18.12.12
La masacre de Newtown y nuestra falta de vergüenza
28.10.10
Ya no
Ya no será,
ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa, no te tendré de noche
no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.
Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.
Idea Vilariño
31.3.10
El valor de contar
Paso con Lopez, paso con Gerez, paso la semana pasada con los virulentos discursos de los representantes de los derechos humanos, pasa con los fachos tratando de instalar la idea infame de plebicitar los juicios. A pesar de que pasaron mas de treinta anios todavia seguimos todos en el mismo lugar, todos rodeados por esta mierda que parece que nunca va a tener fin.
Hoy mis pensamientos hoy estan con los hijos de Silvia y sus familiares
4.3.10
The road
Hoy recibí un par de emails interesantes, uno era de amigo que en estos momentos se encuentra trabajando en Haití y el otro era una cadena de emails en la que se destacaba una presentación en power point hecha por no se quien referida a los terremotos con algunas recomendaciones que deberíamos seguir en caso de presentarse este fenómeno.
Nunca estuve en un terremoto y mi relación con ellos fue siempre a la distancia, comodamente desde el televisor de mi casa en plena pampa húmeda, pero los sucesos ocurridos en Chile y Haiti y la presencia de numerosos colegas trabajando en esos lugares me llevo a pensar como debe ser trabajar en lugares donde la naturaleza arrasa pueblos enteros, llevandose miles de vidas inocentes tragadas por la tierra o los escombros o simplemente arrastrados mar adentro por un tsunami, como hacer para acompanar a personas y escuchar de sus bocas el sufrimiento y el terror. A pesar de que me resulta bastante obsceno comparar este tipo de hechos a traves de la escala de Ritcher o a traves del numero de muertos como si fuera un concurso del horror es posible ver como un pais medianamente ordenado puede responder en mayor o menor media ante una catástrofe de semejantes características mientras que en Haití todo es desolación, muerte y miseria. Ante semejantes infortunios nos podemos preguntar facilmente quienes somos, como respondemos ante las desgracias de nuestros semejantes, que nos importa verdaderamente y especialmente cuales van a ser la prioridades a la hora de hacer la reconstruccion de un pais.
Si bien un pais esta mas preparado que el otro para responder a este tipo de catastrofes en ambos paises hubo saqueos y los muertos en disputas callejeras en Haití se cuentan por decenas, la lucha por sobrevivir a cualquier precio hicieron que mi mente recordaras distintas imágenes de la excelente pelicula "The road" basada en el mejor aun libro homónimo de Cormac McCarthy. La novela y la película nos cuenta como es la vida en un mundo apocalíptico producto de un cataclismo desconocido. No hay autoridad, ni alimentos, ni energía, sólo unos pocos supervivientes que no dudan en practicar la violencia y el canibalismo. En este paisaje apocalíptico, un padre y su hijo caminan por lo que antes eran autopistas, intentando subsistir con lo que encuentran. Si quieren mantenerse en pie, tendrán que defenderse de los ataques, valerse de los recuerdos del pasado y no perder el cariño del uno por el otro. Viggo Mortensen, uno de los pocos hinchas de San Lorenzo sensatos que se hubiera puesto contento si Huracan ganaba el campeonato el año pasado, hace un papel increíble, un personaje capaz de hacer lo mejor y lo peor para proteger a su hijo y es sin dudas la interpretación masculina del año pero seguramente esta película ni siquiera figurara en los Oscars de este año
4.2.10
Lugar comun la muerte

Tal vez el mejor homenaje es trayendo una frase su puño y letra, un pasaje de La novela de Perón: “No ha sido el trivial miedo a la muerte sino lo que es peor: miedo a la historia. Ha sufrido pensando que la historia contará a su manera lo que él calló. Que vendrán otros a inventarle una vida. Ha temido que la historia mienta cuando hable de Perón, o que descubra: la vida de Perón le ha mentido a la historia. Tantas veces lo ha dicho: un hombre sólo es lo que recuerda. Debiera decir, más bien: un hombre sólo es lo que de él se recuerda”.
20.1.10
Miercoles
DOS. A pesar de estar en metido en el medio de un brote de cólera, comenzando un gigantesco proyecto en Kampong Cham donde si todo sale bien los pacientes tuberculosos se contaran por miles, entrando una vez por semana en las celdas de la prisión mas grande de Camboya donde realizamos trabajos de atención primaria de la salud estuve toda la semana con la cabeza y las ganas de estar en otro lado. Tenia ganas de estar en Haití y conectarme con esa gente.
TRES. Pero no estoy en Haití sino en Phmon Penh, una ciudad maravillosa coronada por el río Mekong y el Tonle Bassac en la cual lamentablemente con las primeras lluvias se empezaron a notificar casos de cólera. Tratando de rastrear los casos el fin de semana pasado fuimos hasta un pequeño poblado en las afueras de Phmon Penh llamado Koh Thom, donde hay declarados mas de 30 casos. Visitamos la pagoda donde un grupo de voluntarios estaba realizando actividades de prevención y en donde nos contaron que las napas están contaminadas con arsénico por lo que no ha mas remedio que utilizar las aguas del río para las necesidades cotidianas.
Visitamos algunas familias en sus casas, las casas khmer son muy interesantes ya que las construyen sobre pilares de dos metros de altura, generalmente de madera y con el piso de canas de bambú. Debajo de la casa se encuentran uno o dos búfalos de agua o vacas que se utilizan en los trabajos para preparar la tierra en la época de siembra del arroz. Las casas no tienen baño o letrinas sino que todo el mundo va a los alrededores y quizás lo más llamativo de todo sean las fuertes creencias de la comunidad tratando de combatir el cólera encendiendo hogueras durante las noches frente a las casas o construyendo espantapájaros armados con espadas de bambú.
CUATRO. Puede ser un terremoto o un brote de cólera, pero la realidad cotidiana nos demuestra que estamos abandonados en un Universo físico e implacable y para tratar de figurarnos otra realidad y ocultar esa verdad que hiela la sangre creamos las religiones, los cómics de superheroes y la fábula de Jesús y que solo tendrán mas posibilidades de sobrevivir los que se mimetizen con la crueldad de la naturaleza, los que saben que para triunfar siempre tiene que sangrar algún culo y que básicamente es imposible vivir, permanecer o mutar sin que mueran millones en el camino.
1.12.09
Dia mundial del SIDA
La estupidez, la traición, los remedios truchos, el desamor, Tinelli, Ricardo Fort solo nos confirman una vez mas que el mundo es una mierda, que la vida es horrible y no hay posibilidades de buen final ¿Cabe alguna duda?
La pasada cumbre de la “ seguridad alimentaria” de la FAO en Roma nos confirmo que hay mil millones de personas que se salvan de ver y escuchar a fenómenos de la “inteligenzia” argentina tales como Mirtha y Susana hablando de la inseguridad pero que viven con hambre y donde el Secretario General de la ONU declara sin ponerse colorado que diez chicos mueren por minuto por hambre. El hambre no vende y la cumbre paso desapercibida, solo Lula, Lugo, Mugabe, Gadaffi y una sarta de presidentes africanos que nadie conoce discutieron una rato, se sacaron fotos y dijeron que la idea es bajar a la mitad la cantidad de hambrientos para el 2015 pero no se les cayo una idea de cómo hacerlo.
Lo que viene ahora es discutir el cambio climatico en Dinamarca, que es donde van a ir los duenos del mundo con su retorica y algunos millones de dolares para calmar los animos pero donde todos saben que desde el vamos todos se van a mostrar preocupados pero nadie va a acordar nada.
Pero a pesar de tanta mierda todavía hay algunos a los que les va mucho peor, como por ejemplo a los enfermos de HIV/SIDA, a los que hoy se los recuerda a través del “World AIDS day”. Desde los anos 80 que el HIV/SIDA viene matando mas de 25 millones de personas y solamente en el ano 2008 murieron mas de 2 millones de personas dentro de las que se incluyen 270.000 chicos menores de 5 anos lo cual la convierte en una de las epidemias mas violentas y agresivas de la historia en la que a pesar de algunos avances todavía queda mucho por hacer como por ejemplo el tratamiento del HIV/SIDA pediatrico.
La inversión en programas de prevención de la transmisión del VIH de madres a hijos es imprescindible y debe ser una prioridad en la lucha contra la sida. Primero, porque permite detectar y tratar a las mujeres embarazadas seropositivas y segundo, para evitar que nazcan más niños con el virus.
El sida infantil es una de las pruebas más duras de la desigualdad entre los países desarrollados y los países con recursos limitados. En Occidente prácticamente no nacen niños con VIH porque controlando a la madre durante el embarazo, el parto y la lactancia, la probabilidad de transmisión puede reducirse a menos del 1%. Por lo contrario, en África subsahariana la mayoría de madres seropositivas ni siquiera saben que lo son, ni tienen la oportunidad de recibir tratamiento. Hoy en día, en países en desarrollo solo el 18% de las mujeres embarazadas son testadas para VIH y solamente un 34% de las VIH-positivas reciben algún tipo de medicamento para evitar la transmisión del VIH Towards Universal access Scaling up priority HIV/AIDS interventions in the health sector. World Health Organization. UNAIDS 2008. UNICEF.
Sin ningún tipo de intervención, alrededor del 40% de los hijos de madres seropositivas nacerá con el VIH. Trabajar para reducir este porcentaje, para que no nazcan más niños con VIH, es vital. Sobre todo, porque el 50% de los niños que nacen infectados mueren antes de los dos años si no reciben tratamiento.
En los países desarrollados la transmisión de madre a hijo prácticamente no existe porque se siguen una serie de medidas que permiten evitar el contagio: las madres seropositivas reciben tratamiento antirretroviral, los partos son en hospitales y hay alternativas para que la madre no dé el pecho al recién nacido. En los países en vías de desarrollo, sin embargo, los retos siguen siendo enormes. En primer lugar, por la falta de acceso a los servicios sanitarios; muchas mujeres no van a las consultas prenatales o lo hacen cuando el embarazo está muy avanzado, y la mayoría de los partos suelen tener lugar en casa. En segundo lugar, muchas veces sólo es posible dar al bebé leche materna. Además, las madres tienen que hacer frente al estigma y los programas de prevención son largos, desde el embarazo hasta el destete del bebé, y muchas mujeres no completan todas las fases programa.
16.9.09
Algunas notas a las 6:15 de la tarde

Durante Pchum Ben, Yama, el Rey del Infierno libera las almas para que busquen a sus familiares y reciban comida: si lo consiguen, podrán optar a reencarnarse; en caso contrario, los familiares deberán temer las consecuencias.
La última jornada es la más importante y requiere que todo el mundo se concentre en las pagodas, donde los monjes se pasan la noche en vigilia cantando.
13.8.09
Las reinas de Saba

Habiba -le pregunto-, ¿no serás tú la reina de Saba?
¡¿What?!
Cuando Médicos Sin Fronteras me propone visitar los campos de refugiados africanos en la República árabe de Yemen, lo primero que hago es releer un texto de 1934 en el que André Malraux cuenta cómo abordó un pequeño avión para sobrevolar esa región en busca de una mujer de 3.000 años de edad. Se trataba de la legendaria reina de Saba, soberana del incienso y de la mirra, nacida en algún punto incierto entre Yemen, Etiopía y Somalia. Poco después de su expedición, Malraux le anunciaba al mundo que había avistado desde el aire los vestigios del mítico imperio de Saba. Y sin embargo, a ella, a la Reina, nunca la encontró.
Trono de arena. Volvemos a ver a la señora de Saba unas horas más tarde, en la playa, pero esta vez es somalí. Antiguos textos abisinios la llaman Makeda. El Corán la llama Belkis y la presenta "en un trono magnífico". Pero ella asegura llamarse Ayanna, trae un bebé en brazos y está sentada en la arena. Hace parte de los new arrivals, o recién llegados, tras un landing, o desembarco, traídos por los smugglers, o traficantes de personas. Los propios somalíes bautizan su éxodo con estos nombres en inglés; a fin de cuentas, aprendieron el idioma durante los años de dominación británica, una de tantas que han tenido que sobrellevar. También los franceses, los italianos, los rusos y Ronald Reagan saquearon su tierra, la convirtieron en campo de batalla y tras el retiro de las tropas la dejaron sembrada de armas, las mismas que luego fueron desenterradas por los asesinos locales: señores de la guerra, narcos, violadores, tiranos, piratas, clanes enfrentados, milicias vengadoras, smugglers. Hoy, las grandes naciones ni asoman por Somalia; la han dejado librada a la impiedad de su suerte. Nadie puede con ella, ardiente luna silenciosa que a todos espanta. En 1992, cuando ya el exterminio y la hambruna la habían arrasado, el mundo pareció apiadarse y mandó por fin ayuda humanitaria. Con resultados desastrosos: a los siete meses de su arribo, las fuerzas de Naciones Unidas la abandonaban, ametrallando en su huida a población civil desde helicópteros. A todos derrota la indómita Somalia, pero a quien más derrota, castiga y desangra es a sí misma. Me recita Habiba un viejo dicho somalí: "Con mi hermano contra el resto de la familia. Con mi familia contra mi clan. Con mi clan contra los demás clanes. Todos los clanes juntos contra el resto del mundo". Conozco el fenómeno. También yo provengo de un país, Colombia, hundido en un atolladero histórico donde nos devoramos los unos a los otros. No por nada Colombia y Somalia comparten el mismo paralelo sobre el globo terráqueo.Traídos por las aguas. Habiba huyó de Somalia hace siete años, también ella en patera, y hoy trabaja con los equipos de Médicos Sin Fronteras que patrullan la costa yemení a la espera de landings. Socorren a los recién llegados con primeros auxilios, agua, biscuits ricos en proteínas, ropa seca y chanclas de caucho, y les ofrecen transporte hasta un centro médico en la vecina Ahwar, donde podrán permanecer mientras se reponen. Al menos del cuerpo. Del extremo sufrimiento, la desesperanza y la muerte de los suyos, nadie podrá curarlos. Me cuentan que, hace unas semanas, entre los refugiados venía una muchacha muy bella. ¿Acaso no sería ella la reina de Saba? A lo mejor -condesciende Habiba-, pero al llegar a Yemen, los traficantes le impidieron bajarse del barco junto con los demás. Ella gritó, se volvió loca, intentó tirarse al agua, pero la amarraron. Se la llevaron de vuelta para violarla a su antojo.


27.3.09
Darfur

El blog Sudán, desde el anonimato describe las dificultades y la situación de los trabajadores humanitarios en este país africano, después de la decisión del presidente Omar al Bashir de expulsar a los equipos de 13 oenegés que atendían a la población sudanesa, y el drama humano que comportará para miles de personas la falta de ayuda, especialmente en la región de Darfur.
Bashir, contra el que la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya, ha dictado una orden de arresto por crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos contra la población negra de Darfur, acusa a las organizaciones humanitarias de cooperar con el tribunal internacional. En represalia, ha dictado la orden de expulsión y les ha requisado los equipos con el que realizaban su trabajo.
Por razones de seguridad, los diversos autores que escriben en este blog lo hacen desde el anonimato. Tampoco se identifica la organización humanitaria en la que trabajan.
"...Lo único que sentía en el avión, de camino hacia el extranjero, era culpa. Sabía que no teníamos otra elección que estábamos siendo obligados a salir de Sudán, pero no podía dejar de pensar en la gente que dejaba atrás: mis amigos y colegas sudaneses, los niños sonrientes que gritaban OK cada vez que veían a un extranjero, pero sobre todo a la gente que vive en los campos de refugiados y desplazados, que ya han sufrido tanto y que ahora van a sufrir todavía más. No podía dejar de pensar en las mujeres, que lo compartían todo, sin importar lo poco que poseyeran, siempre tan ocupadas pero siempre sonrientes.
Hace unos pocos meses, el gobierno cerró los centros de apoyo a las mujeres víctimas de abuso sexual. Pero las mujeres no desistieron. La semana pasada hicieron planes para celebrar el Día Internacional de la Mujer en el campamento, y yo les prometí que estaría ahí para ayudarlas. Pero no pude ni despedirme de ellas.
Todavía no puedo creer lo que ha ocurrido, que ya no estoy en Darfur, que ya no estamos en Darfur. ¿Cómo es posible que tantos años de trabajo sean aniquilados en unas pocas horas? El día en que todo pasó ha quedado grabado en mi memoria y permanecerá ahí durante años.
Esa mañana, nos reunimos con los trabajadores sin saber que ese encuentro iba a ser el último. A las 4 de la tarde, nos encontramos todos frente al televisor para presenciar el anuncio de orden de arresto del presidente Omar Hassan al Bashir por parte de la Corte Penal Internacional. Había sido el tema de conversación de todo el mundo en el país durante los últimos meses y nadie sabía realmente lo que iba a ocurrir.
Una hora después del anuncio, recibimos una llamada. El gobierno había revocado nuestra licencia y debíamos cerrar todos nuestros programas. Ninguna explicación más. Esa noche, nadie pudo dormir. No teníamos nada que ver con el tribunal internacional y no entendíamos por qué nos estaban acusando. Lo único que sabíamos es que el resultado de esa decisión iba a provocar más sufrimiento en la población sudanesa.
Tratamos de animarnos diciéndonos que seguramente, al día siguiente, todo se habría resuelto. Pero lo primero que nos dijeron fue que todo el personal internacional debía salir de Darfur a las 4 de la tarde. Estábamos en estado de shock. Debíamos empaquetarlo todo en pequeñas bolsas rápidamente y casi ni tuvimos tiempo de despedirnos de amigos y compañeros. Lo más duro fue cuando nuestros amigos sudaneses vinieron a ayudarnos a hacer las maletas. Intentamos despedirnos, pero ellos no se lo creían y no dejaban de repetir "Ya veréis como estáis de vuelta en pocos días".
Al poco tiempo, los oficiales del gobierno llegaron a nuestra casa y se llevaron todos los equipos, teléfonos y ordenadores incluidos. No sabíamos lo que iban a hacer con ellos. Nos dirigimos hacia el aeropuerto, deteniéndonos tan sólo unos minutos para dar un último abrazo a los emocionados colegas y amigos que se habían reunido en la calle para despedirnos. Yo no sabía qué decirles.
De camino hacia el aeropuerto pasamos por algunos de los campos donde habíamos trabajado y eso todavía fue más difícil. Quería parar y explicarle a la gente lo que estaba pasando, que no les estábamos abandonando y que no teníamos otra elección.
Y no podía dejar de pensar cuál iba a ser el futuro de la gente que ahí vivía. ¿Qué pasaría con el bombeo del agua y las distribuciones de alimentos? ¿Con los centros de salud y las clases de los niños? Tantos proyectos importantes que se detenían de pronto, de la noche a la mañana.
En el aeropuerto, las fuerzas de seguridad nos estaban esperando. Inspeccionaron todas nuestras pertenencias y nos requisaron muchos objetos personales: cámaras, iPods, nuestros ordenadores personales que contenían cientos de fotografías que habíamos tomado de nuestra actividad y nuestra gente en Darfur.
Cuando llegamos a Jartum, solo nos quedaban un par de móviles y ordenadores para compartir entre todos nosotros. Unos días después, estábamos fuera del país. Ahora hace una semana y todavía todo esto parece irreal. Cualquier llamada que hago a Darfur me recuerda todo lo que ha sido destruido.
Millones de personas, que han tenido que pasar por años de guerra y violencia, van a sufrir mucho a raíz de esta decisión. Quizás nunca más podré hablar con mis amigos que viven en los campos, pero lo que les prometo es que seguiré trabajando para lograrlo y poder ayudarles...."
(Escrito el 19 de marzo por un trabajador humanitario expulsado de Darfur)
19.3.09
Ratzinger en áfrica
1. El papa Benedicto XVI aterrizó ayer en Yaundé, la capital de Camerún, en su primer viaje apostólico a África. Joseph Ratzinger viaja a África con el objetivo de "abrazar al continente entero, llevar a África una palabra de consuelo y esperanza, y admirar la alegría de su fe". Pero la Iglesia, dijo el Papa con especial énfasis ante el presidente camerunés, Paul Biya, no permanecerá callada ante "el dolor y la violencia, la pobreza y el hambre, la corrupción y el abuso de poder". (como me gustaría y como ayudaría que denunciase algo)
2. Con su viaje, el Papa, de 81 años, rendirá tributo al lugar del mundo donde el catolicismo más crece. Según las cifras oficiales de la Iglesia Católica indican que el gran vivero actual de nuevos fieles y sacerdotes es África. En las décadas posteriores al concilio, el catolicismo ha crecido allí a niveles impensables en otros sitios, y hasta el 20% de sus casi 1.000 millones de habitantes se confiesa católico. Creo que las razones de este fenómeno son múltiples y las hemos debatido varias veces en este blog pero vale la pena recalcar algunas tales como la buena labor , aunque uno no este de acuerdo con el adoctrinamiento y la imposición de dogmas, misionera de la Iglesia de Frontera y por supuesto la desesperación en la que viven sumidos permanentemente los africanos.
Hoy en día África es crucial para la supervivencia de la fe católica. Cada vez más, Roma recurre a seminaristas africanos (les siguen los asiáticos) para repoblar las desatendidas parroquias europeas.
3. Hasta aquí nada anormal, una visita política del máximo responsable de la Institución por un lugar donde los seguidores abundan en la que uno puede o no estar de acuerdo pero lo peligroso y lamentable del viaje son las irresponsables declaraciones de este señor retrogrado, ultraconservador y facista con respecto a la lucha contra el sida.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 25 millones de africanos subsaharianos están infectados por el VIH, cifra que supone más del 70% del total. A bordo del avión, Ratzinger dijo que el sida "no se puede resolver con eslóganes publicitarios ni con la distribución de preservativos", y que éstos, "al contrario, sólo aumentan los problemas". "La única vía eficaz para luchar contra la epidemia es la humanización de la sexualidad", añadió, "una renovación espiritual", destinada "a sufrir con los sufrientes". Es decir, abstinencia y oración.
Lamentablemente con este retrograda declaración Ratzinger acaba de dar por tierra muchos años de trabajo de voluntarios y organizaciones en la lucha contra el SIDA, de miles de personas que trabajan en el sector de salud en África y sobretodo las cosas acaba de condenar a muerte a miles de personas con la afirmación de que los preservativos son pecado.
Naturalmente que por el hecho de ir a la Iglesia uno no tiene que estar de acuerdo con todas las estupideces que allí se predican y todos sabemos que no hay una sola línea en los Evangelios donde Jesús se ocupe del control de la natalidad o de contemplar el aborto en determinadas situaciones. Menos aún de sí sus apóstoles se podían casar o no o si sus apóstoles debían ser todos varones y la cosa sigue y sigue…
En vez de leer y escuchar tantas mentiras y estupideces sería mejor que tengamos una versión simplificada de la historia. Jesús, lo mismo que Mahoma, Alá, Buda y todos los grandes espíritus misioneros de nuestro tiempo, quieren que amemos al prójimo como nos amamos a nosotros mismos, que obremos con los demás de la misma forma que nos gustarían que ellos obren con nosotros, que comprendamos a nuestros adversarios y que sobretodo velemos por los más desprotegidos. Este más o menos puede llegar a ser un buen resumen y una buena hoja de ruta para nuestra vida. Todas las demás diferencias son malinterpretaciones de los estupidos de turno que vinieron después.
Por eso estimados lectores, no rompan con la iglesia de su barrio ni con su párroco o rabino, porque yo estoy seguro que si Ratzinger se metería en lo profundo de la selva africana y hablaría con el corazón en la mano, estaría de acuerdo con todo lo que acabamos de decir. Y si no es así, seguramente no es sincero.
11.1.09
Viaje al corazon de las tinieblas


Ejemplos recientes. El más notable, una mujer de 87 años, violada por 10 hombres. Ha sobrevivido. Otra, de 69, estuprada por tres militares, tenía en la vagina un pedazo de sable. Lleva dos meses a su cuidado y sus heridas aún no cicatrizan. Casi se le va la voz cuando me cuenta de una chiquilla de 15 años a la que cinco "interahamwe" (milicia hutu que perpetró el genocidio de tutsis en Ruanda, en 1994, y luego huyó al Congo, donde ahora apoya al Ejército del Gobierno del presidente Kabila) raptaron y tuvieron en el bosque cinco meses, de mujer y esclava. Cuando la vieron embarazada la echaron. Ella volvió donde su familia, que la echó también porque no quería que naciera en la casa un "enemigo". Desde entonces vive en un refugio de mujeres y ha rechazado la propuesta de un pariente de matar a su futuro hijo para que así la familia pueda recibirla. La letanía de historias del doctor Tharcisse me produce un vértigo cuando me refiere el caso de una madre y sus dos hijas violadas hace pocos días en la misma aldea por un puñado de milicianos. La niña mayor, de 10 años, murió. La menor, de 5, ha sobrevivido, pero tiene las caderas aplastadas por el peso de sus violadores. El doctor Tharcisse rompe en llanto.
Es un hombre todavía joven, de familia humilde, que se costeó sus estudios de medicina trabajando como ayudante de un pesquero y en una oficina comercial en Kitangani. Lleva dos años sin ver a su familia, que está a miles de kilómetros, en Kinshasa. El hospital, de 50 camas y 8 enfermeras, moderno y bien equipado, recibe medicinas de Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias, pero es insuficiente para la abrumadora demanda que tiene al doctor Tharcisse y a sus ayudantes trabajando 12 y hasta 14 horas diarias, 7 días por semana. Fue construido por Cáritas. La Iglesia católica y el Gobierno llegaron a un acuerdo para que formara parte de la Sanidad Pública. No se aceptan polígamos, ni homosexuales, ni se practican abortos. El salario del doctor Tharcisse es de 400 dólares al mes, lo que gana un médico adscrito a la Sanidad Pública. Pero como el Gobierno carece de medios para pagar a sus médicos, la medicina pública se ha discretamente privatizado en el Congo, y los hospitales, consultorios y centros de salud públicos en verdad no lo son, y sus doctores, enfermeros y administradores cobran a los pacientes. De este modo violan la ley, pero si no lo hicieran, se morirían de hambre. Lo mismo ocurre con los profesores, los funcionarios, los policías, los soldados, y, en general, con todos aquellos que dependen del Presupuesto Nacional, una entelequia que existe en la teoría, no en el mundo real.
Cuando el doctor Tharcisse se repone me explica que, después de las violaciones, la malaria es la causa principal de la mortandad. Muchos desplazados vienen de la altura, donde no hay mosquitos. Cuando bajan a estas tierras, sus organismos, que no han generado anticuerpos, son víctimas de las picaduras, y las fiebres palúdicas los diezman. También el cólera, la fiebre amarilla, las infecciones. "Son organismos débiles, desnutridos, sin defensas". Vivir día y noche en el corazón del horror no ha resecado el corazón de este congoleño. Es sensible, generoso y sufre con el piélago de desesperación que lo rodea. Desde la pequeña explanada de las afueras del hospital divisamos el horizonte de chozas donde se apiñan decenas de miles de refugiados condenados a una muerte lenta. "La medicina que todo el Congo necesita tomar es la tolerancia", murmura. Me estira la mano. No puede perder más tiempo. La lucha contra la barbarie no le da tregua.
II - LOS PIGMEOS. Debo a los pigmeos de Kivu Norte haberme librado de caer en manos de las milicias rebeldes tutsis del general Laurent Nkunda la noche del 25 de octubre de 2008. Yo había llegado el día anterior a Goma, la capital de Kivu Norte, y mis amigos de Médicos Sin Fronteras, gracias a los cuales he podido hacer este viaje, me habían organizado un viaje a Rutshuru (a tres o cuatro horas de esta ciudad) para visitar un hospital construido y administrado por MSF, que presta servicios a una gran concentración de desplazados y víctimas de toda la zona. La víspera de la partida, mi hijo Gonzalo, que trabaja en el ACNUR, me telefoneó desde Nueva York para decirme que sus colegas en el Congo me tenían prevista, para la mañana siguiente, una visita a un campo de pigmeos desplazados en las afueras de Goma. Aplacé un día el viaje a Rutshuru y, por culpa del general Nkunda, que ocupó aquella noche ese lugar, ya no pude hacerlo.Los pigmeos, pese a ser la más antigua etnia congoleña, son los parientes pobres de todas las demás, discriminados y maltratados por unas y por otras. Fieles al prejuicio tradicional contra el otro, el que es distinto, leyendas y habladurías malevolentes les atribuyen vicios, crueldades, perversiones, como a los gitanos en tantos países de Europa. Por eso, en una sociedad sin ley, corroída por la violencia, las luchas cainitas, las invasiones, la corrupción y las matanzas, los pigmeos son las víctimas de las víctimas, los que más sufren. Basta echarles una mirada para saberlo.
El campo de Hewa Bora (Aire Bello), a una decena de kilómetros de Goma, acaba de formarse. Está en un suelo pedregoso y volcánico, de tierra negra, y parece increíble que en lugar tan inhóspito las 675 personas que han llegado hasta aquí, hace un par de meses, desde Mushaki, huyendo de las milicias de Laurent Nkunda, hayan podido hacer algunos cultivos, de mandioca y arvejas. Nos reciben cantando y bailando a manera de bienvenida: pequeñitos, enclenques, arrugados, cubiertos de harapos, muchos de ellos descalzos, con niños que son puro ojos y huesos y las grandes barrigas que producen los parásitos. Su baile y su canto, tan tristes como sus caras, recuerdan las canciones de los Andes con que se despide a los muertos. Aunque con cierta dificultad, varios de los dirigentes hablan francés. (Es una de las pocas consecuencias positivas de la colonización: una lengua general que permite comunicarse a la gran mayoría de los congoleses, en un país donde los idiomas y dialectos regionales se cuentan por decenas).
Escaparon de Mushaki cuando las milicias rebeldes atacaron la aldea matando a varios vecinos. Piden plásticos, pues las chozas que han levantado -con varillas flexibles de bambú, atadas con lianas, de un metro de altura más o menos, sobre el suelo desnudo y con techos de hojas- se inundan con las lluvias, que acaban de comenzar. Piden medicinas, piden una escuela, piden comida, piden trabajo, piden seguridad, piden -sobre todo- agua. El agua es muy cara, no tienen dinero para pagar lo que cuestan los bidones de los aguateros. Es una queja que oiré sin cesar en todos los campos de refugiados del Congo en que pongo los pies: no hay agua, cuesta una fortuna, ríos y lagos están contaminados y los que beben en ellos se enferman. Las personas que me acompañan, del ACNUR y de Médicos Sin Fronteras, toman notas, piden precisiones, hacen cálculos. Después, conversando con ellos, comprobaré la sensación de impotencia que a veces los embarga. ¿Cómo hacer frente a las necesidades elementales de esta muchedumbre de víctimas? ¿Cuántos más morirán de inanición? La crisis financiera que sacude el planeta ha encogido todavía más los magros recursos con que cuentan.
En el campo de Bulengo, que visito luego del de Hewa Bora, veo las raciones de alimentos, mínimas, que distribuyen a los refugiados. Un voluntario de Unicef me dice, la voz traspasada: "Tal como van las cosas con la crisis, todavía tendremos que disminuirlas". Médicos, enfermeros y ayudantes de las organizaciones humanitarias son gentes jóvenes, idealistas, que hacen un trabajo difícil, en condiciones intolerables, a quienes la magnitud de la tragedia que tratan de aliviar por momentos los abruma. Lo que más los entristece es la indiferencia casi general, en el mundo de donde vienen, el de los países más ricos y poderosos de la Tierra, por la suerte del Congo. Nadie lo dice, pero muchos han llegado, en efecto, en Occidente a la conclusión de que los males del Congo no tienen remedio.
Bulengo fue en 1994 el campamento del Ejército ruandés hutu que invadió el Congo después de perpetrar la matanza de cientos de miles de tutsis en el vecino país. Ahora es el eje de un complejo de 16 campos de desplazados y refugiados que con ayuda de la Unión Europea y de las organizaciones humanitarias da refugio a unas trece mil personas. Éstas pertenecen a diferentes grupos étnicos que conviven aquí sin asperezas. Aunque Bulengo está mucho más asentado y organizado que el de Hewa Bora, la calidad de vida es ínfima. Las chozas y locales, muy precarios, están atestados y por doquier se advierte desnutrición, miseria, suciedad, desánimo. La nota de vida la ponen muchos niños, que juegan, correteándose. Varios de ellos son mutilados. Converso con un chiquillo de unos 10 o 12 años que, pese a tener una sola pierna, salta y brinca con mucha agilidad. Me cuenta que los soldados entraron a su aldea de noche, disparando, y que a él la bala lo alcanzó cuando huía. La herida se le gangrenó por falta de asistencia, y cuando su madre lo llevó a la Asistencia Pública, en Goma, tuvieron que amputársela.
En Bulengo hay 48 familias de pigmeos, que, aparte de las protestas que ya hemos oído en Hewa Bora, aquí se quejan de que la escuela es muy cara: cobran 500 francos congoleños mensuales por alumno. La educación pública es, en teoría, gratuita, pero, como los profesores no reciben salarios, han privatizado la enseñanza, una medida tácitamente aceptada por el Gobierno en todo el país. En muchos lugares son los padres de familia los que mantienen las escuelas -las construyen, las limpian, las protegen y aseguran un salario a los profesores-, pero aquí, en los campos de refugiados, todos son insolventes, de modo que si se ven obligados a pagar por los estudios, sus hijos dejarán de ir a la escuela o ésta se quedará sin maestros.
En el campo hay muchos desertores de las milicias rebeldes. Uno de ellos me cuenta su historia. Fue secuestrado en su pueblo con varios otros jóvenes de su edad cuando los hombres de Laurent Nkunda lo ocuparon. Les dieron instrucción militar, un uniforme y un arma. La disciplina era feroz. Entre los castigos figuraban los latigazos, las mutilaciones de miembros (manos, pies) y, en caso de delación o intento de fuga, la muerte a machetazos. Me confirmó que muchos soldados del Ejército congoleño vendían sus armas a los rebeldes. Se escapó una noche, harto de vivir con tanto miedo, y estuvo una semana en la jungla, alimentándose de yerbas, hasta llegar aquí. En su pueblo, donde era campesino, tenía mujer y cuatro hijos, de los que no ha vuelto a saber nada porque el pueblo ya no existe. Todos los vecinos huyeron o murieron. Le pregunto qué le gustaría hacer en la vida si las cosas mejoraran en el Congo, y me responde, después de cavilar un rato: "No lo sé". No es de extrañar. En Bulango, como en Hewa Bora y en los campos de desplazados de Minova, la actitud más frecuente en quienes están confinados allí, y pasan las horas del día tumbados en la tierra, sin moverse casi por la debilidad o la desesperanza, es la apatía, la pérdida del instinto vital. Ya no esperan nada, vegetan, repitiendo de manera mecánica sus quejas -plásticos, medicinas, agua, escuelas- cuando llegan visitantes, sabiendo muy bien que eso tampoco servirá para nada. Muchísimos de ellos están ya más muertos que vivos y, lo peor, lo saben. Los campos son indispensables, sin duda, pero sólo si funcionan como un tránsito para la reincorporación a la vida activa, con oportunidades y trabajo. Si no, quienes los pueblan están condenados a una existencia atroz, parásita, que los desmoraliza y anula. Y éste es quizás el más terrible espectáculo que ofrece el Congo oriental: el de decenas de miles de hombres y mujeres a los que la violencia y la miseria han reducido poco menos que a la condición de zombies.

III - EL GALIMATÍAS CONGOLEÑO. Y, sin embargo, se trata de un país muy rico, con minas de zinc, de cobre, de plata, de oro, del ahora codiciado coltán, con un enorme potencial agrícola, ganadero y agroindustrial. ¿Qué le hace falta para aprovechar sus incontables recursos? Cosas por ahora muy difíciles de alcanzar: paz, orden, legalidad, instituciones, libertad. Nada de ello existe ni existirá en el Congo por buen tiempo. Las guerras que lo sacuden han dejado hace tiempo de ser ideológicas (si alguna vez lo fueron) y sólo se explican por rivalidades étnicas y codicia de poder de caudillos y jefezuelos regionales o la avidez de los países vecinos (Ruanda, Uganda, Angola, Burundi, Zambia) por apoderarse de un pedazo del pastel minero congoleño. Pero ni siquiera los grupos étnicos constituyen formaciones sólidas, muchos se han dividido y subdividido en facciones, buena parte de las cuales no son más que bandas armadas de forajidos que matan y secuestran para robar.
Muchas minas están ahora en manos de esas bandas, milicias o del propio Ejército del Congo. Los minerales se extraen con trabajo esclavo de prisioneros que no reciben salarios y viven en condiciones inhumanas. Esos minerales vienen a llevárselos traficantes extranjeros, en avionetas y aviones clandestinos. Un funcionario de la ONU que conocí en Goma me aseguró: "Se equivoca si cree que el caos del Congo está en la tierra. Lo que ocurre en el aire es todavía peor". Porque tampoco en las alturas hay ley o reglamento que se respete. Como la mayoría de vuelos son ilegales, el número de accidentes aéreos, el más alto del mundo, es terrorífico: 56 entre julio de 2007 y julio de 2008. Por esa razón ninguna compañía aérea congoleña es admitida en los aeropuertos de Europa.
Como el principal recurso del país, el minero, se lo reparten los traficantes y los militares, el Estado congoleño carece de recursos, y esto generaliza la corrupción. Los funcionarios se valen de toda clase de tráficos para sobrevivir. Militares y policías tienden árboles en los caminos y cobran imaginarios peajes. A Juan Carlos Tomasi, el fotógrafo que nos acompaña, cada vez que saca sus cámaras alguien viene con la mano estirada a cobrarle un fantástico "derecho a la imagen". (Pero él es un experto en estas lides y discute y argumenta sin dejarse chantajear). Para viajar de Kinshasa a Goma debemos, antes de trepar al avión, desfilar por cinco mesas, alineadas una junto a la otra, donde se expenden ¡visas para viajar dentro del país!
No es verdad que la comunidad internacional no haya intervenido en el Congo. La Misión de las Naciones Unidas en el Congo (MONUC) es la más importante operación que haya emprendido nunca la organización internacional. La Fuerza de Paz de la ONU en el Congo cuenta con 17.000 soldados, de un abanico de nacionalidades, y unos 1.500 civiles. Sólo en Goma hay militares de Uruguay, India, África del Sur y Malaui. Visité el campamento del batallón uruguayo y conversé con su jefe, el amable coronel Gaspar Barrabino, y varios oficiales de su Estado Mayor. Todos ellos tenían un conocimiento serio de la enrevesada problemática del país. La inoperancia de que son acusados se debe, en realidad, a las limitaciones, a primera vista incomprensibles, que las propias Naciones Unidas han impuesto a su trabajo.
Las milicias de Laurent Nkunda, luego de capturar Rutshuru, comenzaron a avanzar hacia Goma, donde el Ejército congoleño huyó en desbandada. La población de la capital de Kivu Norte, entonces, enfurecida, fue a apedrear los campamentos de la Fuerza de Paz de la ONU (y, de paso, los locales y vehículos de las organizaciones humanitarias), acusándolos de cruzarse de brazos y de dejar inerme a la población civil ante los milicianos.
Pero el coronel Barrabino me explicó que la Fuerza de Paz, creada en 1999, según prescripciones estrictas del Consejo de Seguridad, está en el Congo para vigilar que se cumplan los acuerdos firmados en Lusaka que ponían fin a las hostilidades entre las distintas fuerzas rivales, y con prohibición expresa de intervenir en lo que se consideran luchas internas congoleñas. Esta disposición condena a las fuerzas militares de la ONU a la impotencia, salvo en el caso de ser atacadas. Sería muy distinto si el mandato recibido por la Fuerza de Paz consistiera en asegurar el cumplimiento de aquellos acuerdos utilizando, en caso extremo, la propia fuerza contra quienes los incumplen. Pero, por razones no del todo incomprensibles, el Consejo de Seguridad ha optado por esta bizantina fórmula, una manera diplomática de no tomar partido en semejante conflicto, un galimatías, en efecto, en el que es difícil, por decir lo menos, establecer claramente a quién asiste la justicia y la razón y a quién no. No tengo la menor simpatía por el rebelde Laurent Nkunda, y probablemente es falso que la razón de ser de su rebeldía sea sólo la defensa de los tutsis congoleños, para quienes los hutus ruandeses, armados y asociados con el Gobierno, constituyen una amenaza potencial. Pero ¿representan las Fuerzas Armadas del presidente Kabila una alternativa más respetable? La gente común y corriente les tiene tanto o más miedo que a las bandas de milicianos y rebeldes, porque los soldados del Gobierno los atracan, violan, secuestran y matan, al igual que las facciones rebeldes y los invasores extranjeros. Tomar partido por cualquiera de estos adversarios es privilegiar una injusticia sobre otra. Y lo mismo se podría decir de casi todas las oposiciones, rivalidades y banderías por las que se entrematan los congoleños. Es difícil, cuando uno visita el Congo, no recordar la tremenda exclamación de Kurz, el personaje de Conrad, en El corazón de las tinieblas: "¡Ah, el horror! ¡El horror!"
Además del francés, la colonización belga dejó asimismo a los congoleses la religión católica. En el país hay también protestantes -vi iglesias evangélicas de todas las denominaciones-, musulmanes -en la región oriental- y varias religiones autóctonas, la mayor de las cuales es el kimbanguismo, así llamada por su fundador, Simon Kimbangu, enraizada sobre todo en el Bajo Congo. Pero, pese a la hostilidad que desencadenó contra ella el dictador Mobutu, a quien hizo oposición, la católica parece, de lejos, la más extendida e influyente. Iglesias y centros católicos son los focos principales de la vida cultural del país.
Los Poétes du Renouveau se reúnen en la iglesia de San Agustín, donde tienen una pequeña biblioteca, una imprenta y una amplia sala para recitales y charlas. Publican desde hace algunos años unas ediciones populares de poesía que venden a precio de coste y a veces regalan. Empeñados en que la poesía llegue a todo el mundo, se desplazan a menudo a dar recitales y conferencias literarias por toda la región. Asisto a un interesante encuentro, de varias horas, en el que discuten temas literarios y políticos. El francés que escriben y hablan los congoleños es cálido, cadencioso, demorado y, a ratos, tropical. Haciendo de diablo predicador, provoco una discusión sobre la colonización belga: ¿qué de bueno y de malo dejó? Para mi sorpresa, en lugar de la cerrada (y merecida) condena que esperaba oír, todos los que hablan, menos uno, aunque sin olvidar las terribles crueldades, la explotación y el saqueo de las riquezas, la discriminación y los prejuicios de que fueron víctimas los nativos, hacen análisis moderados, situando todo lo negativo en un contexto de época que, si no excusa los crímenes y excesos, los explica. Uno de ellos afirma: "El colonialismo es una etapa histórica por la que han pasado casi todos los países del mundo". Lo refuta otro, que lanza una durísima requisitoria contra lo ocurrido en el Congo durante el casi siglo y medio de dominio belga. Le responde un joven que se presenta como "teólogo y poeta" con una única pregunta: "¿Y qué hemos hecho nosotros, los congoleños, con nuestro país desde que en 1960 nos independizamos de los belgas?".
Mario Vargas Llosa


