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16.7.13

Sarcoma de Kaposi



Em Moçambique, a luta contra a Aids é diária: cerca de 11,5% da população do litoral sul do país africano estão vivendo com o vírus. Muitas dessas pessoas sofrem com complicações relacionadas à sua condição, como o sarcoma de Kaposi, um tipo de câncer que causa lesões dolorosas que podem desfigurar sua pele. Em Maputo, capital do país, MSF atua em parceria com o Ministério da Saúde para tratar pacientes que sofrem com complicações com essa.

Na tumultuada região de Chamanculo, em Maputo, a organização humanitária internacional Médicos Sem Fronteiras (MSF) está oferecendo cuidados de saúde gratuitos no Centro de Referência do Alto-Maé (CRAM). O CRAM opera como instalação intermediária entre a principal área do hospital e o centro de saúde primária. Oferece suporte técnico e habilidades à unidade de cuidados de saúde primária no manejo de pessoas com HIV/Aids que apresentem complicações. O CRAM também alivia a pressão sobre o hospital, uma vez que dá vazão à sobrecarga de pessoas. 

No CRAM, há uma unidade de quimioterapia que trata pessoas com o sarcoma de Kaposi. É doloroso para a pessoa afetada e há grande estigma em torno da doença devido às ferimentos que causa à pele. Tais ferimentos são suscetíveis a infecções secundárias, que podem também causar um cheiro adverso.

Embora o tratamento antirretroviral (ARV) seja amplamente acessível na capital urbana de Moçambique, o sarcoma de Kaposi ainda afeta muitas pessoas na região. Isso pode ser consequência da falta de uma detecção precoce da doença: o Kaposi é frequentemente identificado em estágios avançados, quando os pacientes chegam às instalações de cuidados de saúde primária com lesões dolorosas e visíveis. Uma das prioridades de MSF na cidade, além de tratar essa doença desfigurante, é melhorar sua detecção precoce.

Se não fosse pelo CRAM, as pessoas afetadas pelo Kaposi teriam de passar pelos centros de saúde primária da cidade apenas para serem referidas ao hospital, onde talvez precisassem aguardar por horas ou mesmo dias para receber atenção. Não há garantia que nenhuma das instalações estariam equipadas para lidar com esse tipo de complicação, à medida que as habilidades técnicas, ferramentas e medicamentos podem estar em falta nas estruturas de saúde em Moçambique. No CRAM, centenas de pessoas que sofrem com complicações relacionadas à Aids, como o Kaposi, tratamentos fracassados ou coinfecção, são atendidas por profissionais de saúde a cada mês. Atualmente, 400 pessoas com o sarcoma de Kaposi estão sendo tratadas no estabelecimento.

Abaixo, uma pessoa em tratamento para o sarcoma de Kaposi conta sua história:
 
 
Angelina*, 34

“Eu comecei o tratamento em 2007 em outro centro de saúde no norte. Fui transferida de lá para o centro de referência. Quando comecei o tratamento, os ferimentos em minhas pernas machucavam muito. Mas me sinto bem melhor do que antes; não tenho mais dores, mas sinto coceiras o tempo todo. Algumas vezes, eu acordo no meio da noite com a sensação e não consigo mais dormir. Já tive ferimentos em minha pele causados por infecções secundárias ao HIV. Já aconteceu de eu cocá-los a ponto de ver a nova camada de pele embaixo deles. A pele voa como poeira.

Em casa, uso roupas normais, mas nas ruas, ou se vou usar transporte público, me cubro; uso mangas compridas e saias longas por causa das pessoas. Perguntam-me ‘o que você tem?’ e eu não gosto mesmo disso. No ônibus, as pessoas perguntariam sobre a minha condição – com toda a minha explicação, as pessoas saberiam, de toda forma, que é ‘aquela doença’, como nos chamamos – HIV. Minha família sabe que tenho a doença, meu marido, meus primos e amigos, e eles podem me ajudar se eu precisar deles. 
O tratamento não é difícil. É difícil para aqueles que não querem ser tratados. Mas para alguém que quer ser tratado ou quer cuidar de seus filhos, não é. Tenho três filhos em casa. Se você tem uma família para cuidar, você tem de se tratar e melhorar.”

*O nome foi alterado para proteger a privacidade 

30.6.13

Elogio de Nelson Mandela



Nelson Mandela, el político más admirable de estos tiempos revueltos, agoniza en un hospital de Pretoria y es probable que cuando se publique este artículo ya haya fallecido, pocas semanas antes de cumplir 95 años y reverenciado en el mundo entero. Por una vez podremos estar seguros de que todos los elogios que lluevan sobre su tumba serán justos, pues el estadista sudafricano transformó la historia de su país de una manera que nadie creía concebible y demostró, con su inteligencia, destreza, honestidad y valentía, que en el campo de la política a veces los milagros son posibles.

Todo aquello se gestó, antes que en la historia, en la soledad de una conciencia, en la desolada prisión de Robben Island, donde Mandela llegó en 1964, a cumplir una pena de trabajos forzados a perpetuidad. Las condiciones en que el régimen del apartheid tenía a sus prisioneros políticos en aquella isla rodeada de remolinos y tiburones, frente a Ciudad del Cabo, eran atroces. Una celda tan minúscula que parecía un nicho o el cubil de una fiera, una estera de paja, un potaje de maíz tres veces al día, mudez obligatoria, media hora de visitas cada seis meses y el derecho de recibir y escribir sólo dos cartas por año, en las que no debía mencionarse nunca la política ni la actualidad. En ese aislamiento, ascetismo y soledad transcurrieron los primeros nueve años de los veintisiete que pasó Mandela en Robben Island.

En vez de suicidarse o enloquecerse, como muchos compañeros de prisión, en esos nueve años Mandela meditó, revisó sus propias ideas e ideales, hizo una autocrítica radical de sus convicciones y alcanzó aquella serenidad y sabiduría que a partir de entonces guiarían todas sus iniciativas políticas. Aunque nunca había compartido las tesis de los resistentes que proponían una “África para los africanos” y querían echar al mar a todos los blancos de la Unión Sudafricana, en su partido, el African National Congress, Mandela, al igual que Sisulu y Tambo, los dirigentes más moderados, estaba convencido de que el régimen racista y totalitario sólo sería derrotado mediante acciones armadas, sabotajes y otras formas de violencia, y para ello formó un grupo de comandos activistas llamado Umkhonto we Sizwe, que enviaba a adiestrarse a jóvenes militantes a Cuba, China Popular, Corea del Norte y Alemania Oriental.



Debió de tomarle mucho tiempo —meses, años— convencerse de que toda esa concepción de la lucha contra la opresión y el racismo en África del Sur era errónea e ineficaz y que había que renunciar a la violencia y optar por métodos pacíficos, es decir, buscar una negociación con los dirigentes de la minoría blanca —un 12% del país que explotaba y discriminaba de manera inicua al 88% restante—, a la que había que persuadir de que permaneciera en el país porque la convivencia entre las dos comunidades era posible y necesaria, cuando Sudáfrica fuera una democracia gobernada por la mayoría negra.

En aquella época, fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, pensar semejante cosa era un juego mental desprovisto de toda realidad. La brutalidad irracional con que se reprimía a la mayoría negra y los esporádicos actos de terror con que los resistentes respondían a la violencia del Estado, habían creado un clima de rencor y odio que presagiaba para el país, tarde o temprano, un desenlace cataclísmico. La libertad sólo podría significar la desaparición o el exilio para la minoría blanca, en especial los afrikáners, los verdaderos dueños del poder. Maravilla pensar que Mandela, perfectamente consciente de las vertiginosas dificultades que encontraría en el camino que se había trazado, lo emprendiera, y, más todavía, que perseverara en él sin sucumbir a la desmoralización un solo momento, y veinte años más tarde, consiguiera aquel sueño imposible: una transición pacífica del apartheid a la libertad, y que el grueso de la comunidad blanca permaneciera en un país junto a los millones de negros y mulatos sudafricanos que, persuadidos por su ejemplo y sus razones, habían olvidado los agravios y crímenes del pasado y perdonado.

Habría que ir a la Biblia, a aquellas historias ejemplares del catecismo que nos contaban de niños, para tratar de entender el poder de convicción, la paciencia, la voluntad de acero y el heroísmo de que debió hacer gala Nelson Mandela todos aquellos años para ir convenciendo, primero a sus propios compañeros de Robben Island, luego a sus correligionarios del Congreso Nacional Africano y, por último, a los propios gobernantes y a la minoría blanca, de que no era imposible que la razón reemplazara al miedo y al prejuicio, que una transición sin violencia era algo realizable y que ella sentaría las bases de una convivencia humana que reemplazaría al sistema cruel y discriminatorio que por siglos había padecido Sudáfrica. Yo creo que Nelson Mandela es todavía más digno de reconocimiento por este trabajo lentísimo, hercúleo, interminable, que fue contagiando poco a poco sus ideas y convicciones al conjunto de sus compatriotas, que por los extraordinarios servicios que prestaría después, desde el Gobierno, a sus conciudadanos y a la cultura democrática.

Hay que recordar que quien se echó sobre los hombros esta soberbia empresa era un prisionero político, que, hasta el año 1973, en que se atenuaron las condiciones de carcelería en Robben Island, vivía poco menos que confinado en una minúscula celda y con apenas unos pocos minutos al día para cambiar palabras con los otros presos, casi privado de toda comunicación con el mundo exterior. Y, sin embargo, su tenacidad y su paciencia hicieron posible lo imposible. Mientras, desde la prisión ya menos inflexible de los años setenta, estudiaba y se recibía de abogado, sus ideas fueron rompiendo poco a poco las muy legítimas prevenciones que existían entre los negros y mulatos sudafricanos y siendo aceptadas sus tesis de que la lucha pacífica en pos de una negociación sería más eficaz y más pronta para alcanzar la liberación.

Pero fue todavía mucho más difícil convencer de todo aquello a la minoría que detentaba el poder y se creía con el derecho divino a ejercerlo con exclusividad y para siempre. Estos eran los supuestos de la filosofía del apartheid que había sido proclamada por su progenitor intelectual, el sociólogo Hendrik Verwoerd, en la Universidad de Stellenbosch, en 1948 y adoptada de modo casi unánime por los blancos en las elecciones de ese mismo año. ¿Cómo convencerlos de que estaban equivocados, que debían renunciar no sólo a semejantes ideas sino también al poder y resignarse a vivir en una sociedad gobernada por la mayoría negra? El esfuerzo duró muchos años pero, al final, como la gota persistente que horada la piedra, Mandela fue abriendo puertas en esa ciudadela de desconfianza y temor, y el mundo entero descubrió un día, estupefacto, que el líder del Congreso Nacional Africano salía a ratos de su prisión para ir a tomar civilizadamente el té de las cinco con quienes serían los dos últimos mandatarios del apartheid: Botha y De Klerk.

Cuando Mandela subió al poder su popularidad en Sudáfrica era indescriptible, y tan grande en la comunidad negra como en la blanca. (Yo recuerdo haber visto, en enero de 1998, en la Universidad de Stellenbosch, la cuna del apartheid, una pared llena de fotos de alumnos y profesores recibiendo la visita de Mandela con entusiasmo delirante). Ese tipo de devoción popular mitológica suele marear a sus beneficiarios y volverlos —Hitler, Stalin, Mao, Fidel Castro— demagogos y tiranos. Pero a Mandela no lo ensoberbeció; siguió siendo el hombre sencillo, austero y honesto de antaño y ante la sorpresa de todo el mundo se negó a permanecer en el poder, como sus compatriotas le pedían. Se retiró y fue a pasar sus últimos años en la aldea indígena de donde era oriunda su familia.

Mandela es el mejor ejemplo que tenemos —uno de los muy escasos en nuestros días— de que la política no es sólo ese quehacer sucio y mediocre que cree tanta gente, que sirve a los pillos para enriquecerse y a los vagos para sobrevivir sin hacer nada, sino una actividad que puede también mejorar la vida, reemplazar el fanatismo por la tolerancia, el odio por la solidaridad, la injusticia por la justicia, el egoísmo por el bien común, y que hay políticos, como el estadista sudafricano, que dejan su país, el mundo, mucho mejor de como lo encontraron.

13.6.13

La última frontera ambiental


Las vacas son una especie de travelcheck para la gente de Chigubo, en Mozambique. A nuestros ojos, parece absurdo que mantengan unos rebaños que apenas usan para labrar los campos sedientos de maíz y mexoeira. A menudo tienen también una función social, tantas vacas tienes, tanto vales en el escalafón social, y llegan a viejos sin probar la carne que tanto les ha costado ver crecer. Pero cuando vives en un territorio cíclicamente asolado por las sequías, donde la economía monetaria no existiría si no hubiera que pagar la gasolina o los libros de texto de los niños, la única manera de movilizar tu patrimonio y tenerlo siempre a mano es que éste tenga cuatro patas y camine contigo hasta la próxima laguna con agua potable, llegado el caso.

"La gente tiene recursos y no lo sabe. Deben pensar en sus hijos y su alimentación, pueden sacrificar una vaca perfectamente para comer. Este es el cambio que tenemos que conseguir hacer ", sostiene el técnico agropecuario estatal. Eso o abrir el grifo del subsuelo y explotar los recursos de otra manera. África Austral se encuentra ante un momento clave en su historia. Podemos mantener un sistema que ha sabido vivir equilibradamente pero donde hay que incorporar muchas mejoras (agua o alimentación, por ejemplo), o bien prepararnos para atravesar la que probablemente sea la última frontera ambiental.

Las empresas occidentales no dejan de encontrar gas natural en Mozambique. El último yacimiento localizado le supondrá asegurar diez años de abastecimiento a Portugal, a través de la empresa GALP. ¿Recuerdan el último viaje de la Reina Sofía por estas latitudes? Probablemente REPSOL no toque el pastel, pero hay que licuar el gas para transportarlo hacia Oriente, la fábrica del mundo, y eso son negocios para la ingeniería patria: entre la americana Anadarko y la italiana ENI invertirán 52.000 millones de euros, en un país con un PIB de 9.500 millones de euros. Todo para poner en valor unas reservas gasísticas de unas dimensiones igual de alucinantes: solo Mozambique tendría tanto de gas como Libia o Kuwait.

Elijan, la píldora azul o la roja. ¿Hay margen para que mejorando la gobernabilidad del país y la rendición de cuentas esos recursos tengan un impacto positivo en el país? El problema es que la historia es tozuda y convertir capital natural en financiero sin producir nada solo hace menos transparentes y democráticos a los países. Con el carbón, de hecho, ya se está viendo qué puede pasar. En Tête ya han comenzado a desplazar a su población por miles a las poca zonas que no serán explotadas pero que tampoco son aptas para la agricultura. Claro que, para eso, el gobierno y los inversionistas japoneses y brasileños ya tienen un plan: el ProSavana desarrollará megaplantaciones de 30-40 mil Ha de soja y maíz para exportación, en una extensión total de 14 millones de Ha, evidentemente sobre las tierras que ahora sirven para la población local. Los desplazamientos de campesinos en Tête, comparados con los que esto provocará en Nacala serán poco más que una excursión de domingo.
Seguramente algunos han elegido ya por el resto. Cambiarán las vacas por un pasaje para ir a trabajar a esos campos de carbón. Alguien llevará una gran tubería de agua y plantará soja, donde ahora se ve bosque, para alimentar a otras vacas que nunca conocerán, pero que comprarán hechas filetes en un supermercado con el sueldo de mineros. Eso si no se contagian de sida en las minas o una facción revolucionaria inaugura una nueva Biafra. Piense un minuto en todo esto y en la última frontera si celebraron el Día del Medio Ambiente.

 Miquel Carrillo (@MiquelCarr) desde Mozambique.

4.3.13

Mama Africa

              
Adonde quiera que estes...como te recordamos! En Mozambique tambien descubrí que cantabas "A luta continua" mezclada con Pata Pata.

19.2.13

El blog solidario

Una pequeña crónica de mi viaje a Chokwe por las inundaciones en clave española (el "Como ya habréis leído" me mata) que se publicó en el Blog Solidario y en algunos otros lugares.

13.2.13

Notas

En fin, luego de algunos días en una ciudad completamente inundada tengo varias notas empezadas, algunas que podría decir que están terminadas, o no, pero también podría decir que ninguna termina aún de dar con lo que quiero o para subir a este blog. Qué hacer entonces, eliminar todo y empezar a escribir todo de vuelta. Lo que tenga que permanecer en este blog, lo que sirva y algunas fotos, seguramente quede; y lo otro volverá a la nada.

4.2.13

Lo que nos dejo enero

A la fin du mois de janvier, de fortes pluies se sont abattues sur l’est de l’Afrique australe et ont provoqué de graves inondations dans la région du fleuve Limpopo. À ce stade, la situation semble la plus critique au Mozambique, où de vastes zones de la province de Gaza restent inondées par le fleuve Limpopo et ses affluents. Les autorités ont donné l’alerte le 22 janvier. Selon les chiffres officiels, environ 240 000 personnes ont été touchées, 146 000 d’entre elles ont trouvé refuge dans presque 30 camps temporaires et 48 personnes sont décédées depuis le 28 janvier.
Le 29 janvier, MSF, qui est présente dans la capitale Maputo avec des programmes contre le VIH/sida, a commencé une mission de reconnaissance dans le sud du Mozambique, à Chokwe, Guija et Xai Xai, quelques-uns des endroits où la situation est la plus grave. A Chokwe, bien que l’eau commence à se retirer, environ 114 000 habitants résident toujours dans dix camps provisoires. Le 29 janvier, une équipe de MSF a évalué la situation à Chaquelane, le plus grand de ces camps qui accueille environ 50 000 déplacés. La plus grave préoccupation concerne l’assainissement, car il n’y a actuellement que 60 latrines.

«Un paysage d’après-guerre»

«La ville de Chokwe donne l’impression d’un paysage d’après-guerre. Dans le centre-ville, il y a des problèmes évidents liés à l’assainissement et à l’hygiène à cause de l’eau stagnante sale et la présence d’animaux morts dans les rues», explique Lucas Molfino, coordinateur médical pour MSF au Mozambique.
Dans les districts de Chokwe, seuls six des 23 centres de santé fonctionnent encore. La plupart des médicaments et le petit matériel médical tel que les pansements ou les seringues ont été détruits. Le ravitaillement est rendu difficile par le fait que de nombreuses rues sont toujours coupées. Même si l’approvisionnement en médicaments antirétroviraux semble assuré, les inondations pourraient affecter les soins pour les personnes vivant avec le VIH/sida. En effet, plus aucune consultation n’est dispensée à Gaza, alors que la province présente la plus forte prévalence du VIH/sida du Mozambique. Jusqu’à ce que le ministère de la Santé puisse reprendre pleinement ses services, une équipe MSF a commencé à dispenser des consultations à l’hôpital pour les habitants qui sont de retour chez eux.

Aussi au Malawi, en Afrique du Sud et au Zimbabwe

Dans le sud du Malawi, des milliers de familles ont été déplacées et vivent maintenant dans des camps, souvent mis en place dans des écoles primaires. Dans le district de Nsanje, MSF a contribué à améliorer l’hygiène et l’accès à l’eau dans les camps en construisant des toilettes et des douches temporaires, en réparant des points d’eau hors d’usage et en menant des actions de sensibilisation sur les mesures d’hygiène. En outre, des produits non-alimentaires, comme du savon, des seaux, des couvertures et des moustiquaires, ont été distribués aux populations déplacées. Les équipes de MSF ont fait don de stocks de médicaments aux agents de santé communautaires locaux. Ces derniers ont vu le nombre de leurs consultations plus que tripler. L’immense majorité des patients sont des enfants de moins de cinq ans qui se plaignent de diarrhées ou de fièvre.
En raison du débordement du fleuve Limpopo, environ 800 personnes ont aussi été évacuées à Musina, en Afrique du Sud. MSF a mis en place une clinique mobile durant les premiers jours de la crise. Au Zimbabwe, pour le moment, les autorités et d’autres acteurs couvrent correctement les besoins de la population touchée par les fortes pluies et MSF a seulement organisé une distribution de couvertures et de seaux dans les villages de Pumula et de Tsholotsho. L’organisation a aussi approvisionné en eau l’hôpital de Beitbridge et une autre clinique pendant deux jours.


14.12.12

Tienes un email

Hola Lucas!
Cómo va todo por Mozambique? Espero que bien.
Te comentó que para el día del médico publicaron tu testimonio en la web de RIMA, te paso el link  

Saludos!



M. B. A. Terceros
Press Officer Médicos Sin Fronteras en Argentina

13.12.12

Of men, Okapi, and rebels

 Viajamos por distintas razones, algunos gustan de las playas, otros de las montañas, algunos van por el turismo sexual otros hacen turismo gastronomico. Para este grupo de amigos, el noreste de la Republica Democratica del Congo les ofrecía un fascinante viaje al mundo de una sociedad pre-agraria. Hace miles pero miles de años nuestros ancestros vivían como viven los Mbuti hoy en día.

4 amigos que se fueron a conocer como viven los pigmeos del Congo, cazaron con ellos, fumaron ganja de una manera muy particular y hasta tuvieron la posibilidad de ver los misteriosos opakis.

Una aventura fascinante, acá completo.



2.10.12

Mozambique rulers celebrate Marxist roots - in style

(Reuters) - It was billed as a celebration of its socialist revolution, but when Mozambique's ruling Frelimo party marked its 50th birthday this week, Marx came a distant second to Money.
Reflecting their anti-colonial, revolutionary roots, Frelimo leaders pointedly chose a venue in the untamed corner of southern Africa where half a century ago guerrillas launched the uprising that would lead to independence from Portugal in 1975.

But beyond the symbolism of the location, in the northern province of Cabo Delgado, the obligatory use of "Comrade" and the AK-47 rifle that still adorns the national flag, everything at the party congress pointed to the huge wealth accruing to the political elite in the fast-growing energy producer.

The venue itself was a lavish complex of VIP reception rooms and cavernous dining areas, set amid a village of apartment units, two on-site banks and a hospital clinic for 2,000 guests.
Just to the north lies the Rovuma Basin, where U.S. energy firm Anadarko and Italy's Eni are exploring some of the world's biggest untapped natural gas reserves - an estimated 130 trillion cubic feet, or enough to supply Western Europe for over a decade.

To some of Mozambique's 23 million people, the talk of "revolutionary war" by Frelimo leader and President Armando Guebuza - known as "Mr. Guebusiness" on account of his huge commercial interests - rings hollow.

"It is absurd to spend $8 million (5 million pounds) on a week-long conference when people are starving a block away," said Rudiger Franck, a hotel owner and Frelimo party member in Pemba, the run-down seaside town that hosted the seven-day jamboree.

"It gives the impression that the party has lost touch with the reality of life for most of its members."

MINING BOOM
Under its first president, U.S.-educated sociologist Eduardo Mondlane, Frelimo struck out on a Marxist course until 1990 when, tired from civil war and under growing pressure from the West, it renounced socialism.
In the last decade, mostly under Guebuza, Mozambique has become a hotbed of foreign mining investment that has lifted economic growth to 7 percent a year and in 2011 made its currency the strongest performer against the dollar.
Brazil's Vale , for instance, has poured $2 billion into a coal mine in the north-western region of Moatize and plans to invest $6.4 billion in the years to come.
Frelimo says all Mozambicans stand to benefit, yet in a country where the average person scrapes by on $400 a year, the opulence of its congress sends a conflicting message.
"This money never reaches the people. It remains in Frelimo's pocket," said Mustagibo Bachir, a Cabo Delgado member of parliament for Renamo, Frelimo's foe during a 16-year post-independence civil war.

Bachir sees a worrying precedent in the handling of the ruby and timber sectors in the north, which remains one of the country's poorest regions.
"Our people still don't have access to water, food or jobs," he said.
Besides Renamo, Frelimo is also facing opposition from the upstart Mozambican Democratic Movement (MDM), run by the 48-year-old mayor of Beira, Mozambique's second city with a population of half a million people.
Analysts say elections due in 2014 are too soon for MDM to make serious headway, but point to its popularity with young, educated and unemployed Mozambicans as a sign that it could become a force to be reckoned with later in the decade.
(Writing by Ed Cropley; Editing by Robin Pomeroy)

28.9.12

Bugging Out

Earlier this year, scientists from Harvard spent two months documenting insects in Mozambique. This was the first step in a long-term project, led by the biologist E. O. Wilson, to survey all life — and then help restore it — in the Gorongosa National Park, which was nearly destroyed by the country’s civil war. To avoid killing his portrait subjects, one of the entomologists, Piotr Naskrecki, built an open-air studio of white fabric that the bugs were free to flee if they wanted. Some did, forcing Naskrecki to chase them down. Others stayed — perhaps out of curiosity. ‘‘They will look at you, they will judge you,’’ he says. ‘‘They were very suspicious of the camera, and they were very wary of me. I’m sure that none of these animals had ever seen a human. They did not know what to make of us.’’
 
Julie Bosman
 
 
  • INSECT SPECIES RECORDED IN MOZAMBIQUE PROJECT: ABOUT 1,000
  • INSECT SPECIES SEEN: AS MANY AS 3,000
  • SPECIES OF ANTS RECORDED: MORE THAN 200
  • SPECIES OF ANTS RECORDED IN THE COUNTRY BEFORE THE TRIP: 50
  •  

    27.9.12

    Kok Nam: los ojos de Mozambique



    "...La fotografía de Kok Nam está llena de fuerza, dramatismo y denuncia, pero sin caer en el moralismo. Tampoco olvida los momentos alegres de la vida. Durante décadas ha recogido el día a día de un país que buscaba su propia identidad, al mismo tiempo que denunciaba la opresión y la esclavitud, como ocurre con la primera foto mostrada en esta entrada: un grupo de jóvenes trabajadores se lava en las orillas de un río en la provincia mozambiqueña de Zambezia. Estamos en la década de los 70, tras la independencia, y Nam quiere mostrar que, a pesar de ello, el colonialismo no ha terminado y que el nuevo estado mantiene muchas de las antiguas actitudes, contra las que hay que luchar. En todas sus fotos, Kok Nam siempre supo plasmar el día al día del sufrimiento y las alegrías de los hombres y mujeres de Mozambique..."

    2.9.12

    Diario "O Pais"

    Los títulos del diario de hoy en Maputo:

    Cresce número de bebés e cadáveres abandonados no “José Macamo 

    É um fenómeno social novo no Hospital José Macamo, em Maputo. Em vez de desaparecimento de bebés, que acontecia há bem pouco tempo, agora é o contrário: são as mães que abandonam os seus bebés após o parto. Só este ano, oito recém-nascidos foram abandonados naquela unidade hospitalar, conforme confirmou, ontem, o director daquele hospital, Jotamo Comé.

    “É um facto novo, isto é preocupante. na altura, eram crianças que desapareciam. Nós reforçámos a segurança e hoje acontece o contrário. é difícil controlar isto, porque partimos da ideia de que todas as mães, ao chegarem ao hospital para dar à luz, querem os seus bebés, isto preocupa-nos”, explicou. 

    Questionado sobre qual tem sido o destino das crianças abandonadas, Comé disse que os mesmo são levados para assistência social.
    Por outro lado, o Hospital José Macamo enfrenta outro fenómeno: os frequentes abandonos de cadáveres, sobretudo de pessoas idosas.
    Só este ano, 10 corpos já foram abandonados por pessoas que chegaram a identificar ou a apresentar-se como familiares dos perecidos, mas que depois desaparecem sem qualquer rasto, alegadamente por falta de condições financeiras para realizar um funeral condigno.

    Serpentes atacam caçadores de ratos em Chimoio 

    Está a crescer número de pacientes que dão entrada no Hospital Provincial de Chimoio vítimas de picadas de serpentes, incidentes que têm estado a acontecer nos bairros suburbanos ao redor da cidade de Chimoio.
    De acordo com dados avançados pelas autoridades daquela que é considerada a maior unidade sanitária da província de Manica, o número chegou a atingir, até este mês, 33 casos, contra apenas oito registados todo o ano passado. Refira-se que estas são as vítimas chegam com vida ao Hospital Provincial de Chimoio, dado haver casos em que as vítimas chegam a perder a vida nos locais onde ocorrem os ataques ou mesmo a caminho das unidades sanitárias. De acordo com o médico cirurgião daquela estância hospitalar que tem atendido estes casos, a maioria das vítimas são menores de dez anos de idade, os quais são atacados pelos répteis quando invadem a mata à caça de ratos. Os menores têm sido, muitas vezes ou quase sempre, atacados nos membros superiores, nas circunstâncias em que vasculham os esconderijos de ratos, quando, nalgumas vezes, os buracos que invadem são na verdade de cobras.

    Mineiros grevistas preferem morrer a voltar à “escravatura”

    Os mineiros em greve na mina da Lonmin, em Marikana, na África do Sul, reiteram que “preferem morrer” a voltar à “escravatura”. Esta foi a resposta dos trabalhadores ao ultimato lançado este domingo pela empresa, avisando que serão despedidos se não voltarem esta segunda-feira ao trabalho. A empresa adiou, entretanto, o ultimato para esta terça-feira.

    Quatro dias depois do massacre na mina de platina sul-africana, em que foram mortos a tiro pela polícia 34 mineiros e feridos 78, os ânimos ainda não acalmaram.

    “Já morreram pessoas e, por isso, não temos mais nada a perder (…). Vamos continuar a lutar por aquilo que acreditamos ser uma luta legítima por ordenados que permitam viver. Preferimos morrer como os nossos companheiros a desistir”, disse o mineiro Kaizer Madiba, citado pelo jornal Times da África do Sul.

    17.8.12

    Sexta feira




    Ayer la policia sudafricana mato mas de 40 mineros que se manifestaban para lograr mejoras salariales.
    Paso aca nomas, a escasos kilometros de Maputo y muchos de nuestros pacientes son trabajadores de las minas sudafricanas.

    Life sucks
    Over

    6.8.12

    Segunda feira

    Hace un par de semanas largas que nos visito un equipo de periodistas del canal Univision de Estados Unidos, aparentemente presentaron su trabajo hace unos dias en la tele. A nosotros nos llego esto.

    27.7.12

    Sexta feira




    7.20 hs
    Esa es  la hora en que habitualmente llego a trabajar, es la hora ideal, todavia no llego casi nadie, la luz del sol entra de manera perfecta por la ventana, riego las plantas y Jaime o Gania ya me conocen y saben que el agua para el mate no tiene que hervir y gentilmente apagan la pava electrica justo antes de empezar a hervir, cha para ellos y el resto del agua para mi para comenzar a tomar mates bien amargos. Los viernes son especiales ya que a estas pequenas delicias de la vida cotidiana se suma prender el ordenador y rapidamente buscar la contratapa de Pagina 12 escrita por Juan Forn, si ese viernes la escribio Paenza o Gelman no es lo mismo, a mi me gustan las de Forn y sigo esperando el dia que se deje de joder y las compile en un libro.

    La contratapa de hoy fue especial, Forn conecto dos libros que fueron mis libros de cabecera mucho tiempo. Uno es  "Un hombre afortunado" de Berger que me acompano durante mucho tiempo en mis ultimos anos de residencia y mis primeras trabajos en africa, creo que tengo dos o tres libros, uno siempre viajaba conmigo y los otros quedaban en Rafaela o Buenos Aires mientras que el otro es "El africano" de Le Clezio, un librito magnifico.

    Les dejo la contrapata completita, vale la pena

    Cuando cae el rayo

    Por Juan Forn

    Borges dijo una vez que todo libro que no encierra su contralibro es un libro incompleto. John Berger escribió de joven un libro en el que contaba cómo era la vida de un médico rural en la Inglaterra de posguerra, que de día atendía a pacientes y de noche se quemaba las pestañas leyendo, no sólo para mantenerse al día con los avances de la medicina, sino para poder contestar las preguntas existenciales que le hacían sus humildes pacientes (por qué morimos, qué es la enfermedad). Berger admiraba de tal manera la vida de ese médico que tituló su libro Un hombre afortunado. Pero en la página final, en un breve epílogo, informaba que aquel médico rural se había suicidado quince años después. “Un suicidio no constituye necesariamente una crítica de la vida a la que pone fin, aun cuando nos haga mirar desde ahí la historia de esa vida”, decía Berger. Había algo en esa fabulosa frase que abría una cuña de aire en su libro, un puente hacia la nada. A veces un libro nos deja así; a veces pasa la vida entera sin que encontremos su contralibro.

    Déjenme contar hoy la historia de otro libro sobre otro médico rural, otro médico de frontera. En el mundo colonial africano podían pasar cosas como ésta: nacías francés en las Islas Mauricio, que habían sido francesas después de ser árabes, holandesas y portuguesas, pero que eran británicas cuando los colonos europeos fueron invitados a abandonar la isla, después de la Primera Guerra. Tu familia se queda sin nada, debe volver como pueda a Europa, pero no es Francia sino Inglaterra la única que les tira un hueso, y ese hueso es una beca del gobierno para estudiar. Nuestro aspirante a médico sabe que sólo cuenta con eso, no puede permitirse fracasar, y no se lo permite. Pero el llamado de la selva reverbera en su sangre. Cuando lo mandan a hacer la residencia en el departamento de enfermedades tropicales del Hospital de Southampton, se anota en cuanto puede de voluntario para ir a la Guyana. Pasa dos años allá. Vuelve de licencia a Francia, conoce a su prima hermana, se enamora de ella, parte a su nuevo destino: Nigeria, la sabana africana. Espera pacientemente la primera licencia para volver y poder casarse con ella y llevársela a Africa con él (el tema de las licencias es decisivo en esta historia: son quince días cada dos años, en el mejor de los casos, y ya hablaremos del peor). Dije que nuestro médico conoce y se enamora de su futura esposa en quince días, y que en otros quince, dos años después, vuelve a casarse y llevársela con él a Africa. Pasan juntos ocho años felices. Déjenme dar una sola imagen de esos años: nuestro médico está operando, en una precaria sala de auxilios, cuando se levanta una de esas fabulosas tormentas tropicales, el cielo se pone color de tinta, los relámpagos rajan el cielo, uno puede contar los segundos que separan el rayo del trueno, nuestro médico está interviniendo a un paciente cuando un rayo entra por la puerta abierta, corre sin ruido por el piso de cemento, funde las patas metálicas de la mesa de operaciones, quema las suelas de los borceguíes del médico y huye por donde había entrado. El paciente se salva por el hule en donde está acostado, el médico por sus suelas de goma. La que ve entrar y salir el rayo, y se estremece con el trueno unos segundos después, es la esposa. Así se lo cuenta a sus dos hijos pequeños, en Francia, en una buhardilla prestada donde deben apretarse cinco (ella y los niños y los ancianos padres de ella) en la Francia de Pétain durante la guerra. Ella es esposa de un médico militar británico, por ausente que esté él: pueden deportarla, y a los niños también, así que deben mantenerse ocultos, sobrevivir de la caridad ajena y de los recuerdos africanos. El mayor de esos dos niños es Jean-Marie Le Clezio, él es el que cuenta la historia.


    Le Clezio conocerá a su padre al llegar a Africa, a los ocho años. Cuando su madre quedó embarazada, ella y el padre decidieron que el niño naciera en Francia. Ella viajó primero. En una licencia de quince días, él viajó a conocer al hijo, que ya tenía meses, dejó nuevamente embarazada a su esposa y partió, con el propósito de volver a llevárselos a los tres en su siguiente licencia. Pero estalló la guerra. El trató de cruzar el desierto y llegar hasta Argel para reunirse con ellos, pero fracasó. No le quedó otro remedio que refugiarse en su oficio en la sabana africana, sin medicamentos, sin material, sin contacto con su mujer y sus hijos, mientras en el mundo la gente se mataba entre sí. Ese es el padre que Le Clezio conoce en Africa: un hombre que fue muy feliz, y luego muy infeliz, y ya nadie sabe lo que siente ahora. Siete años vive con ese extraño Le Clezio, hasta que le llega el momento de viajar a Francia a empezar el Liceo. Su padre ya no pide licencias para ir a verlos. Cuando llega, por fin, es porque ha sido dado de baja de su puesto. Es la tercera vez que pisa Francia en treinta años, pero en este caso no por quince días; ha vuelto porque lo mandaron de vuelta, porque no tiene adónde ir.

    Le Clezio va un día a visitarlo. Lo describe así: cocinándose y comiendo en los mismos cacharros de metal esmaltado azul y blanco que usaba en Africa, con el mismo blusón azul que se ponía en cuanto volvía a su casa en Africa, pero usando su instrumental quirúrgico africano para cocinar, el escalpelo para cortar el pollo, la pinza clamp para servirlo. Ese hombre que había sido entrenado ambidiestro como cirujano, para ser capaz de operarse a sí mismo con un espejo si hacía falta, en el territorio que le tocara en suerte, usa ahora su instrumental para trozar y servir el pollo que comerá solitariamente en su departamento de jubilado. Ese hombre que estuvo treinta años atendiendo desde el parto hasta la autopsia a tres generaciones de africanos, ahora, cuando lo internan para hacerle unos análisis, no sólo no dice a nadie en el hospital que es médico, sino que tampoco pide conocer los resultados: ya no se identifica con los facultativos de delantal blanco, sino con los pasivos yacentes en las camas. Ha dejado de ser el que enfrenta la enfermedad, ahora la padece.

    Para Le Clezio, Africa era los cuentos de su madre y, después, fue la libertad que tenían él y su hermano corriendo descalzos por la sabana africana mientras su padre estaba fuera de casa, curando gente, la mayor parte del día (la llegada del padre era la llegada de la autoridad, de las prohibiciones, de los castigos, del silencio). Le Clezio sintió que le debía Africa a su madre hasta que vio a su padre vivir como en un campamento africano, en un anónimo monoambiente parisino. Tituló así su libro, El africano, y es un gran título y un hermoso libro: uno oye el clamor de Africa y el de la orfandad en sus páginas. Pero lo que yo vi en ese libro, lo que agradezco haber por fin vislumbrado, como un rayo que baja súbito del cielo, electrifica lo que encuentra a su paso y se esfuma tal como había llegado, es lo que necesitaba saber desde hacía años sobre aquel médico rural inglés que se suicidó en la página final del libro de Berger.

    22.7.12

    Três meninos na baía de Maputo

    Três meninos na baía de Maputo, Tomás Molfino, Junio 2012


    Este fin de semana finalmente mi hermano termino su viaje por áfrica, recorrió varios países, incluyendo trabajos varios, personas diversas. Esta tarde viendo algunas de las fotos que nos dejo en el computador ví esta que particularmente me llamo la atención ya que instantaneamente me recordó la famosa foto de Martin Munkácsi de finales de los años 20, Three Boys at Lake Tanganika. Bueno, hasta acá nada mas que eso, una convergencia mas para este blog pero vale la pena recordar que fue esta fotografía la que inspiró a Henri Cartier-Bresson, quien dijo que esta fotografía capturó la libertad, la gracia y la espontaneidad de sus movimientos junto con la alegría de estar vivos, a lanzarse definitivamente a la fotografía.

                          Three Boys at Lake Tanganyika is a photograph taken by Martin Munkácsi in 1929 or 1930.


    "The only thing which completely was an amazement to me and brought me to photography was the work of Munkacsi. When I saw the photograph of Munkacsi of the black kids running in a wave I couldn't believe such a thing could be caught with the camera. I said damn it, I took my camera and went out into the street".
       H. Cartier-Bresson

    Con los años, Cartier-Bresson se transfomó en el padre del fotoperiodismo moderno.

    Africa como una epifanía.



    18.7.12

    Happy Birthday Tata Madiba


    "Difficulties break some men but make others. No axe is sharp enough to cut the soul of a sinner who keeps on trying, one armed with the hope that he will rise even in the end."

    FROM A LETTER TO WINNIE MANDELA, WRITTEN ON ROBBEN ISLAND, 1 FEBRUARY 1975