Se acabo el gordismo .
Al calor de la estufa y el brillo del televisor les recomiendo que se den una vuelta para ver las fotos de Robert Mapplethorpe en el Malba. Uno que verdaderamente hubiera estado en contra del del conservadurismo del gordismo.
"Discurso del no método, método del no discurso, y así vamos. Lo mejor: no empezar, arrimarse por donde se puede. Ninguna cronología, baraja tan mezclada que no vale la pena. Cuando haya fechas al pie, las pondré. O no. Lugares, nombres. O no. De todas maneras vos también decidirás lo que te de la gana..." (salvo el crepúsculo,Julio Cortázar)

"...Hoy los argentinos no sólo perdimos un partido. Me hablas de románticos alemanes y nigrománticos vieneses, pero esta noche quien me susurra las palabras al oído es el viejo sifilítico: que Dios ha muerto, que Él es humano más que humano, y que llegamos al crepúsculo de los ídolos. Dios ha muerto esta tarde en una pantalla de televisión –que es donde pasan esas cosas. Los argentinos, que siempre nos jactamos de ser la avanzada del ateísmo sudaca, elegimos creer –pese a las evidencias– en un dios menor, o mayor, o por lo menos de mucha carne y algún hueso.
El ateísmo de los argentinos se termina en el fútbol: ante él, todos somos religiosos de alguna religión privada, la que nos hace creer que una plegaria, un apretón de testículo izquierdo, un cruzarse los dedos, una camisa verde, van a influir en un evento lejano, planetario: van a hacer que un cuero inflado se desvíe los diez centímetros necesarios para escaparse del olvido y convertirse en un video repetible de aquí a la eternidad. El azar –ese imprevisto de los diez centímetros– es la base del fútbol; por eso nos resulta fácil confundir sus causas, creer que nuestras magias pueden ser una de ellas. Y por eso elegimos creer que todas esas magias podían resolverse en ese dios menor. Pero nunca pensamos que Maradona, como el dios de Russell, podría crear una piedra que no sería capaz de levantar.
Así que esta tarde nos quedamos sin dios. Uno a cero es la duda, dos a cero la tentación agnóstica, tres a cero la quema de los santos, cuatro a cero la muerte del dios. Un dios, como todos, discutido, amado, odiado, pero dios al fin. Al fútbol argentino le llegó la hora de enfrentar el mundo, los males, los empates, las pequeñas muertes peloteras sin la esperanza de la divinidad. No va a ser fácil –habrá más penas, habrá más olvidos– pero puede ser mucho mejor. Quizás, entonces, alguna vez hagamos un equipo. O quizás no.."
Villorio le devuelve la pelota igual o mejor. Ojala que publiquen el libro pronto.
La familia se hace y no sólo nace. Las relaciones de sangre son una cosa y la familia es otra. Es posible construir una familia en la que haya amor con personas que se heredan por lazos de sangre, o que el afecto familiar se establezca con quienes nos encontramos, más allá de los linajes, en la vida. Como también es posible vivir un infierno de intrigas y traiciones en ambos casos. De lo que nadie se salva hoy en día es que, si se quiere vivir acompañado por algo que se llama “familia”, es decir padres, hijos, hermanos, debe hacerla, conseguirla, con la sangre y el genoma si el azar permite tal bendición, o fabricarla sin el auxilio del ADN. Esto implica que una relación familiar exige libertad de elección, responsabilidad, compromiso, dedicación; es decir: amor. Y en estos casos, no hay herencia de amor.
Este conjunto de actitudes no son monopolio de padres naturales sino de aquellos que han decidido dedicar una parte de sus vidas a otros. Tampoco es exclusivo de una pareja inicial de personas de diferente sexo porque una familia va más allá de la relación de género. Nada hay de natural en una familia. No somos animales, somos seres humanos con base animal y mente cultural.
La homosexualidad no es cultural, es natural. Basta ver a los animales. Pero la homosexualidad humana sí tiene un agregado cultural, toda la historia de la humanidad es una prueba de esta diversidad de aficiones sexuales. La cultura clásica, que es una de las columnas vertebrales de la historia de Occidente, se basaba en los placeres y no en el género. Griegos y romanos eran guerreros y buenos amantes marciales. Siglos de cristianismo conventual es testimonio de los amores entre frailes mucho antes de los actuales escándalos de pedofilia monacal.
Más allá de lo que se vote en el Congreso sobre el casamiento homosexual o la unión civil, o ninguna de las dos, los argumentos que esgrimen los que están en contra del casamiento entre personas del mismo sexo son fruto de la ignorancia más supina. Hablan de Dios o de la naturaleza como si fueran productos de góndola. “Dios dice”, “ la naturaleza es”, estas verdades fraguadas por esta especie de profetas supersticiosos abundan por suerte algo menos que antes. La naturaleza humana no “es” ni Dios “nos dice” nada. Si quieren que el litigio conyugal sobre géneros sea un problema de fe, allá ellos, cada uno puede practicar los sortilegios que más le gusta en su casa o en una asociación con o sin fines de lucro, pero el Estado está separado de las iglesias y los derechos son humanos y no divinos.
Escuchar en programas de televisión que hay quienes están preocupados por la posibilidad de que a la salida del colegio, el hijo le pregunte a “daddy” por qué Gustavito tiene dos papás, o que se espanten ante el hecho de que en la casa de un matrimonio gay Pedrito le diga al señor Raúl “mamá”, nos da claros indicios del nivel cultural de los que llevan esta cruzada en nombre de Dios y del cosmos.
El filósofo Michel Foucault, que era homosexual, ante una pregunta sobre su aparente indiferencia ante los movimientos de liberación gay, dijo que, en realidad, la legalización de matrimonio de personas del mismo sexo nada cambiaba en lo esencial. No negaba que mejorara la situación legal de muchas personas, pero no ponía en tela de juicio una de las verdades de nuestra cultura por la que se devela la identidad de una persona por su elección sexual.
El día, decía, en que una persona ya no sea apreciada o despreciada por la elección de su vida sexual, cuando se cuestione esa supuesta evidencia que cataloga a la gente por el uso que hace de sus placeres, y que nos sea indiferente para valorar al prójimo saber con quién se acuesta y con quién comparte su deseo sexual, entonces sí, algo habrá cambiado en la percepción social.
El filósofo francés dedicó varios libros y estudios para mostrar que en un momento dado en Occidente se desarrolló una “ciencia sexualis” que tomó a su cargo la misión de auscultar las profundidades de la persona humana estudiando su sexualidad, desde Juan Casiano a Sigmund Freud. “Dime con quién copulas y te diré quién eres.” Este mandamiento todavía está sellado en la conciencia moral de nuestros contemporáneos, y resiste al cambio acudiendo ya no a argumentos sino a una especie de advertencias catastróficas que parecen poner en peligro a la vida en general.
Nos alertan que si el matrimonio gay se legaliza corre peligro la continuación de la especie, como si todos los varones y mujeres estuviéramos esperando la sanción de las leyes para acoplarnos a un semejante sexual.

Ce jour-là, Chan n'avait pas rendez-vous pour une consultation Mais il n'a pas hésité à venir, après sa journée de travail, à l'hôpital de l'Amitié khméro-soviétique quand Sopha, éducatrice thérapeutique à MSF pour le programme sida, lui a demandé d'apporter son témoignage. Car Chan a marqué l'histoire de la prise en charge du VIH/sida à Phnom Penh. Il est le premier patient que MSF a mis sous traitement antirétroviral à l'hôpital de l'Amitié khméro-soviétique qui s'appelait alors hôpital Norodom Sihanouk. C'était en juin 2001, MSF innovait au Cambodge en introduisant les antirétroviraux qui n'étaient pas encore disponibles dans le système de santé publique.
Depuis le temps, Chan connaît bien l'hôpital de l'Amitié khméro-soviétique. Il vient régulièrement en consultation au service des Maladies infectieuses. A plusieurs reprises, il y a été soigné par les équipes MSF. Mais il se souvient surtout de la première fois où il a été hospitalisé. « Je ne pouvais pas respirer normalement, j'ai été sous oxygène pendant un mois et demi. Et il y avait beaucoup de décès parmi les patients VIH, parfois trois à quatre dans la nuit. » Chan, lui, est toujours là. « Ma santé est fragile. J'ai un rhume quand le temps change et je suis allergique à la poussière, explique-t-il, avec de grands mouvements de bras. Mais je me soigne bien quand j'ai une maladie. »
A 41 ans, ce fonctionnaire de police a appris à lutter contre la maladie et il a compris qu'il y avait deux catégories de patients VIH. « Quand ça va mieux, dit-il, certains tiennent à conserver leur bonne santé, tandis que d'autres se mettent à négliger leur santé. » De toute évidence, Chan fait partie de la première catégorie. Il prend toujours son traitement à l'heure dite. Avant il se servait d'un réveil, maintenant que la technologie est passée par là, il utilise son téléphone portable. Et à sept heures tous les matins, il fait un tour près de sa maison et prend ses médicaments.
Ses journées sont ensuite bien remplies. Pour faire vivre sa famille et financer les études à l'université de son jeune frère, il a deux emplois : à la police et dans le service financier d'une entreprise privée. « Mais, précise-t-il, je ne travaille dans la société privée que quand mon état de santé est normal. Ma séropositivité est un secret, s'ils le savaient, je perdrais mon travail, c'est sûr. »
En revanche ses collègues de la police sont au courant, de même que ses amis proches et ses voisins. Quand il est gravement malade, il doit s'absenter pour aller à l'hôpital. Alors sa famille ou ses voisins s'occupent de lui. Mais Chan n'est pas en reste, il aide d'autres malades. « J'ai amené à l'hôpital un patient qui refusait de venir se faire soigner. Il avait honte. Jusqu'à aujourd'hui, il est en vie et il travaille. »
Il n'en reste pas moins difficile parfois d'accepter la maladie et les renoncements que cela implique. Il y a quinze ans de cela, Chan voulait se marier et avait fait une analyse de sang pour vérifier que tout allait bien. C'est alors qu'il avait découvert sa séropositivité. Depuis il n'est plus question pour lui de fonder une famille.
Tengo un blog que cada vez mas me cuesta actualizar, que seguramente ya casi nadie ya lee. No tengo Twitter y mi cuenta de facebook me da mucha pereza ver quien tiene mas animalitos en su granja o que le dijo la galleta de la suerte a un fulano que ni siquiera se si conozco. Escribir un email me cuesta horrores. Sera que soy feliz?
Esta semana lo vimos por segunda vez, moviéndose, jugando, entonces miras dos veces y te das cuenta que ya nada importa, que todo pasa a otro plano y lo único que te importa es que el medico camboyano te diga por decimoquinta vez en una mezcla de francés, ingles y khmer que todo esta bien en esa pantalla de ecografo barato.
Volvemos a casa en un par de largas semanas.

ahi, en esa playita esta enterrado esperando ser encontrado y leido!