entre los equipos femeninos de Congo Brazaville y Madagascar, vi un nino con la camiseta del Kun aguero. Tal vez no todo este perdido despues de todo.
Tres. Ya estoy en el proceso de habilitacion definitiva por parte del Colegio Medico Moçambicano y el Ministerio de Educacion. La semana tres en Moçambique transcurrio en Lichinga, capital de la provincia de Niassa en el extremo norte del pais donde tenemos un proyecto funcionando desde hace unos anos. En la ciudad hay una mezquita, un avion semidestruido que luego de un aterrizaje forzoso el municipio construyo un parque a su alrededor y una familia siriolibanesa que tiene una panaderia y la unica maquina donde se pueden tirar un cafe expreso decente en el pueblo. Esa semana en el hospital asisti a los pases de guardia y hay colegas cubanos, koreanos y rusos viviendo y trabajando en Lichinga desde hace anos producto de numerosos convenios entre paises socialistas. Ni los cubanos ni los koreanos del norte quieren volver. Uno de los dias camino al hospital vimos una camioneta, grande, con una gran estructura de metal. Pregunto de que se trata y me responden que en norte de Moçambique se pueden hacer safaris de caza y la camioneta esta especialemnte disenada para la caza de elefantes. Matar un elefante de los que deambulan enre el norte de del pais y Malawi cuesta 50.000 Nuevos meticaiz, algo asi como 1500 uss. Este semana salio publicado en una revista cientifica el case report de 2 cuidadores de elefantes que murieron de tuberculosis, luego murio el animal producto de al misma enfermedad. El diagnostico se puede hacer haciendo un lavaje especial en los conductos nasales de la trompa del animal. Hablo com el director del departamento de salud de Lichinga, hablamos de los 96 ninos fallecidos por desnutricion aguda pero el me corrige diciendo que fueron casos de desnutricion cronica, que en la provincia se calcula que el 46% de los chicos esta debajo de los percentilos de crecimiento normal. Cambia de tema y me cuenta de la campana de vacunacion masiva que tienen que hacer para combatir el reciente brote de polio en Moçambique. Veo las cajas que usaran los vacunadores y se lee algo asi como “Kick polio out of africa” y abajo de ve un jugador de futbol pateando un balon. Se parece a Maradona. A veces me asombro a mi mismo.
Cuatro. En las notas de la primera edicion de “2666” Ignacio Echeverria comenta algunas de las notas postumas de Bolano, hay una de ellas com la indicacion “para el final de 2666”: “Y esto es todo, amigos. Todo lo he hecho, todo lo he vivido. Si tuviera fuerzas me pondria a llorar. Se despide de ustedes, Arturo Belano”.
Entonces, adios.
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9.8.11
Martes
Me levante muy temprano, por las mañanas esta fresco. Desayune café con algunas tostadas.
Ordene por primera vez mi oficina, ordene algunos mapas y reacomode algunas cosas. Tuve un breve encuentro con la epidemióloga del proyecto. Hablamos en inglés. Luego fui a una reunión con gente de la farmacia y la cadena de supply. Hablamos en portugués. Almorcé feijoada.
Por la tarde reunión con el equipo de coordinación. Charla informal con el jefe, hablamos de la historia de Mozambique, el conflicto armado y las consecuencias en el sistema de salud mozambicano. Tambien menciono brevemente las fuentes del financiamiento de los programas HIV en África del sur que este año recortan su presupuesto drasticamente. La especulación financiera de estos días no ayuda.
Volvimos a casa caminando. Cenamos ligero, de postre torta helada de chocolate y brindamos con champagne. Hable por skype con E. y Emilio, mis padres y algunos de mis hermanos.
En 40 minutos se acaba mi cumpleños. Tengo 34 años.
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20.7.11
10 años de médico.
Un día como hoy hace 10 años, los de la "L a la Z" del grupo de alumnos de la UBA de la Unidad Docente Hospitalaria del Hospital Durand nos convertíamos en médicos luego de rendir Ginecología y Obstetricia. Recuerdo el día, mi familia viajando y acompañandome en ese momento, los compañeros, los festejos en la explanada del estacionamiento del hospital, la angustiosa espera para que se reciban los del grupo de la "A a la K" en los días siguientes.
Uno de los días mas felices de mi vida.
10 años de médico.
Cuando uno ve un numero redondo y semejante cantidad de años no puede menos que pararse por un momento y reflexionar acerca de este tiempo, de esta profesión. Es difícil, por momentos, ya que el tiempo tiñe todo de rosa y son miles los momentos que pudiera recordar en estas lineas.
Recuerdo mi internado rotatorio en Barcelona, el departamento de Viladomat y Corcega, los viajes por Europa con mi compañeros, el examen de residencia, la residencia en el Churruca y su disciplina espartana, las primeras guardias en los sanatorios privados. También recuerdo el desencanto o como cambio mi forma de ver las cosas esos años, el desencanto con el ambiente medico, las ganas de ver el mundo con mi propios ojos, la aparición como una epifanía de Médicos Sin Fronteras, mis años en África y luego Camboya, Eugenia, Emilio.
Después de 10 años como médico hay algunas cosas de la que estoy seguro. Ser médico, o al menos un médico medianamente responsable, requiere de muchisimo esfuerzo, mucho sacrificio personal, requiere de resignar miles cosas, mucho compromiso, esta mal pago, estresa, cansa muchisimo, la gente cree que uno debe tener respuesta para todo pero al mismo tiempo creo que son muy pocas las profesiones que te permiten dar una mano a otras personas en situaciones de extrema necesidad. Trabajando de médico, especialmente en estos últimos años me permitio encontrarle sentido a mi vida.
10 años después me encuentro saludando familia y amigos y preparándome para viajar a Mozambique en los próximo días. Diez años de un trabajo que me gusta, que disfruto y del que no me puedo quejar. Eso sí, estimados lectores, creo fervientemente en la re-encarnación por lo que en mi próxima vida vuelvo de otra cosa. Puedo ser el 10 de Boca Juniors, marinero, catador de vinos o músico, una vida como médico es más que suficiente.
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2.7.11
Mozambique
Job title: Medical coordinator
Location: Maputo, Mozambique
Starting date: August 2011 in Maputo
Duration of the mission: minimum one year
Medical department team, at coordination level:
International: 3 (1 epidemiologist, 1 laboratory technician coordinator[1], 1 deputy medco[2]).
National: 4 (1 assistant medco[3], 1 supply officer[4], 1 pharmacy storekeeper[5], 1 psychosocial coordinator[6]).
N° of person to manage/supervise un-directly:
Field Projects:
- Maputo HIV project: international: 4 MDs including a medical referent + 1 MD in coaching position every 4 months + 1 nurse + 1 midwife[7]; current field coordinator is a MD as well.
- Lichinga HIV project, Niassa province: international: 1 MD, 1 nurse; the field coordinator is a nurse as well.
Collaboration and support according to the needs:
- CARINEMO project (clinical trial, ending in March 2012): national: 1 MD co-investigator and project manager + 1 data manager
I. Description of the mission context
Country Profile and Context:
- Population: +/- 20 millions of inhabitants
- Pop growth rate: 1.7%
- GDP per capita: US$1,237
- Pop. below poverty line: 37.8%
- Life expectancy: 41.6 years
- Infant mortality: 104 per 1,000
- Access to med. services: 40-60%
- HIV prevalence: 11.5% (2009 INSIDA report)
- Literacy rate: 46%
- Doctors/people: 1 per 30,000 people (WHO minimum standard: 5 per 25,000 people)
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1.12.09
Dia mundial del SIDA
Desde hace mucho tiempo creo que los argentinos formamos parte de una sociedad que se caracteriza por defender los intereses del propio bolsillo y de tener televisión por cable. Nuestra escala de felicidad esta determinada por pertenecer a un determinado grupo de elite y por tener determinados bienes materiales y básicamente la gran mayoría de nosotros sigue creyendo que todos los problemas se acaban metiendo en cana a los pibes chorros.
La estupidez, la traición, los remedios truchos, el desamor, Tinelli, Ricardo Fort solo nos confirman una vez mas que el mundo es una mierda, que la vida es horrible y no hay posibilidades de buen final ¿Cabe alguna duda?
La pasada cumbre de la “ seguridad alimentaria” de la FAO en Roma nos confirmo que hay mil millones de personas que se salvan de ver y escuchar a fenómenos de la “inteligenzia” argentina tales como Mirtha y Susana hablando de la inseguridad pero que viven con hambre y donde el Secretario General de la ONU declara sin ponerse colorado que diez chicos mueren por minuto por hambre. El hambre no vende y la cumbre paso desapercibida, solo Lula, Lugo, Mugabe, Gadaffi y una sarta de presidentes africanos que nadie conoce discutieron una rato, se sacaron fotos y dijeron que la idea es bajar a la mitad la cantidad de hambrientos para el 2015 pero no se les cayo una idea de cómo hacerlo.
Lo que viene ahora es discutir el cambio climatico en Dinamarca, que es donde van a ir los duenos del mundo con su retorica y algunos millones de dolares para calmar los animos pero donde todos saben que desde el vamos todos se van a mostrar preocupados pero nadie va a acordar nada.
Pero a pesar de tanta mierda todavía hay algunos a los que les va mucho peor, como por ejemplo a los enfermos de HIV/SIDA, a los que hoy se los recuerda a través del “World AIDS day”. Desde los anos 80 que el HIV/SIDA viene matando mas de 25 millones de personas y solamente en el ano 2008 murieron mas de 2 millones de personas dentro de las que se incluyen 270.000 chicos menores de 5 anos lo cual la convierte en una de las epidemias mas violentas y agresivas de la historia en la que a pesar de algunos avances todavía queda mucho por hacer como por ejemplo el tratamiento del HIV/SIDA pediatrico.
La inversión en programas de prevención de la transmisión del VIH de madres a hijos es imprescindible y debe ser una prioridad en la lucha contra la sida. Primero, porque permite detectar y tratar a las mujeres embarazadas seropositivas y segundo, para evitar que nazcan más niños con el virus.
El sida infantil es una de las pruebas más duras de la desigualdad entre los países desarrollados y los países con recursos limitados. En Occidente prácticamente no nacen niños con VIH porque controlando a la madre durante el embarazo, el parto y la lactancia, la probabilidad de transmisión puede reducirse a menos del 1%. Por lo contrario, en África subsahariana la mayoría de madres seropositivas ni siquiera saben que lo son, ni tienen la oportunidad de recibir tratamiento. Hoy en día, en países en desarrollo solo el 18% de las mujeres embarazadas son testadas para VIH y solamente un 34% de las VIH-positivas reciben algún tipo de medicamento para evitar la transmisión del VIH Towards Universal access Scaling up priority HIV/AIDS interventions in the health sector. World Health Organization. UNAIDS 2008. UNICEF.
Sin ningún tipo de intervención, alrededor del 40% de los hijos de madres seropositivas nacerá con el VIH. Trabajar para reducir este porcentaje, para que no nazcan más niños con VIH, es vital. Sobre todo, porque el 50% de los niños que nacen infectados mueren antes de los dos años si no reciben tratamiento.
En los países desarrollados la transmisión de madre a hijo prácticamente no existe porque se siguen una serie de medidas que permiten evitar el contagio: las madres seropositivas reciben tratamiento antirretroviral, los partos son en hospitales y hay alternativas para que la madre no dé el pecho al recién nacido. En los países en vías de desarrollo, sin embargo, los retos siguen siendo enormes. En primer lugar, por la falta de acceso a los servicios sanitarios; muchas mujeres no van a las consultas prenatales o lo hacen cuando el embarazo está muy avanzado, y la mayoría de los partos suelen tener lugar en casa. En segundo lugar, muchas veces sólo es posible dar al bebé leche materna. Además, las madres tienen que hacer frente al estigma y los programas de prevención son largos, desde el embarazo hasta el destete del bebé, y muchas mujeres no completan todas las fases programa.
La estupidez, la traición, los remedios truchos, el desamor, Tinelli, Ricardo Fort solo nos confirman una vez mas que el mundo es una mierda, que la vida es horrible y no hay posibilidades de buen final ¿Cabe alguna duda?
La pasada cumbre de la “ seguridad alimentaria” de la FAO en Roma nos confirmo que hay mil millones de personas que se salvan de ver y escuchar a fenómenos de la “inteligenzia” argentina tales como Mirtha y Susana hablando de la inseguridad pero que viven con hambre y donde el Secretario General de la ONU declara sin ponerse colorado que diez chicos mueren por minuto por hambre. El hambre no vende y la cumbre paso desapercibida, solo Lula, Lugo, Mugabe, Gadaffi y una sarta de presidentes africanos que nadie conoce discutieron una rato, se sacaron fotos y dijeron que la idea es bajar a la mitad la cantidad de hambrientos para el 2015 pero no se les cayo una idea de cómo hacerlo.
Lo que viene ahora es discutir el cambio climatico en Dinamarca, que es donde van a ir los duenos del mundo con su retorica y algunos millones de dolares para calmar los animos pero donde todos saben que desde el vamos todos se van a mostrar preocupados pero nadie va a acordar nada.
Pero a pesar de tanta mierda todavía hay algunos a los que les va mucho peor, como por ejemplo a los enfermos de HIV/SIDA, a los que hoy se los recuerda a través del “World AIDS day”. Desde los anos 80 que el HIV/SIDA viene matando mas de 25 millones de personas y solamente en el ano 2008 murieron mas de 2 millones de personas dentro de las que se incluyen 270.000 chicos menores de 5 anos lo cual la convierte en una de las epidemias mas violentas y agresivas de la historia en la que a pesar de algunos avances todavía queda mucho por hacer como por ejemplo el tratamiento del HIV/SIDA pediatrico.
La inversión en programas de prevención de la transmisión del VIH de madres a hijos es imprescindible y debe ser una prioridad en la lucha contra la sida. Primero, porque permite detectar y tratar a las mujeres embarazadas seropositivas y segundo, para evitar que nazcan más niños con el virus.
El sida infantil es una de las pruebas más duras de la desigualdad entre los países desarrollados y los países con recursos limitados. En Occidente prácticamente no nacen niños con VIH porque controlando a la madre durante el embarazo, el parto y la lactancia, la probabilidad de transmisión puede reducirse a menos del 1%. Por lo contrario, en África subsahariana la mayoría de madres seropositivas ni siquiera saben que lo son, ni tienen la oportunidad de recibir tratamiento. Hoy en día, en países en desarrollo solo el 18% de las mujeres embarazadas son testadas para VIH y solamente un 34% de las VIH-positivas reciben algún tipo de medicamento para evitar la transmisión del VIH Towards Universal access Scaling up priority HIV/AIDS interventions in the health sector. World Health Organization. UNAIDS 2008. UNICEF.
Sin ningún tipo de intervención, alrededor del 40% de los hijos de madres seropositivas nacerá con el VIH. Trabajar para reducir este porcentaje, para que no nazcan más niños con VIH, es vital. Sobre todo, porque el 50% de los niños que nacen infectados mueren antes de los dos años si no reciben tratamiento.
En los países desarrollados la transmisión de madre a hijo prácticamente no existe porque se siguen una serie de medidas que permiten evitar el contagio: las madres seropositivas reciben tratamiento antirretroviral, los partos son en hospitales y hay alternativas para que la madre no dé el pecho al recién nacido. En los países en vías de desarrollo, sin embargo, los retos siguen siendo enormes. En primer lugar, por la falta de acceso a los servicios sanitarios; muchas mujeres no van a las consultas prenatales o lo hacen cuando el embarazo está muy avanzado, y la mayoría de los partos suelen tener lugar en casa. En segundo lugar, muchas veces sólo es posible dar al bebé leche materna. Además, las madres tienen que hacer frente al estigma y los programas de prevención son largos, desde el embarazo hasta el destete del bebé, y muchas mujeres no completan todas las fases programa.
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11.1.09
Viaje al corazon de las tinieblas

En el diario espanol "El Pais" hoy salio publicado una increible cronica de Mario Vargas Llosa en el Congo. Desde hace tiempo atras que Vargas Llosa viene hablando del Congo despues de haber leido el monumental libro de Hochschild " El fanstasma del rey Leopoldo", un libro que cuenta todo el proceso de la colonizacion y la barbarie belga en el Congo. No conforme con eso decidio visitar los campos de refugiados, los hospitales acompanado de un equipo de MSF y denunciar lo que vio. ( Esta noche voy a sonar un poco, tal vez con algo de suerte quizas John Berger puede darse una vuelta por Kapiri y denunciar los estragos del HIV en el africa subsaharina o Carlos Fuentes escriba algo acerca de la malnutricion en el hospital de Kaipiri Mposhi).
Ejemplos recientes. El más notable, una mujer de 87 años, violada por 10 hombres. Ha sobrevivido. Otra, de 69, estuprada por tres militares, tenía en la vagina un pedazo de sable. Lleva dos meses a su cuidado y sus heridas aún no cicatrizan. Casi se le va la voz cuando me cuenta de una chiquilla de 15 años a la que cinco "interahamwe" (milicia hutu que perpetró el genocidio de tutsis en Ruanda, en 1994, y luego huyó al Congo, donde ahora apoya al Ejército del Gobierno del presidente Kabila) raptaron y tuvieron en el bosque cinco meses, de mujer y esclava. Cuando la vieron embarazada la echaron. Ella volvió donde su familia, que la echó también porque no quería que naciera en la casa un "enemigo". Desde entonces vive en un refugio de mujeres y ha rechazado la propuesta de un pariente de matar a su futuro hijo para que así la familia pueda recibirla. La letanía de historias del doctor Tharcisse me produce un vértigo cuando me refiere el caso de una madre y sus dos hijas violadas hace pocos días en la misma aldea por un puñado de milicianos. La niña mayor, de 10 años, murió. La menor, de 5, ha sobrevivido, pero tiene las caderas aplastadas por el peso de sus violadores. El doctor Tharcisse rompe en llanto.
Es un hombre todavía joven, de familia humilde, que se costeó sus estudios de medicina trabajando como ayudante de un pesquero y en una oficina comercial en Kitangani. Lleva dos años sin ver a su familia, que está a miles de kilómetros, en Kinshasa. El hospital, de 50 camas y 8 enfermeras, moderno y bien equipado, recibe medicinas de Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias, pero es insuficiente para la abrumadora demanda que tiene al doctor Tharcisse y a sus ayudantes trabajando 12 y hasta 14 horas diarias, 7 días por semana. Fue construido por Cáritas. La Iglesia católica y el Gobierno llegaron a un acuerdo para que formara parte de la Sanidad Pública. No se aceptan polígamos, ni homosexuales, ni se practican abortos. El salario del doctor Tharcisse es de 400 dólares al mes, lo que gana un médico adscrito a la Sanidad Pública. Pero como el Gobierno carece de medios para pagar a sus médicos, la medicina pública se ha discretamente privatizado en el Congo, y los hospitales, consultorios y centros de salud públicos en verdad no lo son, y sus doctores, enfermeros y administradores cobran a los pacientes. De este modo violan la ley, pero si no lo hicieran, se morirían de hambre. Lo mismo ocurre con los profesores, los funcionarios, los policías, los soldados, y, en general, con todos aquellos que dependen del Presupuesto Nacional, una entelequia que existe en la teoría, no en el mundo real.
Cuando el doctor Tharcisse se repone me explica que, después de las violaciones, la malaria es la causa principal de la mortandad. Muchos desplazados vienen de la altura, donde no hay mosquitos. Cuando bajan a estas tierras, sus organismos, que no han generado anticuerpos, son víctimas de las picaduras, y las fiebres palúdicas los diezman. También el cólera, la fiebre amarilla, las infecciones. "Son organismos débiles, desnutridos, sin defensas". Vivir día y noche en el corazón del horror no ha resecado el corazón de este congoleño. Es sensible, generoso y sufre con el piélago de desesperación que lo rodea. Desde la pequeña explanada de las afueras del hospital divisamos el horizonte de chozas donde se apiñan decenas de miles de refugiados condenados a una muerte lenta. "La medicina que todo el Congo necesita tomar es la tolerancia", murmura. Me estira la mano. No puede perder más tiempo. La lucha contra la barbarie no le da tregua.
II - LOS PIGMEOS. Debo a los pigmeos de Kivu Norte haberme librado de caer en manos de las milicias rebeldes tutsis del general Laurent Nkunda la noche del 25 de octubre de 2008. Yo había llegado el día anterior a Goma, la capital de Kivu Norte, y mis amigos de Médicos Sin Fronteras, gracias a los cuales he podido hacer este viaje, me habían organizado un viaje a Rutshuru (a tres o cuatro horas de esta ciudad) para visitar un hospital construido y administrado por MSF, que presta servicios a una gran concentración de desplazados y víctimas de toda la zona. La víspera de la partida, mi hijo Gonzalo, que trabaja en el ACNUR, me telefoneó desde Nueva York para decirme que sus colegas en el Congo me tenían prevista, para la mañana siguiente, una visita a un campo de pigmeos desplazados en las afueras de Goma. Aplacé un día el viaje a Rutshuru y, por culpa del general Nkunda, que ocupó aquella noche ese lugar, ya no pude hacerlo.
Los pigmeos, pese a ser la más antigua etnia congoleña, son los parientes pobres de todas las demás, discriminados y maltratados por unas y por otras. Fieles al prejuicio tradicional contra el otro, el que es distinto, leyendas y habladurías malevolentes les atribuyen vicios, crueldades, perversiones, como a los gitanos en tantos países de Europa. Por eso, en una sociedad sin ley, corroída por la violencia, las luchas cainitas, las invasiones, la corrupción y las matanzas, los pigmeos son las víctimas de las víctimas, los que más sufren. Basta echarles una mirada para saberlo.
El campo de Hewa Bora (Aire Bello), a una decena de kilómetros de Goma, acaba de formarse. Está en un suelo pedregoso y volcánico, de tierra negra, y parece increíble que en lugar tan inhóspito las 675 personas que han llegado hasta aquí, hace un par de meses, desde Mushaki, huyendo de las milicias de Laurent Nkunda, hayan podido hacer algunos cultivos, de mandioca y arvejas. Nos reciben cantando y bailando a manera de bienvenida: pequeñitos, enclenques, arrugados, cubiertos de harapos, muchos de ellos descalzos, con niños que son puro ojos y huesos y las grandes barrigas que producen los parásitos. Su baile y su canto, tan tristes como sus caras, recuerdan las canciones de los Andes con que se despide a los muertos. Aunque con cierta dificultad, varios de los dirigentes hablan francés. (Es una de las pocas consecuencias positivas de la colonización: una lengua general que permite comunicarse a la gran mayoría de los congoleses, en un país donde los idiomas y dialectos regionales se cuentan por decenas).
Escaparon de Mushaki cuando las milicias rebeldes atacaron la aldea matando a varios vecinos. Piden plásticos, pues las chozas que han levantado -con varillas flexibles de bambú, atadas con lianas, de un metro de altura más o menos, sobre el suelo desnudo y con techos de hojas- se inundan con las lluvias, que acaban de comenzar. Piden medicinas, piden una escuela, piden comida, piden trabajo, piden seguridad, piden -sobre todo- agua. El agua es muy cara, no tienen dinero para pagar lo que cuestan los bidones de los aguateros. Es una queja que oiré sin cesar en todos los campos de refugiados del Congo en que pongo los pies: no hay agua, cuesta una fortuna, ríos y lagos están contaminados y los que beben en ellos se enferman. Las personas que me acompañan, del ACNUR y de Médicos Sin Fronteras, toman notas, piden precisiones, hacen cálculos. Después, conversando con ellos, comprobaré la sensación de impotencia que a veces los embarga. ¿Cómo hacer frente a las necesidades elementales de esta muchedumbre de víctimas? ¿Cuántos más morirán de inanición? La crisis financiera que sacude el planeta ha encogido todavía más los magros recursos con que cuentan.
En el campo de Bulengo, que visito luego del de Hewa Bora, veo las raciones de alimentos, mínimas, que distribuyen a los refugiados. Un voluntario de Unicef me dice, la voz traspasada: "Tal como van las cosas con la crisis, todavía tendremos que disminuirlas". Médicos, enfermeros y ayudantes de las organizaciones humanitarias son gentes jóvenes, idealistas, que hacen un trabajo difícil, en condiciones intolerables, a quienes la magnitud de la tragedia que tratan de aliviar por momentos los abruma. Lo que más los entristece es la indiferencia casi general, en el mundo de donde vienen, el de los países más ricos y poderosos de la Tierra, por la suerte del Congo. Nadie lo dice, pero muchos han llegado, en efecto, en Occidente a la conclusión de que los males del Congo no tienen remedio.
Bulengo fue en 1994 el campamento del Ejército ruandés hutu que invadió el Congo después de perpetrar la matanza de cientos de miles de tutsis en el vecino país. Ahora es el eje de un complejo de 16 campos de desplazados y refugiados que con ayuda de la Unión Europea y de las organizaciones humanitarias da refugio a unas trece mil personas. Éstas pertenecen a diferentes grupos étnicos que conviven aquí sin asperezas. Aunque Bulengo está mucho más asentado y organizado que el de Hewa Bora, la calidad de vida es ínfima. Las chozas y locales, muy precarios, están atestados y por doquier se advierte desnutrición, miseria, suciedad, desánimo. La nota de vida la ponen muchos niños, que juegan, correteándose. Varios de ellos son mutilados. Converso con un chiquillo de unos 10 o 12 años que, pese a tener una sola pierna, salta y brinca con mucha agilidad. Me cuenta que los soldados entraron a su aldea de noche, disparando, y que a él la bala lo alcanzó cuando huía. La herida se le gangrenó por falta de asistencia, y cuando su madre lo llevó a la Asistencia Pública, en Goma, tuvieron que amputársela.
En Bulengo hay 48 familias de pigmeos, que, aparte de las protestas que ya hemos oído en Hewa Bora, aquí se quejan de que la escuela es muy cara: cobran 500 francos congoleños mensuales por alumno. La educación pública es, en teoría, gratuita, pero, como los profesores no reciben salarios, han privatizado la enseñanza, una medida tácitamente aceptada por el Gobierno en todo el país. En muchos lugares son los padres de familia los que mantienen las escuelas -las construyen, las limpian, las protegen y aseguran un salario a los profesores-, pero aquí, en los campos de refugiados, todos son insolventes, de modo que si se ven obligados a pagar por los estudios, sus hijos dejarán de ir a la escuela o ésta se quedará sin maestros.
En el campo hay muchos desertores de las milicias rebeldes. Uno de ellos me cuenta su historia. Fue secuestrado en su pueblo con varios otros jóvenes de su edad cuando los hombres de Laurent Nkunda lo ocuparon. Les dieron instrucción militar, un uniforme y un arma. La disciplina era feroz. Entre los castigos figuraban los latigazos, las mutilaciones de miembros (manos, pies) y, en caso de delación o intento de fuga, la muerte a machetazos. Me confirmó que muchos soldados del Ejército congoleño vendían sus armas a los rebeldes. Se escapó una noche, harto de vivir con tanto miedo, y estuvo una semana en la jungla, alimentándose de yerbas, hasta llegar aquí. En su pueblo, donde era campesino, tenía mujer y cuatro hijos, de los que no ha vuelto a saber nada porque el pueblo ya no existe. Todos los vecinos huyeron o murieron. Le pregunto qué le gustaría hacer en la vida si las cosas mejoraran en el Congo, y me responde, después de cavilar un rato: "No lo sé". No es de extrañar. En Bulango, como en Hewa Bora y en los campos de desplazados de Minova, la actitud más frecuente en quienes están confinados allí, y pasan las horas del día tumbados en la tierra, sin moverse casi por la debilidad o la desesperanza, es la apatía, la pérdida del instinto vital. Ya no esperan nada, vegetan, repitiendo de manera mecánica sus quejas -plásticos, medicinas, agua, escuelas- cuando llegan visitantes, sabiendo muy bien que eso tampoco servirá para nada. Muchísimos de ellos están ya más muertos que vivos y, lo peor, lo saben. Los campos son indispensables, sin duda, pero sólo si funcionan como un tránsito para la reincorporación a la vida activa, con oportunidades y trabajo. Si no, quienes los pueblan están condenados a una existencia atroz, parásita, que los desmoraliza y anula. Y éste es quizás el más terrible espectáculo que ofrece el Congo oriental: el de decenas de miles de hombres y mujeres a los que la violencia y la miseria han reducido poco menos que a la condición de zombies.

III - EL GALIMATÍAS CONGOLEÑO. Y, sin embargo, se trata de un país muy rico, con minas de zinc, de cobre, de plata, de oro, del ahora codiciado coltán, con un enorme potencial agrícola, ganadero y agroindustrial. ¿Qué le hace falta para aprovechar sus incontables recursos? Cosas por ahora muy difíciles de alcanzar: paz, orden, legalidad, instituciones, libertad. Nada de ello existe ni existirá en el Congo por buen tiempo. Las guerras que lo sacuden han dejado hace tiempo de ser ideológicas (si alguna vez lo fueron) y sólo se explican por rivalidades étnicas y codicia de poder de caudillos y jefezuelos regionales o la avidez de los países vecinos (Ruanda, Uganda, Angola, Burundi, Zambia) por apoderarse de un pedazo del pastel minero congoleño. Pero ni siquiera los grupos étnicos constituyen formaciones sólidas, muchos se han dividido y subdividido en facciones, buena parte de las cuales no son más que bandas armadas de forajidos que matan y secuestran para robar.
Con la hipocresia y la mediocridad que reina en todos lados, medios y politicos que nos quieren hacer creer que la guerra es la unica solucion posible, paises que reclaman el alto el fuego en Medio Oriente y al mismo tiempo basan sus economias en la fabricacion de armas y tienen politicas antiabortitas leer cronicas como las de Vargas Llosa nos sacuden de la estupidez cotidiana y traen algo de coherencia. Aunque no van a leer nada distinto de lo que leen habitualmente en este blog tomense diez minutos y reflexionen.

I - EL MÉDICO. "El problema número uno del Congo son las violaciones", dice el doctor Tharcisse. "Matan a más mujeres que el cólera, la fiebre amarilla y la malaria. Cada bando, facción, grupo rebelde, incluido el Ejército, donde encuentra una mujer procedente del enemigo, la viola. Mejor dicho, la violan. Dos, cinco, diez, los que sean. Aquí, el sexo no tiene nada que ver con el placer, sólo con el odio. Es una manera de humillar y desmoralizar al adversario. Aunque hay a veces violaciones de niños, el 99% de las víctimas de abuso sexual son mujeres. A los niños prefieren raptarlos para enseñarles a matar. Hay muchos miles de niños soldado por todo el Congo".
Estamos en el hospital de Minova, una aldea en la orilla occidental del lago Kivu, un rincón de gran belleza natural -había nenúfares de flores malvas en la playita en la que desembarcamos- y de indescriptibles horrores humanos. Según el doctor Tharcisse, director del centro, el terror que las violaciones han inoculado en las mujeres explica los desplazamientos frenéticos de poblaciones en todo el Congo oriental. "Apenas oyen un tiro o ven hombres armados salen despavoridas, con sus niños a cuestas, abandonando casas, animales, sembríos". El doctor es experto en el tema, Minova está cercada por campos que albergan decenas de miles de refugiados. "Las violaciones son todavía peor de lo que la palabra sugiere", dice bajando la voz. "A este consultorio llegan a diario mujeres, niñas, violadas con bastones, ramas, cuchillos, bayonetas. El terror colectivo es perfectamente explicable".
Ejemplos recientes. El más notable, una mujer de 87 años, violada por 10 hombres. Ha sobrevivido. Otra, de 69, estuprada por tres militares, tenía en la vagina un pedazo de sable. Lleva dos meses a su cuidado y sus heridas aún no cicatrizan. Casi se le va la voz cuando me cuenta de una chiquilla de 15 años a la que cinco "interahamwe" (milicia hutu que perpetró el genocidio de tutsis en Ruanda, en 1994, y luego huyó al Congo, donde ahora apoya al Ejército del Gobierno del presidente Kabila) raptaron y tuvieron en el bosque cinco meses, de mujer y esclava. Cuando la vieron embarazada la echaron. Ella volvió donde su familia, que la echó también porque no quería que naciera en la casa un "enemigo". Desde entonces vive en un refugio de mujeres y ha rechazado la propuesta de un pariente de matar a su futuro hijo para que así la familia pueda recibirla. La letanía de historias del doctor Tharcisse me produce un vértigo cuando me refiere el caso de una madre y sus dos hijas violadas hace pocos días en la misma aldea por un puñado de milicianos. La niña mayor, de 10 años, murió. La menor, de 5, ha sobrevivido, pero tiene las caderas aplastadas por el peso de sus violadores. El doctor Tharcisse rompe en llanto.
Es un hombre todavía joven, de familia humilde, que se costeó sus estudios de medicina trabajando como ayudante de un pesquero y en una oficina comercial en Kitangani. Lleva dos años sin ver a su familia, que está a miles de kilómetros, en Kinshasa. El hospital, de 50 camas y 8 enfermeras, moderno y bien equipado, recibe medicinas de Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias, pero es insuficiente para la abrumadora demanda que tiene al doctor Tharcisse y a sus ayudantes trabajando 12 y hasta 14 horas diarias, 7 días por semana. Fue construido por Cáritas. La Iglesia católica y el Gobierno llegaron a un acuerdo para que formara parte de la Sanidad Pública. No se aceptan polígamos, ni homosexuales, ni se practican abortos. El salario del doctor Tharcisse es de 400 dólares al mes, lo que gana un médico adscrito a la Sanidad Pública. Pero como el Gobierno carece de medios para pagar a sus médicos, la medicina pública se ha discretamente privatizado en el Congo, y los hospitales, consultorios y centros de salud públicos en verdad no lo son, y sus doctores, enfermeros y administradores cobran a los pacientes. De este modo violan la ley, pero si no lo hicieran, se morirían de hambre. Lo mismo ocurre con los profesores, los funcionarios, los policías, los soldados, y, en general, con todos aquellos que dependen del Presupuesto Nacional, una entelequia que existe en la teoría, no en el mundo real.
Cuando el doctor Tharcisse se repone me explica que, después de las violaciones, la malaria es la causa principal de la mortandad. Muchos desplazados vienen de la altura, donde no hay mosquitos. Cuando bajan a estas tierras, sus organismos, que no han generado anticuerpos, son víctimas de las picaduras, y las fiebres palúdicas los diezman. También el cólera, la fiebre amarilla, las infecciones. "Son organismos débiles, desnutridos, sin defensas". Vivir día y noche en el corazón del horror no ha resecado el corazón de este congoleño. Es sensible, generoso y sufre con el piélago de desesperación que lo rodea. Desde la pequeña explanada de las afueras del hospital divisamos el horizonte de chozas donde se apiñan decenas de miles de refugiados condenados a una muerte lenta. "La medicina que todo el Congo necesita tomar es la tolerancia", murmura. Me estira la mano. No puede perder más tiempo. La lucha contra la barbarie no le da tregua.
II - LOS PIGMEOS. Debo a los pigmeos de Kivu Norte haberme librado de caer en manos de las milicias rebeldes tutsis del general Laurent Nkunda la noche del 25 de octubre de 2008. Yo había llegado el día anterior a Goma, la capital de Kivu Norte, y mis amigos de Médicos Sin Fronteras, gracias a los cuales he podido hacer este viaje, me habían organizado un viaje a Rutshuru (a tres o cuatro horas de esta ciudad) para visitar un hospital construido y administrado por MSF, que presta servicios a una gran concentración de desplazados y víctimas de toda la zona. La víspera de la partida, mi hijo Gonzalo, que trabaja en el ACNUR, me telefoneó desde Nueva York para decirme que sus colegas en el Congo me tenían prevista, para la mañana siguiente, una visita a un campo de pigmeos desplazados en las afueras de Goma. Aplacé un día el viaje a Rutshuru y, por culpa del general Nkunda, que ocupó aquella noche ese lugar, ya no pude hacerlo.Los pigmeos, pese a ser la más antigua etnia congoleña, son los parientes pobres de todas las demás, discriminados y maltratados por unas y por otras. Fieles al prejuicio tradicional contra el otro, el que es distinto, leyendas y habladurías malevolentes les atribuyen vicios, crueldades, perversiones, como a los gitanos en tantos países de Europa. Por eso, en una sociedad sin ley, corroída por la violencia, las luchas cainitas, las invasiones, la corrupción y las matanzas, los pigmeos son las víctimas de las víctimas, los que más sufren. Basta echarles una mirada para saberlo.
El campo de Hewa Bora (Aire Bello), a una decena de kilómetros de Goma, acaba de formarse. Está en un suelo pedregoso y volcánico, de tierra negra, y parece increíble que en lugar tan inhóspito las 675 personas que han llegado hasta aquí, hace un par de meses, desde Mushaki, huyendo de las milicias de Laurent Nkunda, hayan podido hacer algunos cultivos, de mandioca y arvejas. Nos reciben cantando y bailando a manera de bienvenida: pequeñitos, enclenques, arrugados, cubiertos de harapos, muchos de ellos descalzos, con niños que son puro ojos y huesos y las grandes barrigas que producen los parásitos. Su baile y su canto, tan tristes como sus caras, recuerdan las canciones de los Andes con que se despide a los muertos. Aunque con cierta dificultad, varios de los dirigentes hablan francés. (Es una de las pocas consecuencias positivas de la colonización: una lengua general que permite comunicarse a la gran mayoría de los congoleses, en un país donde los idiomas y dialectos regionales se cuentan por decenas).
Escaparon de Mushaki cuando las milicias rebeldes atacaron la aldea matando a varios vecinos. Piden plásticos, pues las chozas que han levantado -con varillas flexibles de bambú, atadas con lianas, de un metro de altura más o menos, sobre el suelo desnudo y con techos de hojas- se inundan con las lluvias, que acaban de comenzar. Piden medicinas, piden una escuela, piden comida, piden trabajo, piden seguridad, piden -sobre todo- agua. El agua es muy cara, no tienen dinero para pagar lo que cuestan los bidones de los aguateros. Es una queja que oiré sin cesar en todos los campos de refugiados del Congo en que pongo los pies: no hay agua, cuesta una fortuna, ríos y lagos están contaminados y los que beben en ellos se enferman. Las personas que me acompañan, del ACNUR y de Médicos Sin Fronteras, toman notas, piden precisiones, hacen cálculos. Después, conversando con ellos, comprobaré la sensación de impotencia que a veces los embarga. ¿Cómo hacer frente a las necesidades elementales de esta muchedumbre de víctimas? ¿Cuántos más morirán de inanición? La crisis financiera que sacude el planeta ha encogido todavía más los magros recursos con que cuentan.
En el campo de Bulengo, que visito luego del de Hewa Bora, veo las raciones de alimentos, mínimas, que distribuyen a los refugiados. Un voluntario de Unicef me dice, la voz traspasada: "Tal como van las cosas con la crisis, todavía tendremos que disminuirlas". Médicos, enfermeros y ayudantes de las organizaciones humanitarias son gentes jóvenes, idealistas, que hacen un trabajo difícil, en condiciones intolerables, a quienes la magnitud de la tragedia que tratan de aliviar por momentos los abruma. Lo que más los entristece es la indiferencia casi general, en el mundo de donde vienen, el de los países más ricos y poderosos de la Tierra, por la suerte del Congo. Nadie lo dice, pero muchos han llegado, en efecto, en Occidente a la conclusión de que los males del Congo no tienen remedio.
Bulengo fue en 1994 el campamento del Ejército ruandés hutu que invadió el Congo después de perpetrar la matanza de cientos de miles de tutsis en el vecino país. Ahora es el eje de un complejo de 16 campos de desplazados y refugiados que con ayuda de la Unión Europea y de las organizaciones humanitarias da refugio a unas trece mil personas. Éstas pertenecen a diferentes grupos étnicos que conviven aquí sin asperezas. Aunque Bulengo está mucho más asentado y organizado que el de Hewa Bora, la calidad de vida es ínfima. Las chozas y locales, muy precarios, están atestados y por doquier se advierte desnutrición, miseria, suciedad, desánimo. La nota de vida la ponen muchos niños, que juegan, correteándose. Varios de ellos son mutilados. Converso con un chiquillo de unos 10 o 12 años que, pese a tener una sola pierna, salta y brinca con mucha agilidad. Me cuenta que los soldados entraron a su aldea de noche, disparando, y que a él la bala lo alcanzó cuando huía. La herida se le gangrenó por falta de asistencia, y cuando su madre lo llevó a la Asistencia Pública, en Goma, tuvieron que amputársela.
En Bulengo hay 48 familias de pigmeos, que, aparte de las protestas que ya hemos oído en Hewa Bora, aquí se quejan de que la escuela es muy cara: cobran 500 francos congoleños mensuales por alumno. La educación pública es, en teoría, gratuita, pero, como los profesores no reciben salarios, han privatizado la enseñanza, una medida tácitamente aceptada por el Gobierno en todo el país. En muchos lugares son los padres de familia los que mantienen las escuelas -las construyen, las limpian, las protegen y aseguran un salario a los profesores-, pero aquí, en los campos de refugiados, todos son insolventes, de modo que si se ven obligados a pagar por los estudios, sus hijos dejarán de ir a la escuela o ésta se quedará sin maestros.
En el campo hay muchos desertores de las milicias rebeldes. Uno de ellos me cuenta su historia. Fue secuestrado en su pueblo con varios otros jóvenes de su edad cuando los hombres de Laurent Nkunda lo ocuparon. Les dieron instrucción militar, un uniforme y un arma. La disciplina era feroz. Entre los castigos figuraban los latigazos, las mutilaciones de miembros (manos, pies) y, en caso de delación o intento de fuga, la muerte a machetazos. Me confirmó que muchos soldados del Ejército congoleño vendían sus armas a los rebeldes. Se escapó una noche, harto de vivir con tanto miedo, y estuvo una semana en la jungla, alimentándose de yerbas, hasta llegar aquí. En su pueblo, donde era campesino, tenía mujer y cuatro hijos, de los que no ha vuelto a saber nada porque el pueblo ya no existe. Todos los vecinos huyeron o murieron. Le pregunto qué le gustaría hacer en la vida si las cosas mejoraran en el Congo, y me responde, después de cavilar un rato: "No lo sé". No es de extrañar. En Bulango, como en Hewa Bora y en los campos de desplazados de Minova, la actitud más frecuente en quienes están confinados allí, y pasan las horas del día tumbados en la tierra, sin moverse casi por la debilidad o la desesperanza, es la apatía, la pérdida del instinto vital. Ya no esperan nada, vegetan, repitiendo de manera mecánica sus quejas -plásticos, medicinas, agua, escuelas- cuando llegan visitantes, sabiendo muy bien que eso tampoco servirá para nada. Muchísimos de ellos están ya más muertos que vivos y, lo peor, lo saben. Los campos son indispensables, sin duda, pero sólo si funcionan como un tránsito para la reincorporación a la vida activa, con oportunidades y trabajo. Si no, quienes los pueblan están condenados a una existencia atroz, parásita, que los desmoraliza y anula. Y éste es quizás el más terrible espectáculo que ofrece el Congo oriental: el de decenas de miles de hombres y mujeres a los que la violencia y la miseria han reducido poco menos que a la condición de zombies.

III - EL GALIMATÍAS CONGOLEÑO. Y, sin embargo, se trata de un país muy rico, con minas de zinc, de cobre, de plata, de oro, del ahora codiciado coltán, con un enorme potencial agrícola, ganadero y agroindustrial. ¿Qué le hace falta para aprovechar sus incontables recursos? Cosas por ahora muy difíciles de alcanzar: paz, orden, legalidad, instituciones, libertad. Nada de ello existe ni existirá en el Congo por buen tiempo. Las guerras que lo sacuden han dejado hace tiempo de ser ideológicas (si alguna vez lo fueron) y sólo se explican por rivalidades étnicas y codicia de poder de caudillos y jefezuelos regionales o la avidez de los países vecinos (Ruanda, Uganda, Angola, Burundi, Zambia) por apoderarse de un pedazo del pastel minero congoleño. Pero ni siquiera los grupos étnicos constituyen formaciones sólidas, muchos se han dividido y subdividido en facciones, buena parte de las cuales no son más que bandas armadas de forajidos que matan y secuestran para robar.
Muchas minas están ahora en manos de esas bandas, milicias o del propio Ejército del Congo. Los minerales se extraen con trabajo esclavo de prisioneros que no reciben salarios y viven en condiciones inhumanas. Esos minerales vienen a llevárselos traficantes extranjeros, en avionetas y aviones clandestinos. Un funcionario de la ONU que conocí en Goma me aseguró: "Se equivoca si cree que el caos del Congo está en la tierra. Lo que ocurre en el aire es todavía peor". Porque tampoco en las alturas hay ley o reglamento que se respete. Como la mayoría de vuelos son ilegales, el número de accidentes aéreos, el más alto del mundo, es terrorífico: 56 entre julio de 2007 y julio de 2008. Por esa razón ninguna compañía aérea congoleña es admitida en los aeropuertos de Europa.
Como el principal recurso del país, el minero, se lo reparten los traficantes y los militares, el Estado congoleño carece de recursos, y esto generaliza la corrupción. Los funcionarios se valen de toda clase de tráficos para sobrevivir. Militares y policías tienden árboles en los caminos y cobran imaginarios peajes. A Juan Carlos Tomasi, el fotógrafo que nos acompaña, cada vez que saca sus cámaras alguien viene con la mano estirada a cobrarle un fantástico "derecho a la imagen". (Pero él es un experto en estas lides y discute y argumenta sin dejarse chantajear). Para viajar de Kinshasa a Goma debemos, antes de trepar al avión, desfilar por cinco mesas, alineadas una junto a la otra, donde se expenden ¡visas para viajar dentro del país!
No es verdad que la comunidad internacional no haya intervenido en el Congo. La Misión de las Naciones Unidas en el Congo (MONUC) es la más importante operación que haya emprendido nunca la organización internacional. La Fuerza de Paz de la ONU en el Congo cuenta con 17.000 soldados, de un abanico de nacionalidades, y unos 1.500 civiles. Sólo en Goma hay militares de Uruguay, India, África del Sur y Malaui. Visité el campamento del batallón uruguayo y conversé con su jefe, el amable coronel Gaspar Barrabino, y varios oficiales de su Estado Mayor. Todos ellos tenían un conocimiento serio de la enrevesada problemática del país. La inoperancia de que son acusados se debe, en realidad, a las limitaciones, a primera vista incomprensibles, que las propias Naciones Unidas han impuesto a su trabajo.
Las milicias de Laurent Nkunda, luego de capturar Rutshuru, comenzaron a avanzar hacia Goma, donde el Ejército congoleño huyó en desbandada. La población de la capital de Kivu Norte, entonces, enfurecida, fue a apedrear los campamentos de la Fuerza de Paz de la ONU (y, de paso, los locales y vehículos de las organizaciones humanitarias), acusándolos de cruzarse de brazos y de dejar inerme a la población civil ante los milicianos.
Pero el coronel Barrabino me explicó que la Fuerza de Paz, creada en 1999, según prescripciones estrictas del Consejo de Seguridad, está en el Congo para vigilar que se cumplan los acuerdos firmados en Lusaka que ponían fin a las hostilidades entre las distintas fuerzas rivales, y con prohibición expresa de intervenir en lo que se consideran luchas internas congoleñas. Esta disposición condena a las fuerzas militares de la ONU a la impotencia, salvo en el caso de ser atacadas. Sería muy distinto si el mandato recibido por la Fuerza de Paz consistiera en asegurar el cumplimiento de aquellos acuerdos utilizando, en caso extremo, la propia fuerza contra quienes los incumplen. Pero, por razones no del todo incomprensibles, el Consejo de Seguridad ha optado por esta bizantina fórmula, una manera diplomática de no tomar partido en semejante conflicto, un galimatías, en efecto, en el que es difícil, por decir lo menos, establecer claramente a quién asiste la justicia y la razón y a quién no. No tengo la menor simpatía por el rebelde Laurent Nkunda, y probablemente es falso que la razón de ser de su rebeldía sea sólo la defensa de los tutsis congoleños, para quienes los hutus ruandeses, armados y asociados con el Gobierno, constituyen una amenaza potencial. Pero ¿representan las Fuerzas Armadas del presidente Kabila una alternativa más respetable? La gente común y corriente les tiene tanto o más miedo que a las bandas de milicianos y rebeldes, porque los soldados del Gobierno los atracan, violan, secuestran y matan, al igual que las facciones rebeldes y los invasores extranjeros. Tomar partido por cualquiera de estos adversarios es privilegiar una injusticia sobre otra. Y lo mismo se podría decir de casi todas las oposiciones, rivalidades y banderías por las que se entrematan los congoleños. Es difícil, cuando uno visita el Congo, no recordar la tremenda exclamación de Kurz, el personaje de Conrad, en El corazón de las tinieblas: "¡Ah, el horror! ¡El horror!"
IV - LOS POETAS. Y sin embargo, pese a ese entorno, conocí a muchos congoleños que, sin dejarse abatir por circunstancias tan adversas, resistían el horror, como el doctor Tharcisse, en Minova. Placide Clement Mananga, en Boma, que recoge y guarda todos los papeles y documentos viejos que encuentra para que la amnesia histórica no se apodere de su ciudad natal (él sabe que el olvido puede ser una forma de barbarie). O Émile Zola, el director del Museo de Kinshasa, combatiendo contra las termitas para que no devoren el patrimonio etnológico allí reunido. A esta estirpe de congoleños valerosos, que luchan por un Congo civilizado y moderno, pertenecen los Poétes du Renouveau (Poetas de la Renovación), de Lwemba, un distrito popular de Kinshasa. Son cerca de una treintena, una mujer entre ellos, y aunque todos escriben poesía, algunos son también dramaturgos, cuentistas y periodistas.
Además del francés, la colonización belga dejó asimismo a los congoleses la religión católica. En el país hay también protestantes -vi iglesias evangélicas de todas las denominaciones-, musulmanes -en la región oriental- y varias religiones autóctonas, la mayor de las cuales es el kimbanguismo, así llamada por su fundador, Simon Kimbangu, enraizada sobre todo en el Bajo Congo. Pero, pese a la hostilidad que desencadenó contra ella el dictador Mobutu, a quien hizo oposición, la católica parece, de lejos, la más extendida e influyente. Iglesias y centros católicos son los focos principales de la vida cultural del país.
Los Poétes du Renouveau se reúnen en la iglesia de San Agustín, donde tienen una pequeña biblioteca, una imprenta y una amplia sala para recitales y charlas. Publican desde hace algunos años unas ediciones populares de poesía que venden a precio de coste y a veces regalan. Empeñados en que la poesía llegue a todo el mundo, se desplazan a menudo a dar recitales y conferencias literarias por toda la región. Asisto a un interesante encuentro, de varias horas, en el que discuten temas literarios y políticos. El francés que escriben y hablan los congoleños es cálido, cadencioso, demorado y, a ratos, tropical. Haciendo de diablo predicador, provoco una discusión sobre la colonización belga: ¿qué de bueno y de malo dejó? Para mi sorpresa, en lugar de la cerrada (y merecida) condena que esperaba oír, todos los que hablan, menos uno, aunque sin olvidar las terribles crueldades, la explotación y el saqueo de las riquezas, la discriminación y los prejuicios de que fueron víctimas los nativos, hacen análisis moderados, situando todo lo negativo en un contexto de época que, si no excusa los crímenes y excesos, los explica. Uno de ellos afirma: "El colonialismo es una etapa histórica por la que han pasado casi todos los países del mundo". Lo refuta otro, que lanza una durísima requisitoria contra lo ocurrido en el Congo durante el casi siglo y medio de dominio belga. Le responde un joven que se presenta como "teólogo y poeta" con una única pregunta: "¿Y qué hemos hecho nosotros, los congoleños, con nuestro país desde que en 1960 nos independizamos de los belgas?".
Mario Vargas Llosa
Fotos Juan Carlos Tomassi.
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