Showing posts with label Congo. Show all posts
Showing posts with label Congo. Show all posts

13.12.12

Of men, Okapi, and rebels

 Viajamos por distintas razones, algunos gustan de las playas, otros de las montañas, algunos van por el turismo sexual otros hacen turismo gastronomico. Para este grupo de amigos, el noreste de la Republica Democratica del Congo les ofrecía un fascinante viaje al mundo de una sociedad pre-agraria. Hace miles pero miles de años nuestros ancestros vivían como viven los Mbuti hoy en día.

4 amigos que se fueron a conocer como viven los pigmeos del Congo, cazaron con ellos, fumaron ganja de una manera muy particular y hasta tuvieron la posibilidad de ver los misteriosos opakis.

Una aventura fascinante, acá completo.



8.12.11

Unwatchable




¿Es legítimo que organizaciones no gubernamentales lleven a cabo acciones publicitarias de alto impacto emocional para lograr sus objetivos, por loables que éstos sean ? Un debate que vuelve por estos dias con una ONG inglesa llamada Save the Congo formada en su mayoría por congoleños residentes en Reino Unido que, principalmente, se dedica a campañas de concientización e incidencia política con el objetivo último de que mejore el cumplimiento de los derechos humanos en su país. Save the Congo logró reunir a un muy selecto grupo de artistas de la industria audiovisual para crear Unwatchable, un corto que muestra fielmente lo que pasa en el Congo pero ambientada en Inglaterra.

El corto se desarrolla en una idílica campiña inglesa, en Cotswolds, sur de Inglaterra. Una familia feliz. El marido lava el coche frente a la casa, la esposa en la cocina, la hija adolescente llega del colegio, la niña pequeña juega en el jardín. De pronto, caen bengalas del cielo, arrojadas desde un helicóptero con combatientes que, como ellos, parecen ingleses. Irrumpen en la casa, y violan repetidamente a la hija adolescente sobre la mesa de la cocina mientras obligan al padre a observarlo todo. Después arrastran al padre fuera, lo matan de un tiro, le arrancan los genitales y se los obligan a comer a su mujer. Al menos parece que la niña pequeña logra escapar.

Unwatchable está basado en la historia de Masika, una mujer que tras haber sido víctima de atrocidades aún peores a las que narra el filme (ella lo recuerda bien: fue el 29 de octubre de 1999, a eso de las 5 de la mañana), ha consagrado su vida a trabajar dando apoyo a víctimas de violaciones.

Después de los brutales cinco minutos de película, se te pide que firmes una petición a la Unión Europea para que tome medidas concretas para que las compañías que comercien con minerales de la zona de los Grandes Lagos de África publiquen detalladamente sus cadenas de suministro y respeten los procedimientos obligatorios de la ONU y la OCDE. También se urge a que la UE se comprometa a tomar medidas “rápidas y severas” si cualquiera de las partes rompe los acuerdos de paz o instiga a la violencia masiva. “Durante mucho tiempo, la UE ha visto a los escuadrones de la muerte violar, saquear y cometer graves crímenes contra la humanidad, respondiendo sólo con palabras de condena”, reza la petición. No es una petición revolucionaria: sólo se exige el cumplimiento de la legalidad.

Con esta modalidad poco ortodoxa, Save the Congo pretende llamar la atención sobre un conflicto que no ha merecido demasiada atención de los medios occidentales pese a ser el más devastador desde la Segunda Guerra Mundial, con la muerte de unas 5 millones y medio de personas desde 1998, y en el que la utilización de la violación como arma de guerra es el denominador común de las diferentes facciones que luchan por el control de las zonas de extracción de estos minerales.

El debate continua: efectismo o efectividad. Vean el corto y decidan si firman la peticion y divulgan el mensaje.

 
 


19.5.11

Jueves 19 de mayo

Hoy tuvimos una buena clase de francés.
Cenamos con E. mientras Emilio trataba de dormirse.
Terminé "El sueño del celta" de Varguitas, me gustó, la disfruté mucho. Pienso en Roger Casement, protagonista de la novela.  Diplomático reservado, sir y escritor, temprano relator de derechos humanos, héroe irlandés, traidor británico, torpe estratega militar, homosexual atormentado, reo ajusticiado. En el epilogo Vargas  recoge un reflexión del escritor y político uruguayo José Enrique Rodó: "Un hombre es muchos hombres".

Pienso en Casement, pienso en Strauss-Kahn tirando todo por la borda por echarse un polvo, pienso en Cristina y su ultimo discurso. Pienso en mí.
Emilio ya duerme.

"Un hombre es muchos hombres"

22.12.10

Milagro en el Congo

La República Democrática del Congo tiene hoy como presidente a Joseph Kabila, el menor de los diez hijos de Laurent Kabila. Su ex aliado, pero muy posible rival para las elecciones de 2011 será Moise Katumbi. Gobernador de Katanga y presidente del TP Mazembe, Katumbi es una especie de Silvio Berlusconi o Roman Abramovich africano. Dueño de una compañía que explota minas de cobre y uranio, Katumbi ya invirtió 8 millones de euros en el equipo, lo dotó de una gran ciudad deportiva, avión privado, academia para dos mil niños y salarios de hasta 3.000 dólares por semana, en un país donde la media es de 120. En un partido de la Liga de Campeones de Africa ofreció al equipo un premio de 250.000 dólares si ganaba. El rival, Monomotapa, campeón de Zimbabwe, tenía un presupuesto anual de 200.000 dólares. El del TP Mazembe llega hoy a los 10 millones. Me lo cuenta el periodista Steve Bloomfield. Nos conocimos en Sudáfrica. En un Mundial que fue decepcionante para las selecciones africanas, hoy vengadas en el Mundial de clubes por el TP Mazembe.  Bloomfield vio con sus propios ojos a Katumbi bajar al vestuario para dar ordenes en el entretiempo de un partido. El DT francés Diego Garzitto se fue y dejó su lugar al senegalés Lamine N'Diaye. "Si tengo que elegir entre la política y el Mazembe me quedo con mi club", dijo Katumbi a Bloomfield en su libro "Africa United". "Cualquier político diría lo mismo", me dice Bloomfield, entrevistado en estos días hasta por The New York Times.

La clasificación del TP Mazembe a la final del Mundial de Clubes paralizó a la RDC. Acrecentó las chances electorales de Katumbi. La felicidad no fue sólo en Lubumbashi, la rica capital de Katanga, donde todos votan por él. Se extendió a todo un país que está 168 en la lista de 169 países en el ranking anual de desarrollo humano de la ONU. Que tiene al 60 por ciento de su pueblo en condición de pobreza absoluta. Y unas 45.000 personas que mueren al mes especialmente por hambre, sida y malaria. Cifras que contrastan con las riquezas de diamantes, oro y cobre, además del coltán, clave para la industria de la telefonía móvil y los video games. "La fuente histórica de los conflictos en Congo no ha sido la cuestión étnica, sino la enorme riqueza mineral del país", escribió Kambale Musavuli. Avatar, el taquillero filme de James Cameron, no se desarrolla en el año 2154 en Pandora, invadida por una multinacional que codicia sus minerales. Avatar es Congo, dice Musavuli. "Toda Europa contribuyó a la fabricación de Kurz", escribió Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas, en 1899. Las últimas palabras que Conrad hace pronunciar a un Kurtz agonizante son: "el horror, el horror".

El resto de la nota de E. F. Moores, acá.

16.12.10

Vargas Llosa, Mazembe FC y los fantasmas del Congo


En el Congo tambien hay historias que merecen ser contadas

1. El formidable Mazembe Futbol Club es finalista del Mundial de Clubes de la FIFA en Medio Oriente.

2. “Hola, le saluda Mario Vargas Llosa. Llamo por su propuesta de viajar al Congo”

Eres Vargas Llosa. Estás en Andalucía. Una mañana de  agosto de 2008. Hace calor. Esta noche actúas en una obra de teatro de la que además eres autor, una versión que te has sacado de la manga de Las mil y una noches. Sales del hotel. La mayoría de la gente te saluda, la atiendes. Pero un fantasma te ronda la cabeza y no te deja tranquilo. El de un tipo de esos que viven para que alguien los escriba en una novela. Se llama Roger Casement, un diplomático activista de origen irlandés que, a principios del siglo XX, denunció los abusos del rey belga Leopoldo II en el Congo, y los de las empresas caucheras en la Amazonia del Perú. Algo que casi nadie sabía. Lo descubriste leyendo una biografía de Conrad, que fue su amigo. Un tipo controvertido con un trágico final. Y no lo sabes, pero pronto estarás allí en busca de su fantasma, en el corazón de las tinieblas.

Hace tiempo que no publicas ficción. Ahora ya tienes el título de tu próxima novela: El sueño del celta. Suena bien. Te preguntas cómo escribir el resto de la historia. ¿Irás a todos los lugares en los que estuvo el protagonista de tu historia? ¿La Amazonia peruana? Quizás. ¿Irlanda? Seguramente. ¿La República Democrática del Congo? Eso está muy lejos, en todos los sentidos. Aun así, es tentador. Y te dices que eres Mario Vargas Llosa, que tienes más de setenta años, que no necesitas perseguir fantasmas hasta lo más remoto del África. Para eso tienes la biblioteca del British Museum, internet, etc. Pero te contradices pensando que quizá lo que ahora importa es probar de qué madera estás hecho y qué tipo de historias quieres contar: las que huelen a polvo de biblioteca y sillón, o las que llevan el olor a gente viva y a tierra que se ha pisado. Y no te olvidas de que, además de escritor de novelas, eres periodista. Así que marcas un número de teléfono, el de alguien que hace poco te hizo llegar una invitación para ir al Congo con Médicos sin Fronteras (MSF). “Hola, le saluda Mario Vargas Llosa. Llamo por su propuesta de viajar al Congo”, anuncias con voz festiva. Y quizá todavía no sepas lo que has dicho. 

11.1.09

Viaje al corazon de las tinieblas


En el diario espanol "El Pais" hoy salio publicado una increible cronica de Mario Vargas Llosa en el Congo. Desde hace tiempo atras que Vargas Llosa viene hablando del Congo despues de haber leido el monumental libro de Hochschild " El fanstasma del rey Leopoldo", un libro que cuenta todo el proceso de la colonizacion y la barbarie belga en el Congo. No conforme con eso decidio visitar los campos de refugiados, los hospitales acompanado de un equipo de MSF y denunciar lo que vio. ( Esta noche voy a sonar un poco, tal vez con algo de suerte quizas John Berger puede darse una vuelta por Kapiri y denunciar los estragos del HIV en el africa subsaharina o Carlos Fuentes escriba algo acerca de la malnutricion en el hospital de Kaipiri Mposhi).
Con la hipocresia y la mediocridad que reina en todos lados, medios y politicos que nos quieren hacer creer que la guerra es la unica solucion posible, paises que reclaman el alto el fuego en Medio Oriente y al mismo tiempo basan sus economias en la fabricacion de armas y tienen politicas antiabortitas leer cronicas como las de Vargas Llosa nos sacuden de la estupidez cotidiana y traen algo de coherencia. Aunque no van a leer nada distinto de lo que leen habitualmente en este blog tomense diez minutos y reflexionen.
I - EL MÉDICO. "El problema número uno del Congo son las violaciones", dice el doctor Tharcisse. "Matan a más mujeres que el cólera, la fiebre amarilla y la malaria. Cada bando, facción, grupo rebelde, incluido el Ejército, donde encuentra una mujer procedente del enemigo, la viola. Mejor dicho, la violan. Dos, cinco, diez, los que sean. Aquí, el sexo no tiene nada que ver con el placer, sólo con el odio. Es una manera de humillar y desmoralizar al adversario. Aunque hay a veces violaciones de niños, el 99% de las víctimas de abuso sexual son mujeres. A los niños prefieren raptarlos para enseñarles a matar. Hay muchos miles de niños soldado por todo el Congo".
Estamos en el hospital de Minova, una aldea en la orilla occidental del lago Kivu, un rincón de gran belleza natural -había nenúfares de flores malvas en la playita en la que desembarcamos- y de indescriptibles horrores humanos. Según el doctor Tharcisse, director del centro, el terror que las violaciones han inoculado en las mujeres explica los desplazamientos frenéticos de poblaciones en todo el Congo oriental. "Apenas oyen un tiro o ven hombres armados salen despavoridas, con sus niños a cuestas, abandonando casas, animales, sembríos". El doctor es experto en el tema, Minova está cercada por campos que albergan decenas de miles de refugiados. "Las violaciones son todavía peor de lo que la palabra sugiere", dice bajando la voz. "A este consultorio llegan a diario mujeres, niñas, violadas con bastones, ramas, cuchillos, bayonetas. El terror colectivo es perfectamente explicable".

Ejemplos recientes. El más notable, una mujer de 87 años, violada por 10 hombres. Ha sobrevivido. Otra, de 69, estuprada por tres militares, tenía en la vagina un pedazo de sable. Lleva dos meses a su cuidado y sus heridas aún no cicatrizan. Casi se le va la voz cuando me cuenta de una chiquilla de 15 años a la que cinco "interahamwe" (milicia hutu que perpetró el genocidio de tutsis en Ruanda, en 1994, y luego huyó al Congo, donde ahora apoya al Ejército del Gobierno del presidente Kabila) raptaron y tuvieron en el bosque cinco meses, de mujer y esclava. Cuando la vieron embarazada la echaron. Ella volvió donde su familia, que la echó también porque no quería que naciera en la casa un "enemigo". Desde entonces vive en un refugio de mujeres y ha rechazado la propuesta de un pariente de matar a su futuro hijo para que así la familia pueda recibirla. La letanía de historias del doctor Tharcisse me produce un vértigo cuando me refiere el caso de una madre y sus dos hijas violadas hace pocos días en la misma aldea por un puñado de milicianos. La niña mayor, de 10 años, murió. La menor, de 5, ha sobrevivido, pero tiene las caderas aplastadas por el peso de sus violadores. El doctor Tharcisse rompe en llanto.

Es un hombre todavía joven, de familia humilde, que se costeó sus estudios de medicina trabajando como ayudante de un pesquero y en una oficina comercial en Kitangani. Lleva dos años sin ver a su familia, que está a miles de kilómetros, en Kinshasa. El hospital, de 50 camas y 8 enfermeras, moderno y bien equipado, recibe medicinas de Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias, pero es insuficiente para la abrumadora demanda que tiene al doctor Tharcisse y a sus ayudantes trabajando 12 y hasta 14 horas diarias, 7 días por semana. Fue construido por Cáritas. La Iglesia católica y el Gobierno llegaron a un acuerdo para que formara parte de la Sanidad Pública. No se aceptan polígamos, ni homosexuales, ni se practican abortos. El salario del doctor Tharcisse es de 400 dólares al mes, lo que gana un médico adscrito a la Sanidad Pública. Pero como el Gobierno carece de medios para pagar a sus médicos, la medicina pública se ha discretamente privatizado en el Congo, y los hospitales, consultorios y centros de salud públicos en verdad no lo son, y sus doctores, enfermeros y administradores cobran a los pacientes. De este modo violan la ley, pero si no lo hicieran, se morirían de hambre. Lo mismo ocurre con los profesores, los funcionarios, los policías, los soldados, y, en general, con todos aquellos que dependen del Presupuesto Nacional, una entelequia que existe en la teoría, no en el mundo real.

Cuando el doctor Tharcisse se repone me explica que, después de las violaciones, la malaria es la causa principal de la mortandad. Muchos desplazados vienen de la altura, donde no hay mosquitos. Cuando bajan a estas tierras, sus organismos, que no han generado anticuerpos, son víctimas de las picaduras, y las fiebres palúdicas los diezman. También el cólera, la fiebre amarilla, las infecciones. "Son organismos débiles, desnutridos, sin defensas". Vivir día y noche en el corazón del horror no ha resecado el corazón de este congoleño. Es sensible, generoso y sufre con el piélago de desesperación que lo rodea. Desde la pequeña explanada de las afueras del hospital divisamos el horizonte de chozas donde se apiñan decenas de miles de refugiados condenados a una muerte lenta. "La medicina que todo el Congo necesita tomar es la tolerancia", murmura. Me estira la mano. No puede perder más tiempo. La lucha contra la barbarie no le da tregua.
II - LOS PIGMEOS. Debo a los pigmeos de Kivu Norte haberme librado de caer en manos de las milicias rebeldes tutsis del general Laurent Nkunda la noche del 25 de octubre de 2008. Yo había llegado el día anterior a Goma, la capital de Kivu Norte, y mis amigos de Médicos Sin Fronteras, gracias a los cuales he podido hacer este viaje, me habían organizado un viaje a Rutshuru (a tres o cuatro horas de esta ciudad) para visitar un hospital construido y administrado por MSF, que presta servicios a una gran concentración de desplazados y víctimas de toda la zona. La víspera de la partida, mi hijo Gonzalo, que trabaja en el ACNUR, me telefoneó desde Nueva York para decirme que sus colegas en el Congo me tenían prevista, para la mañana siguiente, una visita a un campo de pigmeos desplazados en las afueras de Goma. Aplacé un día el viaje a Rutshuru y, por culpa del general Nkunda, que ocupó aquella noche ese lugar, ya no pude hacerlo.
Los pigmeos, pese a ser la más antigua etnia congoleña, son los parientes pobres de todas las demás, discriminados y maltratados por unas y por otras. Fieles al prejuicio tradicional contra el otro, el que es distinto, leyendas y habladurías malevolentes les atribuyen vicios, crueldades, perversiones, como a los gitanos en tantos países de Europa. Por eso, en una sociedad sin ley, corroída por la violencia, las luchas cainitas, las invasiones, la corrupción y las matanzas, los pigmeos son las víctimas de las víctimas, los que más sufren. Basta echarles una mirada para saberlo.

El campo de Hewa Bora (Aire Bello), a una decena de kilómetros de Goma, acaba de formarse. Está en un suelo pedregoso y volcánico, de tierra negra, y parece increíble que en lugar tan inhóspito las 675 personas que han llegado hasta aquí, hace un par de meses, desde Mushaki, huyendo de las milicias de Laurent Nkunda, hayan podido hacer algunos cultivos, de mandioca y arvejas. Nos reciben cantando y bailando a manera de bienvenida: pequeñitos, enclenques, arrugados, cubiertos de harapos, muchos de ellos descalzos, con niños que son puro ojos y huesos y las grandes barrigas que producen los parásitos. Su baile y su canto, tan tristes como sus caras, recuerdan las canciones de los Andes con que se despide a los muertos. Aunque con cierta dificultad, varios de los dirigentes hablan francés. (Es una de las pocas consecuencias positivas de la colonización: una lengua general que permite comunicarse a la gran mayoría de los congoleses, en un país donde los idiomas y dialectos regionales se cuentan por decenas).

Escaparon de Mushaki cuando las milicias rebeldes atacaron la aldea matando a varios vecinos. Piden plásticos, pues las chozas que han levantado -con varillas flexibles de bambú, atadas con lianas, de un metro de altura más o menos, sobre el suelo desnudo y con techos de hojas- se inundan con las lluvias, que acaban de comenzar. Piden medicinas, piden una escuela, piden comida, piden trabajo, piden seguridad, piden -sobre todo- agua. El agua es muy cara, no tienen dinero para pagar lo que cuestan los bidones de los aguateros. Es una queja que oiré sin cesar en todos los campos de refugiados del Congo en que pongo los pies: no hay agua, cuesta una fortuna, ríos y lagos están contaminados y los que beben en ellos se enferman. Las personas que me acompañan, del ACNUR y de Médicos Sin Fronteras, toman notas, piden precisiones, hacen cálculos. Después, conversando con ellos, comprobaré la sensación de impotencia que a veces los embarga. ¿Cómo hacer frente a las necesidades elementales de esta muchedumbre de víctimas? ¿Cuántos más morirán de inanición? La crisis financiera que sacude el planeta ha encogido todavía más los magros recursos con que cuentan.
En el campo de Bulengo, que visito luego del de Hewa Bora, veo las raciones de alimentos, mínimas, que distribuyen a los refugiados. Un voluntario de Unicef me dice, la voz traspasada: "Tal como van las cosas con la crisis, todavía tendremos que disminuirlas". Médicos, enfermeros y ayudantes de las organizaciones humanitarias son gentes jóvenes, idealistas, que hacen un trabajo difícil, en condiciones intolerables, a quienes la magnitud de la tragedia que tratan de aliviar por momentos los abruma. Lo que más los entristece es la indiferencia casi general, en el mundo de donde vienen, el de los países más ricos y poderosos de la Tierra, por la suerte del Congo. Nadie lo dice, pero muchos han llegado, en efecto, en Occidente a la conclusión de que los males del Congo no tienen remedio.

Bulengo fue en 1994 el campamento del Ejército ruandés hutu que invadió el Congo después de perpetrar la matanza de cientos de miles de tutsis en el vecino país. Ahora es el eje de un complejo de 16 campos de desplazados y refugiados que con ayuda de la Unión Europea y de las organizaciones humanitarias da refugio a unas trece mil personas. Éstas pertenecen a diferentes grupos étnicos que conviven aquí sin asperezas. Aunque Bulengo está mucho más asentado y organizado que el de Hewa Bora, la calidad de vida es ínfima. Las chozas y locales, muy precarios, están atestados y por doquier se advierte desnutrición, miseria, suciedad, desánimo. La nota de vida la ponen muchos niños, que juegan, correteándose. Varios de ellos son mutilados. Converso con un chiquillo de unos 10 o 12 años que, pese a tener una sola pierna, salta y brinca con mucha agilidad. Me cuenta que los soldados entraron a su aldea de noche, disparando, y que a él la bala lo alcanzó cuando huía. La herida se le gangrenó por falta de asistencia, y cuando su madre lo llevó a la Asistencia Pública, en Goma, tuvieron que amputársela.

En Bulengo hay 48 familias de pigmeos, que, aparte de las protestas que ya hemos oído en Hewa Bora, aquí se quejan de que la escuela es muy cara: cobran 500 francos congoleños mensuales por alumno. La educación pública es, en teoría, gratuita, pero, como los profesores no reciben salarios, han privatizado la enseñanza, una medida tácitamente aceptada por el Gobierno en todo el país. En muchos lugares son los padres de familia los que mantienen las escuelas -las construyen, las limpian, las protegen y aseguran un salario a los profesores-, pero aquí, en los campos de refugiados, todos son insolventes, de modo que si se ven obligados a pagar por los estudios, sus hijos dejarán de ir a la escuela o ésta se quedará sin maestros.
En el campo hay muchos desertores de las milicias rebeldes. Uno de ellos me cuenta su historia. Fue secuestrado en su pueblo con varios otros jóvenes de su edad cuando los hombres de Laurent Nkunda lo ocuparon. Les dieron instrucción militar, un uniforme y un arma. La disciplina era feroz. Entre los castigos figuraban los latigazos, las mutilaciones de miembros (manos, pies) y, en caso de delación o intento de fuga, la muerte a machetazos. Me confirmó que muchos soldados del Ejército congoleño vendían sus armas a los rebeldes. Se escapó una noche, harto de vivir con tanto miedo, y estuvo una semana en la jungla, alimentándose de yerbas, hasta llegar aquí. En su pueblo, donde era campesino, tenía mujer y cuatro hijos, de los que no ha vuelto a saber nada porque el pueblo ya no existe. Todos los vecinos huyeron o murieron. Le pregunto qué le gustaría hacer en la vida si las cosas mejoraran en el Congo, y me responde, después de cavilar un rato: "No lo sé". No es de extrañar. En Bulango, como en Hewa Bora y en los campos de desplazados de Minova, la actitud más frecuente en quienes están confinados allí, y pasan las horas del día tumbados en la tierra, sin moverse casi por la debilidad o la desesperanza, es la apatía, la pérdida del instinto vital. Ya no esperan nada, vegetan, repitiendo de manera mecánica sus quejas -plásticos, medicinas, agua, escuelas- cuando llegan visitantes, sabiendo muy bien que eso tampoco servirá para nada. Muchísimos de ellos están ya más muertos que vivos y, lo peor, lo saben. Los campos son indispensables, sin duda, pero sólo si funcionan como un tránsito para la reincorporación a la vida activa, con oportunidades y trabajo. Si no, quienes los pueblan están condenados a una existencia atroz, parásita, que los desmoraliza y anula. Y éste es quizás el más terrible espectáculo que ofrece el Congo oriental: el de decenas de miles de hombres y mujeres a los que la violencia y la miseria han reducido poco menos que a la condición de zombies.



III - EL GALIMATÍAS CONGOLEÑO. Y, sin embargo, se trata de un país muy rico, con minas de zinc, de cobre, de plata, de oro, del ahora codiciado coltán, con un enorme potencial agrícola, ganadero y agroindustrial. ¿Qué le hace falta para aprovechar sus incontables recursos? Cosas por ahora muy difíciles de alcanzar: paz, orden, legalidad, instituciones, libertad. Nada de ello existe ni existirá en el Congo por buen tiempo. Las guerras que lo sacuden han dejado hace tiempo de ser ideológicas (si alguna vez lo fueron) y sólo se explican por rivalidades étnicas y codicia de poder de caudillos y jefezuelos regionales o la avidez de los países vecinos (Ruanda, Uganda, Angola, Burundi, Zambia) por apoderarse de un pedazo del pastel minero congoleño. Pero ni siquiera los grupos étnicos constituyen formaciones sólidas, muchos se han dividido y subdividido en facciones, buena parte de las cuales no son más que bandas armadas de forajidos que matan y secuestran para robar.

Muchas minas están ahora en manos de esas bandas, milicias o del propio Ejército del Congo. Los minerales se extraen con trabajo esclavo de prisioneros que no reciben salarios y viven en condiciones inhumanas. Esos minerales vienen a llevárselos traficantes extranjeros, en avionetas y aviones clandestinos. Un funcionario de la ONU que conocí en Goma me aseguró: "Se equivoca si cree que el caos del Congo está en la tierra. Lo que ocurre en el aire es todavía peor". Porque tampoco en las alturas hay ley o reglamento que se respete. Como la mayoría de vuelos son ilegales, el número de accidentes aéreos, el más alto del mundo, es terrorífico: 56 entre julio de 2007 y julio de 2008. Por esa razón ninguna compañía aérea congoleña es admitida en los aeropuertos de Europa.

Como el principal recurso del país, el minero, se lo reparten los traficantes y los militares, el Estado congoleño carece de recursos, y esto generaliza la corrupción. Los funcionarios se valen de toda clase de tráficos para sobrevivir. Militares y policías tienden árboles en los caminos y cobran imaginarios peajes. A Juan Carlos Tomasi, el fotógrafo que nos acompaña, cada vez que saca sus cámaras alguien viene con la mano estirada a cobrarle un fantástico "derecho a la imagen". (Pero él es un experto en estas lides y discute y argumenta sin dejarse chantajear). Para viajar de Kinshasa a Goma debemos, antes de trepar al avión, desfilar por cinco mesas, alineadas una junto a la otra, donde se expenden ¡visas para viajar dentro del país!
No es verdad que la comunidad internacional no haya intervenido en el Congo. La Misión de las Naciones Unidas en el Congo (MONUC) es la más importante operación que haya emprendido nunca la organización internacional. La Fuerza de Paz de la ONU en el Congo cuenta con 17.000 soldados, de un abanico de nacionalidades, y unos 1.500 civiles. Sólo en Goma hay militares de Uruguay, India, África del Sur y Malaui. Visité el campamento del batallón uruguayo y conversé con su jefe, el amable coronel Gaspar Barrabino, y varios oficiales de su Estado Mayor. Todos ellos tenían un conocimiento serio de la enrevesada problemática del país. La inoperancia de que son acusados se debe, en realidad, a las limitaciones, a primera vista incomprensibles, que las propias Naciones Unidas han impuesto a su trabajo.

Las milicias de Laurent Nkunda, luego de capturar Rutshuru, comenzaron a avanzar hacia Goma, donde el Ejército congoleño huyó en desbandada. La población de la capital de Kivu Norte, entonces, enfurecida, fue a apedrear los campamentos de la Fuerza de Paz de la ONU (y, de paso, los locales y vehículos de las organizaciones humanitarias), acusándolos de cruzarse de brazos y de dejar inerme a la población civil ante los milicianos.

Pero el coronel Barrabino me explicó que la Fuerza de Paz, creada en 1999, según prescripciones estrictas del Consejo de Seguridad, está en el Congo para vigilar que se cumplan los acuerdos firmados en Lusaka que ponían fin a las hostilidades entre las distintas fuerzas rivales, y con prohibición expresa de intervenir en lo que se consideran luchas internas congoleñas. Esta disposición condena a las fuerzas militares de la ONU a la impotencia, salvo en el caso de ser atacadas. Sería muy distinto si el mandato recibido por la Fuerza de Paz consistiera en asegurar el cumplimiento de aquellos acuerdos utilizando, en caso extremo, la propia fuerza contra quienes los incumplen. Pero, por razones no del todo incomprensibles, el Consejo de Seguridad ha optado por esta bizantina fórmula, una manera diplomática de no tomar partido en semejante conflicto, un galimatías, en efecto, en el que es difícil, por decir lo menos, establecer claramente a quién asiste la justicia y la razón y a quién no. No tengo la menor simpatía por el rebelde Laurent Nkunda, y probablemente es falso que la razón de ser de su rebeldía sea sólo la defensa de los tutsis congoleños, para quienes los hutus ruandeses, armados y asociados con el Gobierno, constituyen una amenaza potencial. Pero ¿representan las Fuerzas Armadas del presidente Kabila una alternativa más respetable? La gente común y corriente les tiene tanto o más miedo que a las bandas de milicianos y rebeldes, porque los soldados del Gobierno los atracan, violan, secuestran y matan, al igual que las facciones rebeldes y los invasores extranjeros. Tomar partido por cualquiera de estos adversarios es privilegiar una injusticia sobre otra. Y lo mismo se podría decir de casi todas las oposiciones, rivalidades y banderías por las que se entrematan los congoleños. Es difícil, cuando uno visita el Congo, no recordar la tremenda exclamación de Kurz, el personaje de Conrad, en El corazón de las tinieblas: "¡Ah, el horror! ¡El horror!"
IV - LOS POETAS. Y sin embargo, pese a ese entorno, conocí a muchos congoleños que, sin dejarse abatir por circunstancias tan adversas, resistían el horror, como el doctor Tharcisse, en Minova. Placide Clement Mananga, en Boma, que recoge y guarda todos los papeles y documentos viejos que encuentra para que la amnesia histórica no se apodere de su ciudad natal (él sabe que el olvido puede ser una forma de barbarie). O Émile Zola, el director del Museo de Kinshasa, combatiendo contra las termitas para que no devoren el patrimonio etnológico allí reunido. A esta estirpe de congoleños valerosos, que luchan por un Congo civilizado y moderno, pertenecen los Poétes du Renouveau (Poetas de la Renovación), de Lwemba, un distrito popular de Kinshasa. Son cerca de una treintena, una mujer entre ellos, y aunque todos escriben poesía, algunos son también dramaturgos, cuentistas y periodistas.

Además del francés, la colonización belga dejó asimismo a los congoleses la religión católica. En el país hay también protestantes -vi iglesias evangélicas de todas las denominaciones-, musulmanes -en la región oriental- y varias religiones autóctonas, la mayor de las cuales es el kimbanguismo, así llamada por su fundador, Simon Kimbangu, enraizada sobre todo en el Bajo Congo. Pero, pese a la hostilidad que desencadenó contra ella el dictador Mobutu, a quien hizo oposición, la católica parece, de lejos, la más extendida e influyente. Iglesias y centros católicos son los focos principales de la vida cultural del país.

Los Poétes du Renouveau se reúnen en la iglesia de San Agustín, donde tienen una pequeña biblioteca, una imprenta y una amplia sala para recitales y charlas. Publican desde hace algunos años unas ediciones populares de poesía que venden a precio de coste y a veces regalan. Empeñados en que la poesía llegue a todo el mundo, se desplazan a menudo a dar recitales y conferencias literarias por toda la región. Asisto a un interesante encuentro, de varias horas, en el que discuten temas literarios y políticos. El francés que escriben y hablan los congoleños es cálido, cadencioso, demorado y, a ratos, tropical. Haciendo de diablo predicador, provoco una discusión sobre la colonización belga: ¿qué de bueno y de malo dejó? Para mi sorpresa, en lugar de la cerrada (y merecida) condena que esperaba oír, todos los que hablan, menos uno, aunque sin olvidar las terribles crueldades, la explotación y el saqueo de las riquezas, la discriminación y los prejuicios de que fueron víctimas los nativos, hacen análisis moderados, situando todo lo negativo en un contexto de época que, si no excusa los crímenes y excesos, los explica. Uno de ellos afirma: "El colonialismo es una etapa histórica por la que han pasado casi todos los países del mundo". Lo refuta otro, que lanza una durísima requisitoria contra lo ocurrido en el Congo durante el casi siglo y medio de dominio belga. Le responde un joven que se presenta como "teólogo y poeta" con una única pregunta: "¿Y qué hemos hecho nosotros, los congoleños, con nuestro país desde que en 1960 nos independizamos de los belgas?".


Mario Vargas Llosa
Fotos Juan Carlos Tomassi.

21.11.08

Congo



Hundreds of thousands of people are on the run, fleeing a war raging in eastern Congo in the provinces of North and South Kivu. They are frightened. Many are sick or wounded. Others have been harassed or raped, or have had everything they own stolen. For more than a decade, several armed groups and the army have been fighting each other in the Kivus. The violence has made it impossible for people to lead normal lives. Life isn’t just hard in the Kivus: this region is in critical condition. And things aren’t getting any better. The destiny of everyone in this region of Congo is shaped by the war. The story of their struggle to survive needs to be told.

16.11.08

Congo


Esta es la historia de la tragedia de un país del tamaño de toda Europa occidental, de la guerra mas sangrienta desde que Hitler invadió el resto de Europa, una guerra que lleva mas de ocho años y mas de 5 millones de muertos. Una guerra entre milicias que todos nos quieren hacer creer que esta basada en conflictos étnicos y que nadie es capaz de detener. Esto es el Congo hoy en día y las razones de este conflicto- el control de los minerales esenciales para el desarrollo de la industria electrónica de la que el mundo desarrollado depende- y su rastro de sangre llega directamente hasta nosotros: hasta nuestro teléfono móvil, a nuestro control remoto, a nuestra laptop.

UNO. El Pabellón de mujeres del Hospital Panzi, en Bukavu esta repleto de mujeres violadas por las milicias que después de violarlas les dispararon en sus vaginas. Este hospital es el único hospital de todo el este de Congo que tiene algunos recursos para tratar de reconstruir las vaginas, los anos o los intestinos de las mujeres. Las milicias descubrieron que las violaciones a mujeres es una eficiente y letal arma de guerra. La ONU estima que son más de 50.000 las mujeres violadas en la provincia de Kivu Sur durante este año. Violando a las mujeres de los soldados enemigos se destruye la moral del enemigo y se destruyen los cimientos de su sociedad. El medico a cargo del hospital afirma que una vez violadas los maridos y hasta los padres mismos expulsan a las mujeres de la comunidad a las que tienen prohibido volver, también afirma que le es imposible persuadir a las mujeres que abandonen al hospital una vez tratadas. ¿A adonde van a ir? Difícil de digerir el punto numero uno ¿no?. La violación de todas esas mujeres que esperan que les reconstruyan sus genitales no es mas que parte una violación aun mayor. La violación del Congo.

DOS. Si uno quiere entender de donde viene tanta muerte solo hay que recorrer las colinas del este del Congo. Entre esas verdes colinas uno puede llegar a las “artisinal mines”, pero todo lo que ustedes imaginan de cómo es una mina con maquinas, cascos y lamparas en realidad no son mas que grandes agujeros a cielo abierto en las que se pueden ver cientos de hombres, mujeres y muchísimos niños que remueven desesperadamente con picos o simplemente con sus manos la tierra colorada tratando de encontrar coltán o cobalto. El coltán es un metal que conduce maravillosamente la energía y forma parte de nuestro teléfono celular, nuestra computadora o hasta de las Play Station y mas del 80% de coltán que la industria del mundo moderno necesita proviene del Congo. La gran mayoría de las familias que trabajan en las minas son esclavos de las milicias que controlan todo el proceso a punta de pistola, como en los viejos tiempos de Leopoldo era el caucho y la amputación de las manos de los trabajadores que no recolectaban suficiente, ahora es el coltan y las milicias.

TRES. Leyendo el párrafo anterior uno puede entender la historia reciente de Congo. Oficialmente se podría decir que en 1996 un maoísta llamado Laurent Kabila, cansado de traficar marfil y oro decide enfrentar al tiránico Mobutu. Para eso formo un pequeño gran ejercito de child soldiers conocido como kadogo y con el apoyo de Uganda y Ruanda que al hacer su primer avance toda la estructura del Mobutismo colapso. Kabila se instalo como un nuevo Leopoldo prohibiendo los partidos políticos y fomentando la corrupción. En 1998 Kabila pidió gentilmente a los ugandeses y los rwandeses que retiraran sus tropas del Congo a lo que el ejercito rwandés respondió con una masiva invasión al Congo en la que ocupo casi un tercio del país. La razón oficial consistió que después del genocidio ruandés de 1994 – un millón de tutsis muertos a machetazos por las milicias humus- miles de milicianos humus se refugiaron en el este de Congo y sentaron sus bases y este simple argumento justifico la permanencia del ejercito ruandés y ugandés. Los ejércitos de Zimbabwe, Angola y Namibia respondieron al llamado desesperado de Kabila y enfrentaron al ejercito rwandés y ugandés. La gran guerra africana había comenzado. Este es la versión mas o menos oficial, la guerra es un gran desorden peleando todos contra todos y lo que comenzó con una clara intención - los ruandeses tratando de capturar a los genocidas humus- se transformo en un espiral fuera de control. Pero esta versión no es del todo cierta, o mejor aun es una gran mentira.

Una vez que el Congo estuvo herido de muerte, un panel de expertos de la ONU documento que los intereses del ejercito rwandés eran oscuros, desde un primer momento la única intención fue capturar el territorio que contiene las grandes vetas minerales para vendérnoslas a todos nosotros, el supuesto mundo desarrollado, que muy pronto se cansa de las noticias del Congo y cambia de canal con el control remoto abarrotado de coltan. Tampoco los otros países colaboraron porque simpatizaban con Kabila o los congoleses, ellos también querían un pedazo de la torta congolesa. El país se lleno de “ejércitos de negocios” comandados por hombres que “ carefully planned the redrawing of the regional map to redistribuye wealth” según declara la ONU. Esto es fácil de descifrar ya que las tropas rwandeses nunca se dirigieron a las áreas donde se ocultaban los genocidas humus sino que fueron derecho a las minas, rápidamente esclavizaron a la población para que caven por ellos. No solo no capturaron a los genocidas sino que se aliaron a ellos para lograr una mejor explotación de las minas y lograr nada menos que más 250 millones de dólares de los últimos 18 meses. La ONU denuncio que varias compañías británicas, americanas y belgas se encuentran entre los explotadores ilegales de los recursos congoleses. ¿Pero puede ser tan rentable la invasión de un país? La demanda internacional de coltan subio, increíblemente, debido a la inmensa popularidad de la todarellenadecoltan Play station de Sony, que si bien la marca japonesa aclara que no usa coltan congoles el precio del metal en los mercados se disparó intensificando la guerra. Un político ingles describió la situación: “ Kids in Congo were being sent down mines t odie so that kids in europe and america could kill imaginary aliens in their living room”

CUATRO. Los reportes de la ONU, Amnesty Internacional y Human Rights Watch denuncian que las violaciones del ejercito rwandés son “sistematicas” y “deliberadas”. La pregunta es como el gobierno rwandés que denuncia infatigablemente el genocidio tutsi de hace un poco mas de diez años pude de repente cometer su propio crimen contra lesa humanidad . ¿ Tanta muerte solamente por dinero?. Alguna vez Joseph Conrad describió al Congo “ the vilest scramble for loot that has ever disfigured the human consciencie”.
Así son las cosas en el Congo hoy en día, milicias pro-gobierno, rebeldes, tropas ruandeses, las milicias hutus, el ejercito congoles y los cascos azules peleando todos contra todos para controlar la mayor cantidad de minas posibles, multinacionales ávidas de coltan, mientras mas de cinco millones de personas murieron en las tinieblas, muertos a los que nadie trata de enfrentar, un millón de desplazados para los que no hay salvatajes financieros, lideres occidentales protectores de la democracia, la libertad y de los derechos humanos que callan a pesar de que gran parte de los habitantes solo puede optar entre la vida o la muerte viviendo igual o peor que en los tiempos de saqueo del Rey Leopoldo, un saqueo para nuestro propio beneficio, para nuestro propio bienestar ya que la necesidades de coltan, cobalto, diamantes y oro es mucho mas poderosa que nuestra preocupación por la muerte de millones de africanos. Todos seguimos comprando a pesar de miles de reportes que nos dicen que miles de personas mueren para que nosotros tengamos teléfonos móviles o consolas de videojuegos. Todavía hoy en día los gobiernos occidentales obstruyen cualquier intento de regular las actividades de las corporaciones que explotan los recursos naturales del Congo. Hace unas semanas compre en un mercado de Lusaka una antigua escultura de ébano proveniente del Congo, el vendedor entusiasmado con la venta, comentaba que la figura, una mujer con típicos rasgos bantú en cuclillas pariendo, era sumamente antigua y que había sido hecha por los salvajes. Mientras termino de escribir estas líneas miro la figura que se encuentra al lado de mi computadora. Me pregunto; ¿Quiénes son los salvajes? ¿Ellos o nosotros?


11.2.08

Photo Press Award

First prize in the contemporary issues singles category was won by South African photographer Brent Stirton. While working for Newsweek he pictured the evacuation of dead Mountain Gorillas at Virunga National Park, Eastern Congo.

4.7.07

République Démocratique du Congo

La semana 10 en África comenzó de manera distinta, fuimos invitados formalmente a la fiesta que brindó la embajada congoleña en Monrovia con motivo del aniversario de la independencia del Congo. Lo que yo conocía de la República Democrática del Congo es que el término "Congo" es usado generalmente para agrupar a los países y áreas vecinas al Congo-Brazzaville o más precisamente para referirse a algo que queda en la loma del orto.
La RDC, según nos cuenta Wikipedia, es dueña de una rica y variada historia que se inicia con los primeros migrantes bantú que llegaron a la zona, la cual se convertiría en el epicentro del gran Reino del Congo a mediados del siglo XV. Después de una brutal colonización belga, se estableció el Estado Libre, el cual alcanzaría la independencia para transformarse en el Zaire bajo la égida del dictador Mobutu Sese Seko. La caída de este último provocó el inicio de una grave guerra civil que degeneraría en una brutal conflagración continental. A mediados de la década de 1990 la situación empeoró radicalmente. Dentro del marco de la gran crisis de refugiados de los Grandes Lagos, el genocidio ruandés provocó una avalancha de refugiados que huían de la guerra reinante en Ruanda y Burundi. La incapacidad de Mobutu de manejar esta crisis, acompañado de la pérdida de apoyo por parte de occidente permitió a sus opositores iniciar una gran campaña en su contra que terminó con su huida y la proclamación por parte del líder rebelde Laurent-Désiré Kabila de la "República Democrática del Congo" en mayo de 1997. Pero los aliados de Kabila pronto se volcaron en su contra y su régimen fue desafiado por una rebelión apoyada por Ruanda y Uganda en agosto de 1998. Tropas de Zimbabwe, Angola, Namibia, Chad y Sudán intervinieron para apoyar al nuevo régimen en Kinshasa, inciándose una devastadora guerra conocida como la "Segunda Guerra del Congo" o Guerra Mundial Africana, el conflicto que más vidas ha costado en el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y del que usted seguramente no leyó o oyó nada en ningún lado (se calcula entre 4 y 5 millones de muertos).
La historia reciente de esta nación africana no ha permitido un desarrollo político muy avanzado, ya que los conflictos armados y dictaduras han dominado el panorama desde la independencia en la década de 1960. Sin embargo, una vez finalizada la Segunda Guerra del Congo se han realizado grandes esfuerzos por estabilizar y dotar al malogrado país de un sistema político democrático que dé a la población la estabilidad necesaria para promover la paz, la reconciliación y el desarrollo económico.
Después de haber asistido a dicha celebración en tierra congoleña puedo afirmar que:
- El Congo no queda en la loma del orto sino que queda acá nomas. ( Después de escribir estas palabras me acabo de dar cuenta de que a los países que se nombran precedidos por un articulo siempre son mas interesantes; ejemplo, El Perú, suena mejor, le da mas misticismo )

-Que si usted es blanquito, flaco y medio madera para bailar no se le ocurra nunca ir a una fiesta donde hay muchos congoleños porque pasara mucha vergüenza, son muy buenos bailando y las orquestas congoleñas son las más respetadas en toda África.
-Me acorde de que en el Congo viven los pigmeos y que una vez compartí un viaje eterno entre Nairobi y Dar es Salam con un cura español tercermundista que vivía con los pigmeos en la selva, hablamos de la Teoría de la Liberación y del Foro Social que se desarrolló en Nairobi a principios de este año. Visiten esta pagina, esta muy buena http://www.pygmies.info/ y vean como viven los pigmeos.
- Reafirmo que no se poner hiperlinks en mi blog (en vez de copiar la dirección anterior de los pigmeos quería que al pasar el cursor por la palabra pigmeo aparezca el link)
- Que Patrice Lumunba era congoleño y en 1961 fue asesinado por el gobierno belga, las fuerzas de Katanga y presuntamente por la CIA por querer un gobierno libre , independiente y soberano. (Ahora que la CIA desclasifíco sus archivos de las décadas del 60 y 70 y que se pueden consultar por Internet que dirá el típico norteamericano medio, panzón, ignorante y conservador,acerca del rol de su gobierno durante esos años)
-Que como dijo Rodrigo Fresán en su columna de la ultima semana en página 12 cuando hablaba de los reportajes culturales; frente a la más tonta de las preguntas inteligentes o la más inteligente de las preguntas tontas ¿ que libro te llevarías a una isla desierta? ( si solo puedo llevarme un libro mejor morir en el naufragio no?) yo podría responder que me llevaría tranquilamente "El Corazón de las tinieblas" de J. Conrad y lo podría leer eternamente y confirmaría que disfruto más la relectura que la lectura.
-Que el Congo es un país que cambio 11 veces de nombre y que es vecino de otro país llamado...Congo-Brazzaville y que nunca, pero nunca me imagine que iba a ir a una fiesta congoleña...
-Que el Congo es la última aventura posible.