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8.3.11

"Women are Heroes"

Feliz día a todas las mujeres.
Aunque a veces por el solo hecho de ser mujeres su vida es un tormento cotidiano.

Vale la pena cada segundo del video.



TRAILER " WOMEN ARE HEROES" from SOCIAL ANIMALS on Vimeo.

24.9.09

Jueves

Cae la tarde en Phnom Penh

Acabo de llegar del laburo, E. esta leyendo mientras que yo me abro una cerveza y prendo la tele, Obama esta en la pantalla de la BBC presidiendo la sesión del consejo de seguridad hablando de que todos debemos escribir un nuevo capitulo de paz y seguridad en la historia de la humanidad.

Creo que tratan de decirnos que hay algo puro, después de todo.

Hablan de las armas nucleares. Hace tiempo que se acabo la guerra fría pero ahora pasan por occidentales y orientales, judíos y musulmanes, choque de civilizaciones. Todos hablan de las armas, de los medios y justamente todos los que están sentados en esa mesa son los principales productores de armas. No hay por supuesto, una critica al poder establecido, al orden del dinero global y no nos dan ninguna pista del mundo del mundo que vendrá, salvo que será un mundo con menos emisiones de carbono.

13.8.09

Las reinas de Saba


La escritora colombiana Laura Restrepo ha viajado a los campos de refugiados en Yemen. Miles de mujeres y niños llegan hasta allí desde las costas del Cuerno de África. Huyen de la guerra, el hambre y el odio. Tercera entrega de la serie "Testigos del horror" con la que Médicos Sin Fronteras y "El País" quieren rescatar del olvido a las víctimas de la violencia.


Vienen subiendo, y son miles. Mujeres con sus hijos. Saben que muchas morirán por el camino, o que tendrán que dejar enterrados a sus hijos. Pero la decisión está tomada, y no pararán hasta encontrar un lugar donde la vida les abra por fin la puerta. Cueste lo que cueste, y por encima de quien se interponga. Si te paras aquí, en la costa sur de Yemen, vas a verlas venir: el Cuerno de África entero parece estar subiendo. En pateras, por el desierto a pie, mendigando a través de las antiguas ciudades. Me dice Habiba -somalí, comadrona graduada y querida amiga mía- que cuando escucha la palabra refugiados no piensa en hombres. Cierra los ojos y ve mujeres con niños.
-

Habiba -le pregunto-, ¿no serás tú la reina de Saba?


¡¿What?!

Cuando Médicos Sin Fronteras me propone visitar los campos de refugiados africanos en la República árabe de Yemen, lo primero que hago es releer un texto de 1934 en el que André Malraux cuenta cómo abordó un pequeño avión para sobrevolar esa región en busca de una mujer de 3.000 años de edad. Se trataba de la legendaria reina de Saba, soberana del incienso y de la mirra, nacida en algún punto incierto entre Yemen, Etiopía y Somalia. Poco después de su expedición, Malraux le anunciaba al mundo que había avistado desde el aire los vestigios del mítico imperio de Saba. Y sin embargo, a ella, a la Reina, nunca la encontró.

Nos acercarnos en jeep a Adén, en el extremo sur de Yemen. Ubicado sobre el golfo que lleva su mismo nombre, Adén mira hacia las desoladas costas del Cuerno de África, que le quedan a menos de 150 millas náuticas de distancia. Es el primer puerto que existió sobre el planeta. Allí fueron enterrados Caín y Abel, y construida el Arca de Noé, o al menos así está escrito; allí Arthur Rimbaud comerció con café, traficó con armas y renunció a escribir versos. Por las ventanas del jeep sólo vemos arena. Estamos en medio de ese mismo desierto yemení que en la historia antigua se tragó al ejército romano de Aecio Galo. Y de repente, como salida de la nada, aparece la reina de Saba. Es ella, no hay duda. Pero no la legendaria, sino la de carne y hueso. Y no la real, de realeza, sino la real de realidad.

Viene descalza, en medio de un grupo de 15 o 20 caminantes. Flaubert la imaginó vestida en brocado de oro con faralaes de perlas, azabaches y zafiros, pero no es así. Trae la ropa hecha jirones, arena en la boca, la mirada ausente y el cuerpo quemado por el sol y la sal. Se diría que es etíope por el color de su piel, que llaman nilótico en la suposición de que el tono, de un dorado tostado, es el mismo que el de las aguas del Nilo. Le preguntamos hacia dónde va. "A Arabia Saudí", responde. Pero no tiene brújula, ni guía, ni fuerzas, y no sabe que camina justamente en la dirección opuesta.

Como ella, miles de etíopes y somalíes echan a andar desierto adentro a la buena de Dios, o de la mano de Alá, retando a la fatalidad y ahuyentando demonios. Han cruzado el golfo en una de las travesías más arriesgadas e inhumanas que se puedan concebir. Vienen huyendo de la guerra, del hambre y del odio, o como diría Malraux, de las tres caras de la muerte.

Trono de arena. Volvemos a ver a la señora de Saba unas horas más tarde, en la playa, pero esta vez es somalí. Antiguos textos abisinios la llaman Makeda. El Corán la llama Belkis y la presenta "en un trono magnífico". Pero ella asegura llamarse Ayanna, trae un bebé en brazos y está sentada en la arena. Hace parte de los new arrivals, o recién llegados, tras un landing, o desembarco, traídos por los smugglers, o traficantes de personas. Los propios somalíes bautizan su éxodo con estos nombres en inglés; a fin de cuentas, aprendieron el idioma durante los años de dominación británica, una de tantas que han tenido que sobrellevar. También los franceses, los italianos, los rusos y Ronald Reagan saquearon su tierra, la convirtieron en campo de batalla y tras el retiro de las tropas la dejaron sembrada de armas, las mismas que luego fueron desenterradas por los asesinos locales: señores de la guerra, narcos, violadores, tiranos, piratas, clanes enfrentados, milicias vengadoras, smugglers. Hoy, las grandes naciones ni asoman por Somalia; la han dejado librada a la impiedad de su suerte. Nadie puede con ella, ardiente luna silenciosa que a todos espanta. En 1992, cuando ya el exterminio y la hambruna la habían arrasado, el mundo pareció apiadarse y mandó por fin ayuda humanitaria. Con resultados desastrosos: a los siete meses de su arribo, las fuerzas de Naciones Unidas la abandonaban, ametrallando en su huida a población civil desde helicópteros. A todos derrota la indómita Somalia, pero a quien más derrota, castiga y desangra es a sí misma. Me recita Habiba un viejo dicho somalí: "Con mi hermano contra el resto de la familia. Con mi familia contra mi clan. Con mi clan contra los demás clanes. Todos los clanes juntos contra el resto del mundo". Conozco el fenómeno. También yo provengo de un país, Colombia, hundido en un atolladero histórico donde nos devoramos los unos a los otros. No por nada Colombia y Somalia comparten el mismo paralelo sobre el globo terráqueo.

El bebé que Ayanna sostiene en brazos está vivo. Milagrosamente. Pese a estar exhausta y atónita, ella repite una letanía de frases secas, cortas. Dice a quien quiera oírla, o se dice a sí misma, que su niño venía llorando en el barco. Los smugglers le advirtieron que lo tirarían al mar si no lo callaba, pero cómo iba a callarlo, si ni agua tenía para darle. El niño siguió llorando y lo tiraron. Ella se tiró detrás, pudo agarrarlo antes de que se ahogara y nadó con él hasta la costa. Pero en el barco se le quedaron sus otros dos hijos. Luego los encontró, allí en la playa, vivos también. Uno de los refugiados que venían con ella en el barco los había ayudado a alcanzar la orilla.
No todos corren con la misma suerte. Barcos en los que sólo cabrían 30 o 40 personas son atiborrados con 120 o 150, en travesías que suelen durar entre tres y cinco días. Las soportan sin comer ni beber, a rayo de sol, entre orines, heces y vómitos propios y ajenos. A quien se mueva o proteste, los smugglers le descerrajan un correazo por la cabeza, la cara, la espalda, abriéndole la carne con la hebilla metálica del cinturón. Para no ser interceptados por la patrulla costera yemení, los barcos llegan de noche, dan media vuelta antes de alcanzar la orilla para emprender el regreso y en ese momento arrojan al agua su carga humana. En medio de la ciega negrura, algunos se ahogan porque no saben nadar. Otros, porque vienen entumidos tras permanecer tanto tiempo inmóviles y encogidos. Los hay que desaparecen nadando mar adentro, porque en la costa desierta no hay una luz que los guíe. Los etíopes llevan la peor parte. En el barco los hacinan abajo, en la bodega para el pescado, donde no es raro que mueran de asfixia, y una vez en Yemen no se les reconoce status de refugiados políticos, como sí a los somalíes. Por capricho de las convenciones internacionales, los etíopes son considerados simples migrantes económicos, y en cuanto tales pueden ser deportados.

Cuando emprenden el viaje, todos ellos saben del horror que les espera. No sólo lo saben, sino que duran meses juntando los 80 o 100 dólares que les cobran por el pasaje. "En el mar es posible que te mueras", me dice Habiba, "pero si te quedas en Somalia, es seguro que te matan".
Traídos por las aguas. Habiba huyó de Somalia hace siete años, también ella en patera, y hoy trabaja con los equipos de Médicos Sin Fronteras que patrullan la costa yemení a la espera de landings. Socorren a los recién llegados con primeros auxilios, agua, biscuits ricos en proteínas, ropa seca y chanclas de caucho, y les ofrecen transporte hasta un centro médico en la vecina Ahwar, donde podrán permanecer mientras se reponen. Al menos del cuerpo. Del extremo sufrimiento, la desesperanza y la muerte de los suyos, nadie podrá curarlos. Me cuentan que, hace unas semanas, entre los refugiados venía una muchacha muy bella. ¿Acaso no sería ella la reina de Saba? A lo mejor -condesciende Habiba-, pero al llegar a Yemen, los traficantes le impidieron bajarse del barco junto con los demás. Ella gritó, se volvió loca, intentó tirarse al agua, pero la amarraron. Se la llevaron de vuelta para violarla a su antojo.

Hussein, otro de los integrantes de MSF, me habla de la madrugada del pasado 15 de diciembre. "Imposible olvidar esa fecha", dice. "Al llegar a casa me bañé, al otro día me bañé dos veces. Pero por más que me bañe, esa fecha no la olvido. Habíamos salido a patrullar por la costa y hacia las siete de la mañana divisamos siluetas. ¡Landing! Venían como zombis", dice Hussein, "desnudos, con la expresión en blanco. Estaban muy mal, peor que otras veces. No reaccionaban. Al fin uno nos dijo lo que ya sospechábamos, que había volcado la patera en la que venían con otros 130 pasajeros. Atendimos a los vivos, corrimos hacia el mar y a lo largo de la playa fuimos encontrando los cadáveres. Muchos. Conté 57. Entre ellos había niños, adolescentes, mujeres embarazadas. Los cangrejos ya se estaban comiendo sus cuerpos. Los fuimos arrastrando lejos del agua, los tomamos fotos para que después sus familiares pudieran identificarlos, los metimos en bolsas plásticas. Trabajamos hasta que se cerró la oscuridad y no nos permitió seguir haciéndolo. Regresamos a la playa a primera hora del día siguiente y vimos que el mar había traído más cuerpos".


Los tres pisos de tu culpa. Jameelah lleva más de ocho años en el campo de Kharaz y sigue tan enferma como el día en que desembarcó. Las dolencias ya no están en su cuerpo, pero las carga en el alma. Se vino dejando atrás a su madre y a sus cinco hermanos. Trajo consigo a su único hijo, que murió durante la travesía de un golpe que le asestaron en la cabeza. A partir de entonces, tan pronto logra dormirse, Jameelah cae en una pesadilla que la martiriza. Sueña que un yenil, o demonio, la arrastra hacia una construcción de tres pisos donde la somete a juicio. En el primer piso, la condena por la muerte del hijo. En el segundo piso, la condena por abandonar a la madre y los hermanos. En el último piso también la condena, pero al despertar, ella no logra recordar por qué motivo era juzgada esa tercera vez. Jorge, uno de los psicólogos de MSF, le da un cuaderno y le pide "Jameelah, escribe tu sueño". Ella lo hace. Jorge lee y le dice: "Ahora vamos a preparar tu defensa. La próxima vez vas a explicarle al yenil que viniste a Yemen para trabajar y enviarle dinero a tu madre, que no la abandonaste, ni tampoco a tus hermanos, y que a tu hijo no lo mataste tú, lo mataron los smugglers. Dile a ese yenil que no haces nada contra tu familia, al contrario, has intentado darle mejor vida, aunque la posibilidad no esté en tus manos". El sueño de Jameelah se ha seguido repitiendo, pero ahora el yenil la absuelve en el primero y el segundo piso. Sin embargo en el tercero la condena, y ella sigue sin saber de qué la acusa. "La culpabilidad de las víctimas es un pozo sin fondo", me dice Jorge, el psicólogo.

¿Salomón usaba guantes?

Está escrito que Makeda salió de Saba y cruzó el desierto en busca de Salomón, de quien le habían dicho que era un rey sabio. Las sabias están más bien aquí, pienso al visitar el consultorio médico en el campo de refugiados del ACNUR en Kharaz, en pleno desierto, a tres horas por carretera de Adén. Los médicos son dos muchachas yemeníes, la doctora Jazmin y la doctora Leila. Según la usanza en el país, ambas van tapadas con abaya y toca negras de la cabeza a los pies, salvo una mínima ranura por la cual pueden verte, y tú a ellas puedes verles los ojos. Jazmin debe de pertenecer a un clan más tradicionalista que Leila, porque lleva puesto, además, un par de guantes negros que no se quita en público. "No siempre es fácil atender a las refugiadas", me dice. "Si sólo lidiaras con enfermedades, vaya y pase, pero tienes que enfrentarte a algo casi incurable, los prejuicios atávicos".

Yo miro sus guantes, miro el denso velo que le oculta la cara, y no puedo creer lo que estoy escuchando. Afortunadamente, ella, sin darse por aludida, me sigue explicando. Me dice que en el campo hay una somalí destrozada por un dilema. Vivía en Mogadiscio cuando una tarde, al regresar a su casa, fue violada por los seis o siete integrantes de una milicia etíope. No sólo la violaron una y otra vez, sino que la hirieron con cuchillo, le rompieron un brazo de un culatazo y la abandonaron cuando la creyeron muerta. Es lo habitual allí: ultrajar a las mujeres de otro clan es una de las formas que asume la venganza. Alguien la encontró en coma, se las arregló para hacerla ver por un médico, y ella sobrevivió. Pero se convirtió en motivo de shame, vergüenza, para su familia somalí, por haber sido violada por etíopes. Luego se dio cuenta de que había quedado embarazada, y huyó de Somalia por temor a que sus propias gentes mataran a la criatura al nacer. Dejó en casa a sus cuatro hijos, logró cruzar el golfo y se presentó en el campo de Kharaz, pidiendo asilo. Allí, las doctoras Jazmin y Leila le atendieron el parto. El niño, que nació bien, tenía la piel oscura de los etíopes, así que con sólo verlo, cualquier somalí reconocería en él la sangre ajena. Desde Mogadiscio, la abuela le rogaba a la mujer que abandonara en Yemen al niño etíope y que volviera a casa a hacerse cargo de los otros cuatro, que estaban pasando hambre. Ella sabía bien que con el bebé no podría regresar. ¿Qué hacer? Estaba enferma de confusión, de angustia, de soledad. Los dos médicos tomaron el problema en sus manos. Le ayudaron a conseguir trabajo para que pudiese enviarles dinero a los hijos que dejó en Somalia, mientras permanece en Yemen con el más pequeño. Y le asignaron una madre sustituta que cuida al pequeño de tanto en tanto, mientras ella visita a los otros en Moga. Ni el propio Salomón hubiera salido con una solución tan salomónica.

La casa de las mendigas. En el calor lento de las seis de la tarde se fermenta un olor denso y ahumado a cardamomo y canela, a basura, orines e incienso. Estamos ahora en el laberinto de pasadizos de la barriada de Al Bassateen, en las goteras de Adén, donde sólo viven somalíes y half-castes, o yemeníes con sangre somalí. Desde hace un rato alguien me sigue, tirándome de la manga. Es una mujer con un recién nacido en brazos. Es una alyawm, una limosnera. "Vete a casa", le dice Habiba, "tu niño está demasiado pequeño, ¿cuánto tiene de nacido?". "Cuatro días", responde la mujer, "lo parí aquí mismo, en la calle". Nos lleva a donde vive, la casa de las mendigas. Doce o trece mujeres comparten un pequeño patio de tierra y a medio techar. Algunas se ven descarnadas y enfermas, y una de ellas no se mueve ya: espera acurrucada en un rincón, con la boca abierta y los ojos atónitos, a que le llegue la muerte. Syrad, la más enérgica y saludable, nos ofrece té. "En Al Bassateen, mendigar es el único oficio para una viuda", dice. Si le pides limosna a un hombre yemení, se siente en la obligación de dártela. Es musulmán, la religión se lo ordena. Pero si es muy negociante, te pueden decir: "Toma estas monedas, tómalas; pero si me la chupas, te doy el triple".

Le pregunto a otra de ellas qué espera de la vida, y responde que nada. "Recién llegada de Somalia tenía sueños", dice, "porque pensaba que aquí la vida podía ser mejor. Ahora sé que no es mucho mejor. Bueno, sí, tengo un sueño, uno pequeño, el sueño de cada día: que alguien me dé una limosna".

Caminamos luego hasta el famoso Bloque Tres, el sector de las dhillos, o prostitutas. Nos permiten entrar a una de las casas. En realidad es un patio casi igual al de las mendigas, pero en éste las mujeres son más jóvenes y han pegado en los muros afiches de Bollywood. Se envuelven el cuerpo en coloridas futas, llevan los brazos pintados de gena, anillos en los dedos de las manos y los pies, ajorcas en los tobillos y brazaletes en las muñecas. Nos ofrece el té un muchacho depilado y maquillado que parece ser de inferior rango porque las mujeres le dan órdenes. Colocan en torno al patio colchonetas de espuma de caucho, traen pequeños cojines para que Habiba y yo estemos más cómodas y rocían el ambiente con desodorante floral en spray. Ahora sí -escribo en mi libreta-, me encuentro entre las auténticas reinas de Saba, con todo, y almohadones, perfumes y joyas.

Al principio ni mencionan su oficio, pero poco a poco aflojan y van contando las ventajas y los sinsabores de la vida que llevan. "Por aquí es costumbre que te paguen con comida", dicen. "Te invitan a cenar y sales de ahí con el estómago lleno y las manos vacías. Otros te enciman el khat. Algunos clientes sólo piden que les dejes pasar la noche contigo. Se acuestan a tu lado y no hacen nada, salvo mascar khat. Están consumidos por el khat, que a la larga los deja impotentes. No les importa, lo siguen mascando, y nosotras también. Conseguimos suficiente khat para estar alegres, y suficiente comida para mantenernos vivas. Pero rara vez podemos juntar dinero para mandar a Somalia. Una opción mejor es trabajar en hoteles. Los taxistas te llevan hasta los hoteles a cambio de una mamada, y al regreso, igual. Como por aquí es raro ver un billete, los trabajos se pagan en especie. En el hotel limpias los cuartos, tiendes las camas, trapeas los pasillos y estás ahí para cumplir la voluntad del huésped. Cada tanto, el dueño nos lleva a un hospital a que nos revisen la sangre. Cuando caen huéspedes de Arabia Saudí, traen dinero en los bolsillos, y nosotras podemos mandar algo a casa para nuestros hijos".

De repente se enciende la algarabía en el Bloque Tres. Se ha armado la trifulca y de todas las puertas salen mujeres dando gritos. Un cliente quiso volarse sin pagar, la damnificada dio la voz de alarma y ahora corren tras él. Lo alcanzan y le propinan una paliza. Aparentemente, sólo le cae encima una lluvia de puños, pero en realidad le causan heridas con los brazaletes de metal que llevan en las muñecas.

Un televisor y una cama. Es posible que Saná sea la ciudad más bella del planeta. Como sacada de Las mil y una noches, dicen las guías de turismo, y lo compruebas tan pronto atraviesas la vieja muralla por Bab al Yemen y te cae encima todo el prodigio del medioevo oriental. Afuera de la muralla, sin embargo, es otro el cantar: una modernidad destartalada, sucia e inconexa, con Internet lento y tráfico energúmeno. El último rincón de este adefesio urbanístico es la barriada popular de Safía, donde en una habitación sin muebles me esperan 15 mujeres, largas y esbeltas, a punta de hambre. Son algunas de las somalíes que sobreviven en la capital limpiando casas durante el día, y hacinándose de noche con sus hijos en habitaciones como ésta. Van cubiertas como las yemeníes, pero a medida que conversamos, se quitan la ropa negra y debajo aparecen las coloridas telas africanas. Iprah lleva un brazo enyesado; fue atropellada por un coche en las calles de Saná y no logró que la atendieran en ningún hospital hasta una semana después, cuando encontró a familiares que aceptaron pagar su cuenta. Yurop tiene la frente y una oreja quemadas. Hace un par de años intentó quitarse la vida por el medio tradicional de suicidio femenino en su tierra, que consiste en rociarse con combustible y prender un fósforo. Se lo impidieron unas vecinas, sofocando el fuego con mantas de lana.


Está escrito que cuando la reina de Saba se iba acercando a lomo de elefante, bajo su parasol rojo con campanitas de plata y respirando por la boca porque le oprimía el pecho un corsé de pedrería, era tal el esplendor que irradiaba, que la multitud, deslumbrada, se postraba en tierra a su paso. No les pasa otro tanto a las reinas de Safía, acostumbradas a soportar un sonoro "vete al infierno" cuando preguntan si necesitan quien haga la limpieza. "Desconfían de nosotras. Nos acusan de groseras y ladronas, y abusan. El otro día me quejé ante una señora: 'Vigila a tu marido', le dije, 'quiere violarme'. Me respondió: 'Y qué problema te haces, dale lo que quiere, ¿acaso no te pagamos en esta casa?".

Las 15 mujeres están agotadas. Son ya las nueve pasadas de la noche, hace poco regresaron de sus rondas por la ciudad y acaban de alimentar a sus hijos con las sobras de comida que pudieron recoger. ¿Con qué sueñan, muchachas? Les pregunto antes de despedirme, y a coro me responden: "Con una cama y un televisor". Y cómo no, comento, después de semejante jornada cualquiera quisiera echarse en una cama y poner la mente en blanco frente a una pantalla. "No, no es eso". Yurop me explica: "La cama es para encadenar a los niños, ¿entiendes? No nos queda otro remedio. Tenemos que dejarlos solos durante todo el día, y si salen a la calle, cualquier cosa puede sucederles. La única solución es dejarlos amarrados a las patas de una cama. Cuando regresamos a la noche están hechos un desastre, lo primero que hacemos es lavarlos. Están orinados, cagados, lloran a gritos, se han peleado entre ellos, no han comido nada. El televisor es para que se entretengan mientras nos esperan".

La humanidad sólo cuenta con unas cuantas líneas escritas que dan testimonio de la existencia de la reina de Saba: alguna referencia en la Biblia, poco más en el Corán, menciones en textos apócrifos, manuscritos perdidos en alguna biblioteca, un reportaje de André Malraux. Y unas ciertas cartas. También en Safía me entregan una docena de estas cartas. Le sucede a cualquier extranjero que se asome por Kharaz, por Ahwar, por Al Bazateen: sale con los bolsillos llenos de cartas que las refugiadas escriben en inglés y llevan a todos lados en bolsitas plásticas. Están copiadas a mano y van dirigidas a todos, a ninguno, a quien quiera escuchar. Pueden ser escuetas biografías de una o dos páginas, o anuncios de se busca: un hijo perdido en medio de la guerra, un esposo que emigró y no da señales de vida. Puede ser el nombre de una medicina que no logran conseguir para un hermano que se queda ciego, o para una abuela que sufre de los nervios. Puede ser también la denuncia de una violación en tal barrio, de una matanza en tal pueblo. Las más breves son apenas un nombre y una ubicación, me llamo tal, me encuentro en tal lugar. Cada una de estas cartas es un llamado imperceptible, un improbable acto de fe, como el "aquí estuvo fulano" que un desaparecido raya con la uña en el muro de una celda.

5.8.08

Convergencia forzada


Profundamente impactado quede al recibir un email de M. en el que cuenta la idea de un fotografo argentino radicado en Barcelona, Gustavo Germano, quien queria ubicar fotograficamente a quien ya no esta. Una idea simple, limpia y a la vez contundente que muestra a través de la fotografía catorce casos de historias de desaparecidos donde quedan expuestos el dolor de la ausencia y el sentimiento de la permanente presencia de quienes ya no están. El arte como forma de preservar la memoria. Enmudece.

23.5.08

Screams haunt me

Thabiso, a 36 year-old Zimbabwean woman, had to flee the township of Thembisa near Johannesburg, after a series of xenophobic attacks.

I was awoken by the sound of screaming on Monday. I realised they had set alight a shack belonging to a Mozambican immigrant. He tried to escape the fire. But the residents were armed with all sorts of traditional weapons and AK-47 rifles.
They shouted: "Umbambe engabaleki", which means "Don't let him run away" in Zulu.
They threw a bric
k at his head and he fell down.
The mob caught up with him, doused him with petrol and threw him back into the burning shack.
The screams of the burning Mozambican still haunt me. When I close my eyes to try to sleep, I see the man screaming for help. But no-one helps him.

I have never seen such barbarism. I cannot stand this kind of life.

Viernes por la tarde. Afuera llueve. Una llovizna y la promesa de granizo borran el horizonte y el cielo. Alternando, la llovizna y el frío me recuerdan la tragicomedia que vivimos día a día.

Parece que el domingo viene muy movidito, tanto por un lado como por el otro y la verdad es que yo me siento muy cerca de los pequeños y medianos productores pero siempre sin olvidarme que es una pelea "sectorial", es decir un sector que lucha por sus intereses, por dinero, ganado con trabajo y esfuerzo, pero no deja de ser una pelea por unos mangos y de no existir "losmercadosafuturoomejorllamadasretencionesmoviles" -Córtazar dixit- no se si todos estaríamos luchando por un país más federal, representativo y justo. Esta claro que el enemigo es el mismo, la mentira, la corrupción, el engaño, la soberbia, el clientelismo pero no se si estamos todos en el mismo bando. ¿ Estamos frente a una verdadera oposición política o solo nos movemos cuando nos tocan el bolsillo?

Otra cosa que me llamo mucho la atención fueron los disturbios en Sudafrica, se dieron cuenta que es en ese mismo país donde 14 años atrás funcionaba el regimen del apharteid, donde el mundo celebro la liberación de Mandela. Así las cosas, ese país ha recibido un aluvión incontrolado de africanos huyendo del rosario de conflictos continentales, la escala y naturaleza de lo que ahora ocurre, rememora las peores epocas de aquel oscuro regimen y millares de inmigrantes que intentan refugiarse de la vesania en iglesias y comisarías. La violencia está apuntado, sobre todo, contra los cientos de miles de ciudadanos oriundos de Zimbabwe y Mozambique que viven en el país, y la contra está motorizada por el color de piel.
Enardecidos ciudadanos sudafricanos acusan a los extranjeros de sacarles trabajo (más del 40 por ciento de los sudafricanos son pobres) y de ser criminales, en uno de los países con mayor tasa de crimen del mundo. Si la causa de la ola de violencia es que son inmigrantes, criminales o las numerosas desigualdades sociales me parece un detalle, lo que más me llama la atención es que nunca aprendemos y sigo pensando que estamos condenados al oprobio; se siguen matando de la misma forma, se los persigue con palos y machetes, una vez ya apaleado se le coloca una cubierta alrededor del cuello, se lo rocía con combustible y se le prende fuego, a diferencia con lo que pasaba en el apharteid ahora el ultimo paso es grabar con el teléfono celular los últimos minutos de la víctima.

Este día, que alterna llovizna y frío, nos recuerdan la miseria humana, que nos incita a matarnos entre nosotros y nos hace ver el poco honor que tenemos para atravesar las penurias juntos.

Afuera sigue lloviendo.

11.12.07

4 meses, 2 semanas, 2 días

¿Quién no conoce a alguien que se haya realizado un aborto?

Un aborto un tipo de experiencia que no se suele compartir, es algo que uno oculta, trata de olvidar y hasta de negar. Siempre que se discute el tema del aborto todos tienen una historia personal referida al tema pero siempre es algo que permanece en las sombras y la mayoría de las veces son historias horribles.

Otilia y Gabita comparten habitación en una residencia de estudiantes. Ambas van a la universidad en Rumanía durante los últimos días del comunismo. Otilia alquila una habitación en un hotel barato. Han quedado con un tal Sr. Bebe por la tarde. Gabita está embarazada, el aborto es ilegal y ninguna de las dos ha pasado por algo parecido antes.

El contexto historico dice, según internet, que en 1966 fue impuesta en Rumanía una ley que prohibía el aborto. El efecto fue inmediato: la tasa de natalidad aumentó mucho después de 1966. La media de niños por clase pasó de 28 a 36. El número de aulas en los colegios aumentó de 2 ó 3 a 9 ó 10. Las mujeres no tardaron en recurrir al aborto ilegal. Cuando llegó el final de la era comunista, fuentes fidedignas afirman que más de 500.000 mujeres habían muerto por abortar ilegalmente. En este contexto, el aborto perdió su connotación moral; se veía más como un acto de rebelión y resistencia contra el régimen. Después de 1989,una de las primeras medidas fue volver a legalizar el aborto. Hubo casi un millón de abortos durante el primer año, mucho más que en cualquier país de Europa. Todavía hoy el aborto se usa como método anticonceptivo en Rumanía, con más de 300.000 casos declarados anualmente.

Encontré algunas declaraciones del director, Cristian Mungiu, acerca de la estética de la película "Antes de empezar a rodar, hablé con Oleg Mutu, mi socio y director de fotografía, para saber qué estilo sería mejor para la película. Decidimos inclinarnos por la sobriedad y desechar todo lo que pudiera parecer ensayado o convencional. No usamos trípode, pero tampoco una steadicam. No usamos travellings ni grúas. Decidimos rodar cada escena con una sola toma y permitir al actor que usara el espacio detrás de la cámara. Nunca hicimos panorámicas ni inclinamos la cámara para ver la cara de un actor. Hay diálogos hablados fuera del encuadre o con actores con la cabeza fuera del plano. Decidimos rodar a los actores de espaldas si era necesario. Poco a poco, abandonamos todo lo que podía considerarse demasiado bonito, demasiado ensayado, incluso la maravillosa nieve que cae al final de la última toma. Intentamos concentrarnos en capturar la emoción y la verdad."

Solo puedo decir que es una película intensa, conmovedora, es una exploración del carácter, de las responsabilidades, de la amistad y la entrega en condiciones casi extremas.

¿Cuando vamos a empezar a hablar del aborto? ¿ Y legalizarlo?

26.11.07

Todo sigue igual

A una semana de mi regreso a casa nada nuevo bajo el sol...

UNO. Un adolescente que mata su padre, su madrasta y a hermanastro a escopetazos, o el otro adolescente que mato a su padre de un tiro cansado de los malos tratos o las primas asesinadas en Pilar o más reciente el crimen de la odontóloga este clima de muerte y violencia que se respira en la Argentina de hoy sumado a mi reciente viaje por Grecia me hizo recordar cierta crónica, creo que escrita por Umberto Eco. En el relato Eco bromeaba acerca de cierta conversación que escucho no recuerdo si en un bar o en un tren en la que un grupo de personas comentaban una serie de crímenes en Italia hace un tiempo. (Fragmento de dialogo)

- Hay que ver, ¿ha leído usted en qué tiempos vivimos? Seguro que ha leído hoy lo de ése que ha matado a su mujer que estaba embarazada. ¿Y lo de esos que hace algunos meses se cargaron a toda la familia de al lado porque tenían la radio un poco alta? ¿Y lo de la prostituta rumana que le clavó el paraguas en el ojo a una chica por una pelea de nada? ¿Y cuántas madres en los últimos tiempos han matado a sus hijos? ¿Y ése que acabó con su hija para impedirle que se casara con un cristiano? Pero, ¿qué es lo que está pasando?"
Debido a que el morbo nos gusta a todos y hablar de los demás más todavía más gente se suma a la conversación, incluido Eco que acota.
-¿No había leído la historia aquella de Piacenza? Un tal Menini, para congraciarse con uno que debía asegurarle el éxito en su empresa, le entrega a su hija, sabiendo perfectamente que era uno sin escrúpulos y que se la despacharía, y luego se va tranquilamente a su viaje de negocios. Mientras tanto, como el marido está lejos, un prometedor gigoló, un tal Egidi, se pone a consolar a la Sra. Menini, se convierte en su amante, prácticamente se instala en su casa y, cuando el Sr. Menini regresa de su viaje, lo mata, naturalmente con la colaboración de la señora. [...] el hijo de Menini vuelve del extranjero donde está haciendo un Erasmus, mata al tal Egidi y luego, como no le parece bastante, se carga también a su madre. Qué fuerte, qué fuerte, suspira el señor.
Y lo de la Señora Medi de Medicci? El marido la deja plantada, y ella para vengarse, como sabe que está loco por sus hijos, va y los mata. "La verdad es que ya no hay religión, se queda en nada eso de cortarse los testículos para darle un disgusto a la mujer, mire usted que cargarse a la sangre de su sangre para darle rabia al marido", se queja el vecino , "pero, ¿serán madres, semejantes mujeres? Eco dice que es la influencia de la televisión, y de esos programas violentos que hacen los comunistas
Insisto. A lo mejor, el señor no ha leído la historia del tal Croni de Saturnia que le corta los testículos a su padre y luego hace abortar a su mujer y se come los fetos. Dice el señor: "Estaría afiliado a una secta satánica, quizá de joven se dedicaba a tirar piedras a la autopista desde los puentes. Pero claro, vea usted, si es que justo en el periódico que está leyendo no hay más que elogios del aborto y del matrimonio entre travestis.
Hombre, mire la mayor parte de los delitos sexuales se verifica hoy en día dentro del núcleo familiar. Habrá oído lo de ese Lai de Battipaglia, que su hijo lo mató y luego se arrejuntó con la madre hasta que ésta no pudo aguantarlo más y se mató también ella.
Pregunta el otro interlocutor si los criminales son rumanos o inmigrantes de otro país a lo que Eco responde que ha hecho un poco de trampa con los nombres y los lugares. Eran todos griegos, y las historias no las he leído en el periódico sino en el diccionario de mitología. El señor Menini era Agamenón, que sacrifica su hija a los dioses para tener éxito con la expedición de Troya; el joven Egidi que lo mata es Egisto, y la mujer infiel era Clitemnestra, que a su vez es asesinada por su hijo Orestes. La señora Medi era Medea, el señor Croni era Cronos. El señor Lai era Layo, asesinado por Edipo, y la mujer incestuosa era Yocasta. Y son éstos los mitos que fundan nuestra civilización, no sólo las bodas de Cadmo y Harmonía.
Eco reflexiona que el asunto es que, entonces, se escribía de vez en cuando una tragedia o un poema sobre estas historias, mientras que hoy en día los periódicos están atentos a cualquier hecho de crónica y llenan con sangre dos o tres páginas y miles de horas en los noticieros. Se calcula, además, que hoy somos seis mil millones mientras que entonces la población del mundo se limitaba a algunas decenas de millones. Si sacamos las proporciones, antaño se mataban más que hoy. Por lo menos en la vida de cada día, excluyendo las guerras. Y quizá Agamenón era incluso peor que Bush.

DOS. Otra noticia que sacudió los medios esta semana y que se gano el repudio internacional fue el caso de “la chica de Qatif”. Se trata de la joven de 19 años condenada por “adúltera” a 200 latigazos (sic) pese a haber sido víctima de una violación múltiple. Según las crónicas la joven salio de la Universidad con un amigo a buscar unos apuntes y un grupo de hombres intercepto el coche atacando al amigo y violándola a ella en reiteradas ocasiones. Los latigazos los recibirá porque no estaba acompañada por el padre o el marido (vale a clarar que la joven es soltera) Hubo rechazos de organizaciones, personalidades y políticos de todo el mundo. Pero el gobierno de Arabia Saudita no se conmovió. Ayer el Ministerio de Justicia de ese país acusó a los medios extranjeros de falsear la información sobre el tema y anunció que la sentencia será cumplida sin dilaciones concomitantemente en Arabia Suadita se celebro conjuntamente con el resto del mundo el Día internacional de la No violencia Contra la Mujer (sic)

TRES. (Y favorita) En Roma descubrieron una cueva donde probablemente la Loba amamanto a Remo y Romulo; Por estos pagos parece que también se ocuparon del del asunto, especialmente en el Parque Lezama donde se afanaron a Romulo y Remo ( Pobre Loba!!)


La Loba del parque Lezama (sin Romulo ni Remo)

21.10.07

Coeficiente blanco

¿Los negros menos inteligentes? ¿Quizas porque no comen desde chicos?

Todos seguro ya saben de las polemicas declaraciones de James Watson adjudicando ala raza blanca una inteligencia superior a la negra, Watson junto con Crick fueron ganadores del Nobel porque descubrieron hace muchos años de la doble helice del ADN, evidentemente el viejo esta gaga (o no y mostro la hilacha). Tenía ganas de escribir algo pero leí esta nota de Barone hoy en La Nación y me parecio interesante colgarla al blog.

"...La cultura blanca atribuye el color negro al mal. O a lo sombrío y negativo. Agujero negro, porvenir negro, lista negra, humor negro, suerte negra, negro como la muerte, historia negra. Las brujas, la mujer de la guadaña, Drácula, la capucha del verdugo, los heraldos, lucen de color negro. La viuda negra -araña o humana- seduce y copula, y se come al macho. Un colapso de la Bolsa es un día negro. Y también un fondo buitre. No hace falta explicar a qué se llama pozo negro. Ahora un blanco -James Watson- acaba de aportar otro agujero, pero no negro sino blanco, a los ya incontables que oscurecen la cultura cumbre. Acaba de proferir que los negros serían menos inteligentes que los blancos. Ni siquiera adjudican el Premio Nobel y deben resignarse a que un comité blanco cada tanto se digne a concedérselo. Además se dejaron arrastrar desde Africa encadenados para ser explotados hasta que el blanco decidió liberarlos. Y está esa otra prueba fehaciente: La cabaña del tío Tom. La historia de un esclavo negro maltratado despiadadamente por sus amos blancos, a quienes la víctima perdona. Watson, que de niño debe de haber leído ese libro, se debe de haber dado cuenta, por el perdón, que Tom no era inteligente. Si no se hubiera vengado. Aquí, durante generaciones, en las películas de Tarzán nos dábamos cuenta de quién era allí el amo. Aunque nunca entendimos cómo sin poner trabas de pudor, nos dejaban ver esas películas donde las negras lucen en topless y Jane, que es blanca, siempre usa corpiño. Moraleja de aquella niñez: las negras sí, pero no las blancas. A estas alturas quisiera ser tan obvio como para decir esta idiotez: "Los negros tienen mucho ritmo y mucho sexo, y los blancos tenemos a Watson".
Es curioso, pero se ha determinado que los rastros más antiguos del origen del hombre están en Africa. Sí, en Africa, y no en Boston ni en Zurich. Ni tampoco en el laboratorio caverna donde los genes son forzados a confesar verdades, pero también mentiras. Cráneos humanos de más de 150.000 años de antigüedad se encontraron hace poco en la región de Herto, en Etiopía. Por lo cual uno podría preguntarse:¿y si, entonces, Dios es negro? ¿ Y si es varón y tiene el aspecto de Mandela o de Cesaire Aimé, el poeta de la negritud, o del negro Rada? Siguiendo ese origen africano, se podría sospechar que los blancos se apoderaron de la imagen de Dios y la blanquearon para creérsela afín. Es cierto que hubo papas negros, pero eran blancos. Lo que acaba de provocar la declaración del científico James Watson acerca de que "los negros tienen menos inteligencia que los blancos" es un tremendo "buraco" cavado en la sociedad mediática para causar escándalo. Los únicos que discriminan -en sentido contrario- entre un perro de paladar negro y otro de paladar neutro son los dueños de los perros. En cambio, en la selva, sin malas influencias, los gorilas negros aceptan sin desconfiar a gorilas albinos. Habrá mucha gente blanca -y negra blanca que la hay- que al enterarse del pensamiento de Watson se sentirá interpretada sin tomarse el trabajo de medir su propio coeficiente. Es esa clase de gente que a lo sumo tolera un sueño negro para aliviarse de la vigilia mediocre. No hay ninguna ley que impida al hombre más sabio hacerse el idiota o serlo. Un idiota triunfador sigue siendo un idiota. Y si tiene una inteligencia aguda corre el riesgo de una idiotez más intensa. La ciencia no tiene ideología: los científicos sí. Y a veces se superan..."

14.10.07

Domingo

UNO. En Sudan, Liberia o la Argentina ¿importa donde? Lo que yo trate de plasmar en el post anterior fue la realidad con la que convivo cotidianamente; La violencia sexual en Liberia es algo que esta fuera de discusión, solamente Sudan, en donde los árabes del norte arrasan y violan a las tribus negras del sur puede ser peor que acá, en el Hospital Benson atendemos más de 150 personas abusadas por mes aproximadamente y el 50% tiene menos de 12 años, los perpetradores generalmente son conocidos, familiares como también desconocidos y esto es solo la punta del iceberg, solo nos llegan los pacientes que le cuentan a alguien lo sucedido y se animan a seguir adelante. Las violaciones fueron un importante arma de guerra durante los 14 años de guerra civil pero ahora es algo completamente instalado en la sociedad y llevara años educar generaciones para hacerles entender que no es normal. Me hice muchas preguntas frente a este tipo de pacientes ¿ porque está en nuestra naturaleza? ¿por cultura? lo que nunca me pregunte es de que nacionalidad tenía que ser el medico que las atendía. ¿Importa?
Estas víctimas pertenecen primero a la especie, luego al continente y después a la etnia o país que sea. Su historia personal y mínima es a la vez colectiva y máxima. (algo ya discutido con anterioridad no?)
DOS. Una de las cosas por las cuales se caracteriza Nimba es por la presencia de una enfermedad endémica llamada Fiebre de Lassa. Esta enfermedad es característica de África del oeste, creo que Lassa es un pequeño pueblo en Nigeria, esta enfermedad está causada por un virus y pertenece al grupo de las fiebres hemorrágicas junto con el Ebola y el Markung. La enfermedad tiene como vector a las ratas y se transmite básicamente a través del contacto con los roedores, el problema de Nimba es que la gente no solo tienen contacto con los roedores producto de la pobreza sino que también hay una gran tradición en comerse las ratas ( si así, sutilmente, se las morfan, calculo que habrá empezado como una cuestión de necesidad y través del paso del tiempo se fue convirtiendo en algo cultural y esto es lo que hace difícil concientizar a la población acerca de la enfermedad ). Los síntomas son bastante inespecíficos como cualquier enfermedad viral y generalmente cuando se puede hacer diagnostico es demasiado tarde y los pacientes se encuentran en la fase terminal ( es decir sangrando por todos lados ). El centro de salud de Nimba cuenta con un espacio especial para estos pacientes ya que una vez sospechada y diagnosticada la enfermedad hay que aislar al paciente, brindarle tratamiento antiretroviral y salir desesperadamente en busca de los últimos contactos del enfermo para tratarlos.
TRES. El mundo es perverso y cruel y todo lo que nos dicen para justificarlo es mentira, la noticia inventada es lo único que puede explicar a las demás, pasando desde la manipulación del los índices del Indec a la democracia marital que tiene para ofrecernos "papa del gobierno a 1,40" algún que otro tomate mas mucho maquillaje de Cristina, pero tenemos suerte, la coyuntura es tan buena que ni los Kirchner lo pueden estropear. pero hay una esperanza que ya es realidad ; la condena del cura Von Wernich esta semana (que aunque no lo crean la prensa liberiana le dedico media pagina). La iglesia lanzo un comunicado pero yo creo que todos queremos más, queremos que le saquen el traje de sacerdote. Si a un divorciado le está vedado comulgar, ¿puede un asesino como Von Wernich tomar confesión a Etchecolatz y absolverlo de pecado?
Justicia, lenta pero justicia al fin.

12.10.07

Diario de viaje: Nimba II

"Y un horizonte de perros ladra muy lejos del río"
F.G. Lorca

Mis días en Nimba transcurrieron dentro de una vorágine inusitada y revivieron mis recuerdos de los campos de Refugiados del norte de Uganda, a diferencia de aquella experiencia en la que eramos una enfermera, una matrona y yo contra el mundo al mejor estilo Podetti, el centro de salud de Saclepea esta sumamente organizado e increíblemente puedo decir que es un pequeño centro de salud... de plástico. Sí, mi cara fue la misma cara de asombro que ustedes tienen ahora, el centro esta enteramente construido con plástico, paredes, techos, sala de partos, internación, todo es plástico. Recorridas de sala, pasar algunas horas en el centro de desnutridos, la maternidad, la consulta externa fueron mis actividades cotidianas, llamativamente siempre estuve acompañado por un pequeño perro, habitante permanente del centro de salud lo cual hizo casi imposible que no lo relacionara con King, aquella novela de Berger en la que es el perro quien va contando las vicisitudes de un grupo de marginados, me acuerdo de Vico y Vica, que viven al margen de la autopista, pero decir autopista es un eufemismo, estos viven al margen de la sociedad y es el perro el que cuenta como sobreviven (o no); recuerdo cierto reportaje en el que Berger traza cierto paralelo entre king y Argo, el perro de Ulises, quien see levanta del estiércol para liberar nuestros sentidos y enseñarnos el paisaje de la desolación humana.
Fue este perrito quien me acompaño durante mis días en Nimba, viendo pacientes, haciendo partos, después de mucho tiempo hice un par de partos y lamentablemente otra vez tuve que lidiar con las violaciones, esta vez fue bastante fuerte, una nena de 11 años violada dos veces en un lapso de tres días pero por distintas personas, no es algo que no haya visto antes en Monrovia, pero lo que más me llamo la atención fueron los comentarios de la madre que me llevaron a pensar que solo la trajo al centro de salud después de la segunda violación, fue ahí cuando algo le pareció que algo estaba fuera de lo normal, su status quo alterado despues del segundo ataque, una violación esta dentro de los planes de cualquier adolescente liberiana, pero la segunda oportunidad fue la que devolvió a la madre a la realidad.

El perro se levantó y se perdió entre la selva.

22.4.07

Virginia Tech



"We're all locked in our dorms surfing the Internet trying to figure out what's going on".

Para usted esto sucedió por:
1- este muchacho, "oldboy surcoreano", tenía un amor no correspondido.
2-predisposición genetica más ambiente "cultura ad hoc": enfermedad mental
3- alguien que nos quiere avisar que algo anda mal en una sociedad de 300 millones de
personas que duermen bajo la almohada con 200 millones de armas y su presidente esta
empecinado en librarnos del mal tirando bombas por doquier.