13.9.07

¿Por quién doblan las campanas?

Hoy pude leer en todos lados que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) reportó que el número de niños que mueren antes de los cinco años de edad cayó por debajo de los 10 millones al año por primera vez en la historia moderna. Cifras resultantes del análisis de datos nacionales por parte de UNICEF y agencias auxiliares indican que la mortalidad infantil mundial en la categoría de edad señalada descendió a 9.7 millones al año, frente a los casi 13 millones en 1990, en lo que el organismo calificó de “un importante hito” (sic).El análisis revela que todas las regiones hicieron progresos. Las reducciones más notorias entre 1990 y 2006 se dieron en Latinoamérica y el Caribe, Europa central y oriental y los países de la Comunidad de Estados Independientes, así como Asia oriental y el Pacífico. En el pasado, la mayoría de las muertes infantiles ocurría en Asia. En la actualidad, alrededor de 50 por ciento ocurre en el Africa subsahariana. Si la tendencia actual continúa, en 2015 el Africa subsahariana representará casi 60 por ciento de las muertes por debajo de cinco años de edad, indicó el reporte. Las tasas más elevadas de mortalidad infantil se encuentran en países del África occidental y central (Liberia 157 muertos por cada mil nacidos vivos), y en el sur del continente, donde los progresos duramente logrados en sobrevivencia infantil se han visto socavados por la diseminación del HIV-SIDA. UNICEF indicó que la disminución de la tasa global dará ímpetu al objetivo de lograr una reducción de dos tercios en las muertes por debajo de cinco años de edad para 2015, fijado por líderes mundiales en 2000 como parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Ese logro evitaría 5.4 millones de muertes infantiles adicionales al año, puntualiza el informe.
La directora ejecutiva de UNICEF, Ann Veneman, calificó de “históricas” ¿históricas?, las nuevas cifras, pero también enfatizó que aún hay mucho trabajo por hacer.
“La pérdida de 9.7 millones de vidas jóvenes cada año es inaceptable. La mayoría de estas muertes son evitables y, como demuestra el reciente progreso, las soluciones se conocen y están demostradas”, señaló la directora.
Gran parte del progreso, señala UNICEF, es resultado de la adopción generalizada de acciones en salud básica como amamantamiento temprano, vacunación contra el sarampión, suplementos con vitamina A para reforzar el sistema inmune de los niños y el uso de mosquiteros con insecticida para evitar la malaria. El tratamiento apropiado de la neumonía, las enfermedades diarreicas y la malnutrición grave, la atención al VIH-SIDA pediátrico, la promoción de la higiene y el acceso a agua potable segura y servicios sanitarios son también importantes para la sobrevivencia infantil.
Seguro: esta foto llevando un cuerpito a la morgue del hospital no puede resultarle cómoda a nadie. En nuestro hospital se mueren, ¿quieren saberlo? Un promedio de sesenta chicos por mes, eso sí, ninguno se mueren de tumores cerebrales complejos, enfermedades metabólicas congénitas o malformaciones cardiacas, se mueren por malarias, diarreas y neumonías. La actitud ante la foto es optativa. Y también opinable el enfoque ante ese cuerpito que recién se asoma(ba) a la vida. Está en cada lector pensar en ellos o seguir camino hacia las historietas del costado de esta página. La vida del mundo (o del propio país) suele presentarnos novedades así. Existen millones de seres hundidos en calvarios que duran una vida (muy cortita, menos de cinco años). Muy lejos nuestro. Y también muy cerca. Estos muertos pertenecen primero a la especie, luego al continente y después a la etnia o país que sea. Su historia personal y mínima es a la vez colectiva y máxima. No de fácil resolución a pesar de toda la buena onda que como individuos les pongamos. Pero sí de ayuda concreta (y factible) si se la encara desde grupos de ciudadanos unidos para este preciso fin.
¿Somos responsables de la biografía y peripecia que se esconden detrás de esta foto? Esta respuesta es de índole estrictamente privada. Que cada cual se la ponga o se la saque. John Donne decía que no había que preguntar por qué doblan las campanas cuando lo hacen con la pausa del duelo. “La muerte de cada ser te pertenece. Están doblando por ti” aclaraba en su glorioso verso final.