2.12.06

Reinventar el mundo

Tratar de vivir autenticamente es elegir con libertad.

Elegí ser médico a pesar de la mala propanga con que intentaron disuadirme previo al ingreso a la universidad, argumentos miles, pero siempre tengo cierta dicótomia o dualidad cuando escucho ese tipo de comentarios, por un lado siento que en cierta forma es una especie de pose, de postura superficial o simplemente de personas que no supieron elegir su profesión o que no la disfrutan en todo su esplendor pero por el otro lado cuando pienso lo que te pagan una guardia,
la responsabilidad que tenés, la creencia popular de que un médico tiene que saber todo, poder explicar la causa de todo, dar soluciones instantáneas (médicos muchachos, no magos) y en los quilombos en los que te podés meter a veces también caigo en ese lugar común de tratar de aconsejar una profesión distinta o más lucrativa.

Ya que estamos hablando de malas decisiones, elegí ser médico clínico, ese tipo de médico que nunca para el día del médico un laboratorio le mandará un regalo, que muy rara vez un paciente le regalará una botella de wiskhy (privilegio solo para las especialidades quirurgicas) y que siempre tratará enfermedades que las demás especialidades consideran aburridas, no lucrativas y tediosas. No será que será de mi vida y sobretodo de mi profesión, lo que es seguro que después de esta experiencia creo que voy a tener la autoridad moral suficiente como para decidir si la medicina es lo que quiero hacer para el resto de mi vida.

Lo único que puedo decir acerca de mi profesión, sin tratar de caer en convencionalismos baratos y escribir acerca de los permanentes cambios en la relación medico-paciente, el costo de la salud y otras tonterias, es que trato de utilizar este medio, este conocimiento como hecho creador, de invención, de reinvención del mundo.

Inventar un mundo, crear una realidad, en este caso a través de mis actos como médico, es un deseo, una esperanza.
Sigo creyendo, con Rimbaud, que hay que cambiar la vida.